En Oporto: con un diseño interior impecable, esta tradicional casa portuguesa se convirtió en hotel boutique

Azulejos en la fachada, balcones de hierro, pocos metros de frente y varios de altura. Por fuera, una típica casa portuguesa del siglo XIX. Por dentro, Casa Cedo, un hotel boutique que intenta honrar aquella impresión que transmite el exterior: la de hogar. Cercano, íntimo, con materiales de calidad, piezas de arte y un salón repleto de libros. “Porque no existe una casa sin libros”, anticipa la interiorista española Daniela Franceschini, fundadora de Quiet Studios, la firma que estuvo detrás de todas las terminaciones y detalles de este proyecto, comandado en la arquitectura por Joana Leandro Vasconcelos, de Atelier in.vitro.
Entrar con flores
Tampoco existe una casa icónica en Oporto que no tenga piso de madera, techos altos, molduras, jardín al fondo y una escalera teñida por la luz de una claraboya. Por eso, la premisa de Massimiliano Salé y Jeremiah Healy, dueños de Casa Cedo, fue respetar el carácter de lo existente también puertas adentro. Pero con una salvedad: integrar la tienda de la planta baja, que antes funcionaba de manera independiente hacia la emblemática y comercial Rua de Cedofeita, y transformarla en acceso principal y florería, desdibujando la típica recepción hotelera. Una vez más, para reemplazar las formas del hospedaje por las de la vida cotidiana.
“Entrar por una tienda de flores (y perfumes) nos marcó una pauta muy fuerte tanto experiencial como estética, así que tomamos el concepto de lo botánico como eje transversal de todo el recorrido hacia el interior”, nos explica la interiorista Daniela Franceschini, fundadora de Quiet Studios. “Las formas orgánicas y florales se trasladan a los candelabros, las cerámicas, la señalética e incluso a la identificación de los ocho cuartos, que llevan nombres de plantas”.
Obra en colaboración
“Convocamos a distintos artistas de Portugal para incorporar sus objetos, muebles y pinturas. Eso es, para mí, la sostenibilidad: lograr que la gente de alrededor forme parte del proceso creativo y ayude a construir la historia del lugar”, reflexiona Franceschini, antes de pasar a los espacios comunes que se sienten como un fabuloso living residencial.
La biblioteca es un elemento que convoca a sentarse a su alrededor y pasar un buen rato de contemplación en el living. Su diseño volverá a la mente cuando veamos el juego de cubos de madera que bordea los respaldos de cama.
Las cómodas, los muebles auxiliares y la infinidad de objetos decorativos ayudan a bajar la escala y generar cercanía.
Usos múltiples
“En el comedor (antigua dependencia y taller) también se celebran eventos. La propuesta se despega de la típica caja blanca y versátil para generar un espacio cercano, con placares de madera y vidrio que permiten la entrega directa de platos, como en una casa”, detalla la directora de Quiet Studios.
“Diseñamos sillas con una curva perfecta como contrapunto a la textura e irregularidad de los troncos del techo y la madera de la mesa alargada”.
“Los fragmentos de las paredes exteriores dejan entrever la estructura original de la casa. En lugar de ocultarlos con los nuevos tabiques, optamos por dejar que se asomen y que las diferentes capas del edificio coexistan, para que la propia transformación forme parte de la experiencia espacial. El proyecto no congela el pasado: destaca su esencia pero propone una evolución”, agrega la arquitecta portuguesa Joana Leandro Vasconcelos, de Atelier in.vitro.
La intimidad del descanso
“No queríamos hacer otro proyecto beige. Sumar color a los cuartos es sumar emoción. También es un recurso fantástico para resaltar las molduras del techo, reconstruidas sobre su diseño original”.
“Confirmás que lo hiciste bien a nivel identidad cuando es posible reconocer el hotel con solo ver una foto del respaldo y la mesa de luz. Esa composición fue, para nosotros, crucial. Es un balance entre las líneas rectas de la madera y los dibujos orgánicos de la lámpara; una suerte de contrapunto entre los movimientos Art Déco y Arts and Crafts”.
La lectura material y sensorial se unifica desde la florería hasta los cuartos (y los baños): mismo tono de madera, mismos tiradores, mismo perfume en todos los ambientes.
Las referencias botánicas también se cuelan en algunos objetos decorativos de los baños, así como en la literalidad de las flores frescas.
“Los cuartos de los pisos superiores tienen un concepto más de buhardilla, en el que optamos por paredes blancas para que se fundieran con la estructura del techo”.
Un oasis en la ciudad
Encontrar un jardín frondoso en el fondo del terreno fue una imagen que eclipsó a Massimiliano Salé y Jeremiah Healy, los propietarios, devotos de la botánica. Y por eso decidieron convocar al paisajista mallorquín Toni Sastre para poner en valor ese santuario. Es que nadie lo cuidaría mejor que un fanático como él, que colecciona y cultiva especies de plantas desde que tiene 8 años.
Quise generar un pequeño bosque denso y biodiverso, capaz de atraer pájaros y mariposas; un pulmón de vida en medio de un barrio comercial.”
— Toni Sastre, paisajista a cargo del proyecto.
El jardín central y el del fondo se conectan por un pasillo que bordea el comedor. En ambos hay laureles, helechos silvestres y madroños. También geranio de Madeira, una planta portuguesa que está en extinción y que Sastre trasplantó desde su jardín de Mallorca.
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