Resignificar el dolor: Julieta Cayetina, su abuela y la búsqueda incansable por hallar el número que las una para siempre

¿Cuál era el número que Esther Cajg tenía tatuado en el brazo? Su nieta lo había visto muchísimas veces, sobre todo en aquellos veranos en que iban juntas de vacaciones al Hotel Argentino de Piriápolis. Iban con las amigas, también sobrevivientes, pero ante todo mujeres coquetas. Siempre de punta en blanco, vestidas con la mayor elegancia, con capelina y lentes de sol para ir a la playa y prolijamente maquilladas y peinadas para la hora de la cena. Todas ellas llevaban la marca y Julieta no preguntaba. Intuía que no debía. Tal vez no se sentía autorizada a arruinar la diversión de unas vacaciones llenas de risas, juegos y el privilegio de ser una niña rodeada del amor de la abuela.
Esther, a quien llamaban “Eye”, se cubría el brazo y casi nunca hablaba de la guerra. El número condensaba una historia de persecución, deportación y supervivencia. Sin palabras. Sin abalorios. Cuando Eye murió en 2006, Julieta se propuso averiguar cuál era ese número. Quería tatuárselo.
Julieta Cayetina tiene 44 años, es actriz, autora y directora de teatro, y vive en la Ciudad de Buenos Aires con su pareja y sus dos hijos. Su abuela, Esther Cajg, nació en Polonia, en una familia judía. Entre 1942 y 1945 pasó por siete campos de concentración, entre ellos Auschwitz, y llegó a la Argentina al terminar la guerra. El abuelo de Julieta, Szul Cajg, figura en la lista de Schindler y su nombre consta en un documento mecanografiado. “Fijate, en la tercera fila. Número 6, de la lista de Schindler.”, señala.
Para encontrar el número, Julieta revisó el video del testimonio que Eye había dado en 1996 para el archivo de sobrevivientes del Holocausto impulsado por Steven Spielberg. Allí no aparecía. También se comunicó con la periodista que había entrevistado a su abuela para preguntarle si conservaba el dato en sus archivos y consultó en museos y bibliotecas del Holocausto de Argentina, Alemania, Israel y Polonia. Ninguna de esas búsquedas le permitió encontrarlo.
¿Qué lugar ocupa la historia de los abuelos en la vida de sus nietos?
Julieta Cayetina cuenta cómo una pregunta sobre Eye se convirtió en una búsqueda personal, pero también, colectiva. Como Cayetina, hay más de un millón y medio de nietos de sobrevivientes en el mundo. Aunque no se conoce el número exacto de la tercera generación de sobrevivientes del nazismo, varios estudios destacan el trauma generacional que sobrellevan hijos y nietos de sobrevivientes que no quisieron hablar de los horrores que habían enfrentado.
Trauma generacional
- ¿De dónde era Eye?
- Nació en Polonia, en un pueblo, y fue a un colegio del Estado. En 1942 llegaron los nazis al pueblo. Durante seis meses se escondió en un bosque con una de sus hermanas. De noche se metían en casas de polacos y alguno les daba un pan y les decía que se fueran. Un día un polaco las denunció. Desde 1942 hasta 1945 pasó por siete campos de concentración, uno de ellos Auschwitz.
- ¿Cómo sabés lo que pasó en los campos si ella no hablaba de la guerra?
- Por el testimonio de 1996. Spielberg decidió grabar a cientos de sobrevivientes para dejar un registro en primera persona. Esos videos duran en general unas tres horas: cada sobreviviente cuenta desde que nació, cómo invadieron su pueblo, por qué campos pasó, cómo fue la liberación y cómo trató de rehacer su vida. En varios, al final, los que armaron una familia mandan un saludo. Con mi abuela lo hicimos. En el video ella dice: “Yo quería vivir”. Su hermana decía que se quería morir, y ella le contestaba que iba a vivir.
- ¿Qué contó sobre los campos?
- Pasaban meses sin comer. En Auschwitz se arregló con una capo, una prisionera puesta al mando de otras, para limpiar de madrugada, sin que nadie la viera, los pozos de las 300 mujeres de su barraca. A cambio le daba un pan más.
- ¿Cómo fue su vida en la Argentina?
- Llegó después de la guerra y empezó de cero. Trabajaba todo el día, sin cumpleaños ni festejos. Armó una familia grande. A mi abuelo lo salvó Schindler: figura en la lista, en un papel mecanografiado. Cuando quedó viuda de mi abuelo se casó con alguien que tenía mucha plata, y volvió a enviudar. Mi abuela daba amor a través de la comida y de la plata. Cada vez que la ibas a visitar te daba plata. Una vez fui con un par de amigos y a ellos también les dio. Yo me sentía cuidada, acompañada, en casa.
-¿Cómo eran las vacaciones con tu abuela?
- Nos íbamos todos los años al Hotel Argentino de Piriápolis. Yo tenía diez, once, trece años y viajaba con mi abuela y cuatro o cinco amigas de ella, sobrevivientes de Auschwitz. Podía ir de vacaciones con amigas, pero elegía ir ahí. Me gustaba escucharlas. A veces no las entendía porque hablaban en otro idioma. Todo el mundo me decía que estaba loca. Ahí tuve mis historias de amor. Siempre me interesó la tercera edad: sus historias, sus códigos, su manera de vivir, sus rituales, sus salidas, sus conversaciones. Sentía que vivía otras vidas a través de ellas.
La posta de los descendientes
- ¿Era una abuela que contaba historias de su pasado o más apegada al presente, los mimos y esas cosas?
- En mi familia sabíamos que teníamos una abuela sobreviviente que había pasado por siete campos de concentración. Sabíamos la historia como un cuentito, pero ella era una mujer muy alegre. Cuando murió, en 2006, entendí lo que había vivido. La cuidé mucho cuando se enfermó y después me fui a vivir a su departamento, con sus cosas.
- ¿Cuándo apareció la idea de tatuarte el número?
- Un día dije: me quiero tatuar el número que le pusieron a ella en Auschwitz en el brazo. No sabía si lo iba a hacer o no. Llamé a mi papá y le pregunté cómo era el número. Me dijo que no se acordaba. Mis hermanos tampoco. Mi abuela solía taparse el brazo y casi no hablaba de la guerra.
- ¿Dónde buscaste el número?
- Primero en el video de su entrevista. No lo encontré. Conseguí el teléfono de la periodista que le había hecho la nota a mi abuela y le pregunté si tenía el número en sus archivos. Hablé con museos del Holocausto de Argentina, Alemania, Israel y Polonia. No estaba. Se había vuelto una obsesión encontrarlo. Ya no sé si me lo quería tatuar. En Auschwitz el número era parte central de la deshumanización, y hay investigaciones y documentales sobre eso. Para mí era simbólico no poder encontrarlo.
- ¿Cómo se relaciona Dennis Smith con este proyecto?
- Fui a ver una obra suya sobre Sally Bowles, la de Cabaret. Me gustó el texto y la puesta, y le mandé un mensaje por Twitter. Después lo llamé y le dije: tengo una historia y quiero hacerla con vos. Nos juntamos y le conté tres líneas: la adolescencia en Piriápolis con mi abuela y los amores, la historia en primera persona del documental de Spielberg y la búsqueda del número. De ahí salió la obra. Trabajamos más de dos años en cartel. La obra estuvo llena, ganó premios y después vino la pandemia.
-¿Qué diferencia hay entre la obra y el libro?
La obra duraba 50 minutos. El libro es una novela: profundiza temas y tiene una trama, con personajes a los que les pasan cosas y que siguen investigaciones. Para mí era importante que fuera entretenido. Cambiamos los nombres de los personajes, el mío incluido, que en el libro se llama Mariana. Algunas cosas están basadas en la realidad y otras son inventadas. El viaje que hace Mariana -nombré a la protagonista con mi segundo nombre- en los días posteriores a la muerte de la abuela es ficción. Dividimos los capítulos, y después cada uno corregía los del otro. En la obra teatral el papel de mi abuela lo representa Laura Oliva.
- ¿Encontraste el número?
- Eso no se cuenta. Hay que ver la obra de teatro y leer el libro.
- ¿Recomendarías a otros nietos hacer un trabajo parecido?
- Sí, totalmente. No tienen que ser historias extraordinarias. Cada historia tiene su valor. Hay que cuidar la memoria familiar para que no se pierda. Conocí a muchos nietos de sobrevivientes que sintieron la necesidad de hacer algo con la historia de sus abuelos. Hace poco conocí por redes sociales a una chica que hacía anillos o pulseras con el número que le habían tatuado a su abuelo o a su abuela en Auschwitz. A mí me toca contar la historia de mi abuela, y a través de ella trato de que se sigan estudiando, investigando y recordando las historias de los sobrevivientes y de todos los asesinados en la Segunda Guerra Mundial, judíos o no.
Cuándo y dónde: Eye y yo, el libro, se publicó en 2026 por Editorial Planeta. La presentación al público será el lunes 19 de octubre, a las 18, en Dain Usina Cultural (Nicaragua 4899, Ciudad de Buenos Aires). La entrada es libre y gratuita hasta colmar la sala.
La obra teatral no está en plataformas audiovisuales como Teatrix o Youtube. se presenta cuando sus autores deciden hacerlo. La próxima función será en marzo de 2027.
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