Confirman en Chile el primer caso de una rana invasora que devora huevos de un sapo nativo

Una rana africana invasora devoró huevos del sapo atacameño, en un cuerpo de agua somero de Socos, en la Región de Coquimbo, Chile. Los investigadores de la Universidad de Concepción observaron a una hembra de Xenopus laevis junto a una puesta recién depositada y confirmaron el consumo tras capturarla y examinar su contenido estomacal.
El análisis halló 172 huevos de Rhinella atacamensis dentro del animal, otros 67 que expulsó durante su captura y 3 que permanecían en su boca. El hecho, que se registró en agosto de 2025, pero se dio a conocer recientemente, constituye el primer registro publicado de depredación de esta especie introducida sobre huevos de un anfibio nativo chileno.
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El hallazgo, publicado en la revista Gayana y divulgado por Mongabay, fue realizado por Iván Mancilla Millán, Constanza Mazzey Andrade y Claudio Correa, integrantes del Laboratorio de Sistemática y Conservación de Herpetozoos de la universidad.

Mancilla Millán, biólogo y estudiante del magíster en Ciencias con Mención en Zoología de la universidad, relató que el equipo advirtió una conducta inesperada durante el monitoreo de la temporada reproductiva. Los anfibios suelen responder al movimiento de sus presas, por lo que el consumo de huevos inmóviles sorprendió a los especialistas.
“Que esté haciendo algo inusual como comer puestas de huevos estáticas era algo que no debería estar pasando”, recordó el biólogo. Al levantar a la rana, los investigadores observaron que expulsaba huevos por la boca, una señal que luego respaldaron al examinarla.
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El sapo atacameño es una especie endémica de Chile; puede vivir en ambientes semidesérticos del norte del país y figura entre los pocos anfibios presentes en esa zona. Sus huevos, a diferencia de los renacuajos, no pueden alejarse de un depredador.
“Un renacuajo puede huir. Un huevo va a estar estático y solamente va a estar siendo influenciado por la corriente o por sus depredadores”, explicó el biólogo. Si una puesta se pierde antes de eclosionar, habrá menos individuos en la siguiente generación.

La presencia de Xenopus laevis en Chile se remonta a la década de 1970. La especie fue utilizada principalmente como organismo modelo para investigación científica y, en menor medida, como mascota; después fue registrada en ambientes naturales próximos a Santiago.
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Actualmente, la rana africana se distribuye desde el río Copiapó hasta el río Mataquito, con densidades altas en las regiones de O’Higgins, Metropolitana y Valparaíso. En Socos había registros de su presencia desde 2005, aunque hasta 2025 no se conocía un efecto directo sobre el sapo atacameño.
La especie invasora puede sobrevivir a períodos de sequía al enterrarse cuando se secan los cuerpos de agua. También se desplaza por tierra, se reproduce en condiciones difíciles para otros anfibios y tolera aguas turbias o de baja calidad. Estas capacidades favorecen su establecimiento en distintos ecosistemas acuáticos.
“Que una rana invasora comience a depredar la parte más vulnerable del ciclo de vida de un anfibio no es algo menor”, señaló el investigador. Antes de este registro, la preocupación se centraba en la competencia por alimento y hábitat, la interferencia ecológica y la posible transmisión de patógenos.
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La revista científica Gayana documentó en 2020 que una Xenopus laevis ingirió una larva de rana chilena, Calyptocephalella gayi. Para Claudio Correa, doctor en ecología y biología evolutiva, esa observación y el nuevo hallazgo indican que la especie puede atacar fases tempranas del desarrollo de anfibios nativos.
“Si está depredando sobre las etapas tempranas de reproducción de un anfibio nativo, es obvio que va a tener un efecto sobre el reclutamiento”, afirmó Correa. El reclutamiento es el proceso por el cual los individuos jóvenes sobreviven y se incorporan a la población adulta.
Sin embargo, los especialistas advierten que un ejemplar con 172 huevos en el estómago no permite calcular cuántas puestas son consumidas durante una temporada ni establecer si la invasora ya está causando un descenso poblacional. Para responder esas preguntas se necesitan monitoreos estandarizados y más análisis estomacales.
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El sapo endémico enfrenta una sequía prolongada y transformaciones de su entorno vinculadas a proyectos inmobiliarios y extracción de agua. La combinación de esas presiones con la depredación detectada eleva la necesidad de seguimiento en sus zonas reproductivas.
La erradicación de la rana africana resulta compleja una vez que logra establecerse. Correa recordó que, pese al retiro de miles de ejemplares del Jardín Botánico Nacional de Viña del Mar, continuaron apareciendo nuevos individuos por su capacidad de dispersión y reproducción.
“Las fronteras políticas no son fronteras ecológicas”, concluyó Mancilla Millán. El investigador planteó que la prevención de nuevas introducciones y la colaboración entre países pueden ser más eficaces que intentar eliminar poblaciones ya instaladas.
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