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Saturday, September 26, 2026

Los Breaking Bad chilenos: cuando profesionales de la química se vincularon al mundo delictual

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En una de las escenas angulares de la popular serie Breaking Bad, Walter White, un profesor de química caído en desgracia, ofrece a uno de sus más rebeldes alumnos, Jesse Pinkman, adentrarse en la venta de drogas. “Tú conoces el negocio y yo sé de química”, le dice, hastiado de su carrera e interesado en amasar sumas de dinero que nunca llegaría a tener de otra manera.

Pese a ser una escena ficticia, bien pudo ser el inicio de un reciente caso de la Fiscalía Metropolitana Occidente y la Brigada Investigadora de Sustancias Químicas Controladas (Brisuq) de la Policía de Investigaciones en la Región de Valparaíso.

Luego de que a fines de 2024 Aduanas diera la alerta a la PDI por la importación de frascos que son utilizados para la comercialización de popper desde China, la Fiscalía Metropolitana Occidente inició un sigiloso seguimiento al ingeniero bioquímico Juan Pablo Morgado Araya (36) y su ayudante Claudio Andrés Ambiado Alarcón (35), de quienes había indicios de que se estaban dedicando a “cocinar” este tipo de droga sintética.

Utilizando técnicas investigativas como las interceptaciones telefónicas y los seguimientos, los investigadores descubrieron que Morgado y Ambiado habían arrendado una parcela en Quintero y montado un elaborado laboratorio para confeccionar un tipo de droga que requiere obligatoriamente de conocimientos en química. Después de todo, dicen fuentes del caso, se deben mezclar varios elementos para dar con la medida exacta de una droga que es recurrente en fiestas electrónicas y en la comunidad LGTBIQ+. De hecho, Morgado era frecuente de ese mundo, donde sabía que su creación se vendería fácil.

El plan de trabajo era simple: se encerraban en el laboratorio por varios días hasta confeccionar grandes volúmenes de droga, venderlos dentro de fiestas LGTBIQ+ y finalmente capitalizar las ganancias. O, dicho de otro modo, hacer desaparecer el dinero en lo que para la fiscalía se configuraría el delito de lavado de activos.

En el año y medio que siguieron a Morgado, la policía se percató que buena parte del dinero que ganó lo gastó en viajes. Era asiduo a visitar países como España, Alemania, Países Bajos y Brasil, donde pasaba varios meses.

Cuando la Policía de Investigaciones llegó hasta la parcela donde estaba ubicado el laboratorio, se encontró con un particular escenario. La estructura modular, similar a una casa prefabricada, tenía tres habitaciones: un laboratorio, una bodega y una oficina. En el allanamiento encontraron más de 600 frascos, que en el mercado vendían entre $10 mil y $20 mil. El comisario de la Brisuq Gonzalo Santander señaló que el sujeto había creado una empresa relacionada al rubro de la química y así comprar los insumos para crear la droga.

“Tenía movimientos grandes de dinero. Uno de los compradores le transfirió en menos de un año cerca de $50 millones. Él (Morgado) en su vida privada se daba muchos lujos”, dice Santander. El fiscal de la zona Occidente Daniel Contreras complementa sobre esto: “Tenía una vida bastante acomodada y no ejercía nada de lo que estudió”.

Pero no solo mantenían popper en su poder. También se les encontraron cannabis, hongos, MDMA, ketamina, LSD, metanfetamina y clorhidrato de cocaína, entre otras drogas.

Ambiado y Morgado, quien dentro de su patrimonio tenía un lujoso departamento en Concón y un auto Lexus, fueron formalizados y se encuentran en prisión preventiva. También fue detenido uno de sus mayores compradores.

Otros casos

El caso Morgado no es un único en nuestro país. De hecho, quienes conocen de investigaciones de drogas explican que en el último tiempo se están abriendo varias investigaciones relacionadas a drogas químicas, como el mismo popper o la metanfetamina. Las mismas fuentes dicen que siempre detrás de estas elaboraciones debiera haber un químico o, cuando menos, alguien que tiene este tipo de conocimientos.

Santander, quien también es bioquímico, dice que llama la atención que personas con estudios y preparadas se involucren en estos delitos. “No es el primer caso (el de Morgado), ya hemos visto gente con conocimientos de química para producir droga y generar ganancias más rápidas que ejerciendo sus carreras”, dice.

En 2019, por ejemplo, la PDI detectó en Calama a un analista químico de 30 años que montó un laboratorio similar al de Quintero para elaborar LSD, éxtasis y MDT. En 2024 hubo otro caso que llamó la atención de la Brisuq. Byron Calderón, biotecnólogo de la U. Andrés Bello, con excelencia académica en toda la carrera, estudios en Química y quien estaba cursando un doctorado de Química en la U. de Chile, fue descubierto realizando un proceso de sintetización de dedimetiltriptamina, droga psicodélica y alucinógena. Utilizaba sus conocimientos para extraer el elemento vegetal de la droga, la mimosa hostilis.

Pero los casos de ventas de droga no sólo se quedan en químicos, sino que se expanden a profesionales que tienen acceso -y conocimiento- a sustancias bien cotizadas en el mercado ilícito. Fue el caso de Carlos Arancibia Barrenechea, médico veterinario de la U. de Chile que distribuía distintos psicotrópicos y drogas como fentanilo y ketamina. Mantenía una consulta en La Reina y vendía las sustancias por una página web o WhatsApp, lo que alcanzó a hacer por casi un año.

El comisario de la Brigada Investigadora de Delitos Contra la Salud Pública y Medio Ambiente de la PDI, Edgardo Rodríguez, señala que Arancibia “tenía trayectoria como médico veterinario, tenía clínicas en diferentes comunas y terminó teniendo una en su domicilio, que fue donde hicimos el procedimiento”.

Para todos los casos, dicen los investigadores, estos profesionales utilizaron sus estudios superiores. “Son conocimientos que pueden utilizarse. Y por supuesto que, si saben hacer droga, aparece como una tentación latente”, afirma el fiscal Contreras.

El persecutor cierra con que la motivación que habría detrás de estos profesionales está en ganar grandes cantidades de dinero en poco tiempo, incluso con el riesgo de ser descubiertos. “Si no, pregúntale a Walter White”, bromea.

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