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Sunday, September 20, 2026

Dos argentinos que viven en Grecia revelan lo más difícil de emigrar: “Los griegos a veces hablan con un tono rudo, fuerte, cortante y parece que estuvieran de mal humor, pero es la manera que tienen de hablar”

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Emigrar implica mucho más que conseguir trabajo, encontrar una vivienda o aprender un nuevo idioma. Adaptarse a los códigos sociales, entender los gestos y acostumbrarse a hábitos desconocidos puede convertirse en uno de los principales desafíos. Eso experimentaron Lisandro y Horacio, dos argentinos que viven en Atenas.

Aunque llegaron a Grecia en momentos diferentes, porque Horacio desembarcó en 2007, antes de la crisis económica que atravesaría el país, y Lisandro se instaló en 2019, ambos coinciden en algo: para integrarse es necesario comprender que muchas situaciones cotidianas funcionan de una manera diferente a la Argentina.

Uno de los primeros choques apareció en algo tan sencillo como una conversación. Según su experiencia, que le relataron al YouTube Todo Atenas, los griegos pueden expresarse de una manera que inicialmente resulta demasiado directa para un argentino.

Los argentinos Horacio y Lisandro, durante la entrevista. Foto: YouTube

A veces tienen una forma de ser un poco ruda o tosca. Son serios, hablan de una manera muy cortante o con un tono que a veces parece que están de mal humor, pero no”, explicaron.

Y agregaron: “Uno a veces lo toma personal y dice: ‘Uy, me habló mal’. No, no te habló mal. Es la manera que tienen de hablar ellos”.

Los choques culturales que encontraron al llegar a Grecia

Lisandro recordó que esta diferencia llegó a generarle dudas especialmente en el ámbito laboral. Cuando recibía una respuesta que consideraba demasiado seca, consultaba con compañeras griegas para saber si efectivamente existía algún problema.

Esto que me dijo, ¿se interpreta mal o es normal? ¿Así te lo diría a vos también?”, preguntaba. Con el tiempo comprendió que aquello que inicialmente interpretaba como un mal trato era, en muchas ocasiones, una manera habitual de comunicarse.

Las diferencias también aparecen en los gestos. Según contaron, un pequeño movimiento con los labios o simplemente levantar las cejas puede alcanzar para responder que “no” sin necesidad de pronunciar una palabra.

Los griegos hablan de una manera que a los argentinos, al principio, les puede resultar chocante. Foto: Freepik

Algo similar les ocurrió con las despedidas. En Argentina es habitual llegar a una reunión, saludar a los presentes y volver a hacerlo antes de marcharse. En Grecia, según explicaron, una persona puede retirarse sin despedirse individualmente y eso no implica necesariamente una descortesía.

Nosotros en Argentina estamos acostumbrados a que cuando uno llega saluda a todo el mundo y cuando se va saluda a todo el mundo”, compararon.

La explicación también los sorprendió: si varias personas están conversando, algunos prefieren marcharse sin interrumpirlas. “Se van para no molestar a los que están hablando”, señalaron. Otras veces realizan simplemente un saludo general.

Por qué consideran a Grecia “la Argentina de Europa”

El contacto físico fue otro punto de adaptación. Uno de ellos recordó que podía encontrarse tres veces durante un mismo día con su madre en Argentina y saludarla con un beso en cada oportunidad.

En Grecia encontraron una relación diferente con ese tipo de demostraciones. Según explicaron, el beso puede quedar reservado para vínculos más cercanos o determinadas situaciones, aunque también existe el saludo con dos besos.

Pese a esas diferencias iniciales, ambos encontraron numerosos puntos en común. “Grecia es el país más sudamericano de Europa; para mí es la Argentina europea”, definió Lisandro.

Además, aseguran que revelar su nacionalidad suele generar una reacción positiva. “Les cambia la cara cuando les decís que sos argentino. Inmediatamente te tiran ‘Maradona, Messi, fútbol, mate, Bombonera’. Somos muy bien recibidos”, contaron.

Después de años viviendo fuera del país, los dos coinciden en que comparar permanentemente las nuevas costumbres con las argentinas puede dificultar la adaptación. Para ellos, emigrar también significa aprender los códigos del lugar que los recibió y entender que una respuesta seca, una despedida sin besos o un gesto diferente no necesariamente tienen el significado que un argentino les atribuiría.

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