Santa Marta: ‘No + quimio’, el cartel con el que Sergio Puello recibió su diploma de contador después de vencer un cáncer
Trece quimioterapias aplazaron su grado en Unimagdalena. Sus compañeros hicieron una colecta para ayudarlo con el semestre.
Sergio Andrés Puello Jiménez levanta el cartel "No + quimio" durante su ceremonia de grado como Contador Público en la Universidad del Magdalena. Foto: Unimagdalena

PERIODISTAActualizado:
Al escuchar su nombre en la ceremonia de grado de la Universidad del Magdalena, Sergio Andrés Puello Jiménez recibió el diploma de Contador Público y enseguida levantó un cartel con un mensaje corto: "No + quimio".
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Compañeros, familiares, profesores y directivos se pusieron de pie para aplaudirlo. Casi dos meses antes había recibido la última de las 13 quimioterapias con las que enfrentó un linfoma de Hodgkin, la enfermedad que lo obligó a aplazar el grado.
A finales de 2024 Sergio había cerrado las materias de Contaduría Pública. Le quedaban las prácticas profesionales y el trámite del grado, ese último tramo en el que un estudiante ya se siente profesional. Todo iba en orden hasta mediados de 2025, cuando el cuerpo empezó a mandar señales que no se podían ignorar. Perdió mucho peso, apareció la anemia, el cansancio no se le quitaba y le costaba respirar.
Sergio Andrés Puello recibiendo el titulo de Contador Público en la Universidad del Magdalena. Foto:Unimagdalena
Los exámenes médicos terminaron en un diagnóstico que nadie en la casa esperaba: linfoma de Hodgkin, un cáncer del sistema linfático que se origina en los glóbulos blancos.
Lo que vino después fueron meses de hospitalización y un tratamiento de 13 quimioterapias que lo probaron por dentro y por fuera. El grado, previsto para antes, quedó guardado mientras toda su energía se iba en sostenerse.
Mientras los otros se graduaban
La enfermedad no solo golpeó el cuerpo. Sergio veía cómo sus compañeros de cohorte, los mismos con los que había empezado la carrera, recibían sus títulos uno tras otro, y él seguía en tratamiento.
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“Me sentí triste en algún momento; muchos de mis amigos y compañeros que comenzaron en la misma cohorte ya se habían graduado. Yo veía que todos se graduaban y llegó un momento en que la mejoría no se me notaba”, recuerda.
En ese tiempo, sus padres, sus abuelos, los amigos y el grupo de estudio se volvieron el soporte diario. Los muchachos con los que había compartido parciales y trasnochos estuvieron pendientes de cada etapa del tratamiento y celebraban con él los avances pequeños, esos que desde afuera casi no se notan, pero que para un paciente lo significan todo.
La colecta de los compañeros
A la enfermedad se le sumó la plata. La situación económica de la familia se complicó y el pago del semestre se convirtió en otro problema en medio del tratamiento. Fueron sus compañeros de estudio quienes resolvieron hacer una colecta para que pudiera seguir adelante con la carrera.
Para Sergio, ese gesto le mostró que la universidad había sido algo más que salones y créditos: fue el lugar donde hizo amigos que respondieron justo cuando más los necesitaba. Por eso, al hablar del proceso, las gracias le salen en fila, sin dejar a nadie por fuera.
Sus compañeros de estudio hicieron una colecta para ayudarlo a pagar el semestre. Foto:Unimagdalena
“Doy gracias a Dios que no perdí la independencia y mis facultades; gracias a mis padres, abuelos, amigos y compañeros que siempre estuvieron presentes, y a todas esas personas que siempre me apoyaron y me dieron una mano amiga”, dice.
Volver a trotar
La recuperación llegó despacio. Tras las primeras quimioterapias, fue recobrando capacidades que en los días más duros le parecían lejanas. Retomó las tareas de todos los días, volvió a salir a trotar y, sobre todo, se permitió pensar otra vez en un futuro que no pasara por hospitales.
Casi dos meses después de su última quimioterapia, y con resultados médicos favorables en la mano, regresó a la universidad. Ya no volvía como el estudiante pendiente de terminar, sino como el egresado que venía por el título que le tocó aplazar.
Un año largo
Al grado llegaron quienes lo acompañaron en el camino y algunos que él no esperaba ver ahí. Entre ellos estaba su padre, Alberto, para quien esa mañana cerró un ciclo de angustia con una noticia distinta a las que se habían acostumbrado a recibir.
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“Ha sido un año largo de lucha, pero gracias a Dios estamos aquí asistiendo al grado de mi hijo”, dijo.
Luego vino el momento del cartel, las dos palabras y el signo en medio, el auditorio de pie. Sergio bajó del escenario con su diploma de Contador Público y con la certeza de que, esta vez, no le tocaba volver al hospital.
LEONARDO HERRERA DELGANS leoher@eltiempo.com y en X: @leoher70
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