España: El desastre ferroviario en Toledo es un golpe para Pedro Sánchez, quien ya estaba en desventaja electoral

Un mes antes de las elecciones anticipadas del 29 de noviembre, el presidente del gobierno Pedro Sánchez sostuvo una larga reunión en la estación de Atocha en Madrid con funcionarios del centro de control de tráfico ferroviario, al que su gobierno ha culpado de un choque devastador que el último miércoles mató a al menos 69 personas. Mientras su caravana se alejaba, Felis Caballero, una empleada de una empresa farmacéutica, rodaba su equipaje frente a la estación.
Viaja mucho y ha considerado siempre seguro el tren, pero últimamente no, dijo. Y agregó que dos accidentes con múltiples víctimas este año habían erosionado su fe en el sistema ferroviario y también en Sánchez.
Caballero, de 60 años, quien se describe a sí misma como moderada y es originaria de un pueblo en el centro de España cerca del lugar del accidente, sostuvo que no estaba segura de si votaría por la oposición conservadora o si votaría en blanco. Pero una cosa estaba clara, precisó: no sería por el Partido Socialista de Sánchez. Bajo su mandato, aclaró, las cosas iban “mal”.
Sánchez, uno de los líderes que más tiempo lleva en el cargo en Europa, ha enfrentado su buena cuota de desastres en ocho años en el poder. Los desastres naturales han incluido el brote de coronavirus, inundaciones mortales en Valencia, incendios forestales y la erupción de un volcán en las Canarias.

Ha gobernado durante pesadillas de infraestructura, incluyendo un apagón en todo el país y un choque de trenes en enero que mató a 46 personas y aparentemente fue causado por un riel defectuoso en la vía entre Madrid y Sevilla. Y justo este verano, unos 80.000 inmigrantes cruzaron la frontera de Marruecos con el enclave español de Ceuta en el norte de África, aunque todos, a excepción de unos pocos miles, regresaron pronto a Marruecos.
Quizás los desastres más perjudiciales para su suerte política hayan sido los políticos, entre ellos una serie de escándalos de corrupción en su círculo íntimo. Un caso llevó a la cárcel a uno de sus asesores más cercanos, el exministro de obras públicas que supervisaba las vías férreas.
Sánchez, artista de la supervivencia y con talento para las campañas, convocó elecciones anticipadas este mes y a principios de esta semana parecía estar encontrando su ritmo. Bromeó en un programa de entrevistas nocturno, conversó con influentes de YouTube, participó en entrevistas con medios de comunicación afines. Luego ocurrió el accidente del miércoles .
Esto sacó a Sánchez de una incipiente ofensiva basada en el carisma y, en cambio, planteó dudas sobre la competencia que es fundamental en la propuesta de su gobierno de centroizquierda, y podría frustrar el entusiasmo de sus simpatizantes que necesita desesperadamente para que acudan a las urnas y mejorar su ya de por sí angosto camino hacia la reelección. Ignacio Urquizu, director de la encuestadora Metroscopia y exmiembro del Parlamento por el PSOE, dijo que es esperable un castigo electoral para el oficialismo.
El gobierno de Sánchez ha sido rápido e inusualmente transparente al compartir información que, afirma, muestra que la culpa del choque recae en lo que el actual ministro de Transportes, Óscar Puente, ha llamado la negligencia “inexplicable” de los operadores de control de tráfico. Los diálogos de esos operadores desde la estación de Madrid con los maquinistas de los dos trenes en el choque se filtraron el día del accidente.
Mientras que la evidencia de error humano individualiza la culpa y puede contener el daño político, dijo Urquizu, las fallas sistémicas tienden a perjudicar a los gobiernos porque se les hace responsables. Un factor agravante cuando un incidente ocurre por segunda vez.

Sánchez, reacio a parecer motivado políticamente en medio de una tragedia, ha hablado todos los días cerca del lugar del choque, vestido con el tipo de chaleco utilitario que usan los equipos de emergencia, y expresando apoyo para ellos y para las familias de las víctimas. Su enfoque, ha dicho repetidamente, es llegar al fondo de lo sucedido.
“No es asumible para un país como España, con un sistema de alta velocidad tan potente como el que tenemos, sufrir dos accidentes de estas características y de esta magnitud en un año”, dijo el viernes. “Lo que vamos a hacer no es solamente investigar cuáles son las causas de lo sucedido, sino aportar soluciones para reforzar aún más el sistema de alta velocidad”.
Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición de derecha y favorito en las encuestas, dijo que el gobierno buscaba desviar la culpa al responsabilizar a controladores individuales. “Si no dimiten ellos”, aclaró, “los dimitiremos en las urnas”.
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