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Wednesday, November 4, 2026

Tras un diagnóstico de cáncer, cuáles son los hábitos alimentarios vinculados a menor riesgo cardíaco y más longevidad

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Una alimentación saludable se asoció con mayor esperanza de vida entre supervivientes de cáncer (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una alimentación cotidiana puede tener un efecto que se extiende más allá de la mesa: entre personas con diagnóstico de cáncer, quienes siguieron patrones dietéticos saludables registraron hasta 3,32 años más de esperanza de vida y un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, según un estudio publicado en JACC: Advances.

La investigación analizó datos de más de 8.700 adultos que integraban el Biobanco del Reino Unido. Al comienzo del estudio ninguno tenía enfermedad cardiovascular y, tras cerca de 12 años de seguimiento, 1.116 participantes padecieron un evento de este tipo.

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Los resultados asociaron varios modelos de alimentación saludable con una menor probabilidad de sufrir problemas cardíacos y con una vida más prolongada. Entre ellos figuraron la dieta mediterránea, la dieta DASH, el patrón MIND y una alimentación basada en productos vegetales de buena calidad.

El trabajo no demuestra que cambiar la dieta garantice evitar una enfermedad cardiovascular o vivir más años. Sí identifica una relación entre determinados hábitos de alimentación y mejores resultados de salud entre personas que ya atravesaron un diagnóstico oncológico.

Ilustración de una persona en una mesa con salmón, alubias, aguacate, frutos secos, aceite de oliva, avena, frutos rojos y un tensiómetro digital.
El estudio analizó a más de 8.700 adultos del Biobanco del Reino Unido con antecedentes oncológicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los avances en la detección y los tratamientos permitieron que un número creciente de pacientes viva durante años después de recibir un diagnóstico de cáncer. Ese progreso también puso atención sobre otros problemas de salud que pueden aparecer durante la supervivencia.

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Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte no oncológica entre quienes superaron un cáncer. Este grupo puede presentar una mayor vulnerabilidad a afecciones del corazón y los vasos sanguíneos, incluso en casos en los que no hubo quimioterapia ni radioterapia.

El estudio fue liderado por investigadores de la Universidad Sun Yat-sen, en Guangzhou, China. Su objetivo fue comparar distintos patrones dietéticos y establecer cuáles tenían mayor relación con la prevención de eventos cardiovasculares y con la expectativa de vida.

“Dado el impacto adverso de las enfermedades cardiovasculares en la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes que han superado un cáncer, identificar los factores pronósticos es una necesidad urgente”, afirmó Yang-Xin Chen, médico del Departamento de Cardiología del Hospital Conmemorativo Sun Yat-sen de la Universidad Sun Yat-sen.

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Alimentos de la dieta mediterránea (Magnific)
Las enfermedades cardiovasculares representan la principal causa de muerte no oncológica en quienes superaron un cáncer (Magnific)

El especialista sostuvo que reconocer los factores asociados a un riesgo más alto puede contribuir a orientar tratamientos dentro de la cardio-oncología. Esta especialidad se ocupa de prevenir, detectar y tratar afecciones cardíacas en pacientes con cáncer o antecedentes de la enfermedad.

Los investigadores evaluaron siete índices dietéticos habituales. Seis se vincularon con una menor incidencia de eventos cardiovasculares: la dieta mediterránea, el modelo MIND, el Índice de Alimentación Saludable Alternativo 2010 —AHEI-2010, por sus siglas en inglés—, la dieta DASH, el Índice de Dieta Saludable Basada en Plantas y un indicador de potencial inflamatorio de la alimentación.

La excepción fue una dieta saludable baja en grasas, que no presentó una asociación estadísticamente clara con un menor riesgo cardiovascular en este grupo de participantes.

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Vista cenital de mesa con frutas, verduras, pescado, frutos secos, pan, legumbres y aceite de oliva.
La dieta mediterránea fue uno de los patrones vinculados con menor riesgo de eventos cardiovasculares (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos resultados sugieren que la protección no depende de seguir un único plan de comidas. Los patrones que se asociaron con mejores resultados comparten varios elementos: mayor presencia de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y grasas insaturadas, junto con menor consumo de productos ultraprocesados, carnes procesadas, bebidas azucaradas y exceso de sodio.

La dieta DASH recibió una atención particular dentro del análisis. El nombre procede de las siglas en inglés de Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión. Prioriza alimentos frescos y fuentes de fibra, además de reducir la sal y los productos con alto contenido de grasas saturadas.

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Los participantes que seguían este modelo con mayor frecuencia mostraron un menor riesgo de insuficiencia cardíaca. En palabras simples, esta enfermedad ocurre cuando el corazón pierde capacidad para bombear la sangre que el organismo necesita.

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Frutas, verduras, legumbres y cereales integrales formaron parte de los modelos dietéticos asociados con mejores resultados (Imagen Ilustrativa Infobae)

El AHEI-2010, otro de los índices analizados, se asoció con una menor probabilidad de cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular. La cardiopatía isquémica aparece cuando una parte del músculo cardíaco recibe menos sangre y oxígeno, habitualmente por un estrechamiento u obstrucción de las arterias coronarias.

Los hallazgos no implican que un menú específico reemplace la medicación, los controles clínicos o las indicaciones del equipo tratante. La alimentación se perfila como un componente adicional dentro del cuidado de largo plazo de los supervivientes de cáncer.

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El patrón MIND fue el que mostró el menor riesgo relativo de mortalidad por todas las causas y las mayores ganancias calculadas en esperanza de vida. Esta forma de alimentación combina componentes de la dieta mediterránea y de la DASH.

Su base incluye verduras de hoja verde, otras hortalizas, frutos rojos, frutos secos, legumbres, granos integrales, pescado, aves y aceite de oliva. A la vez, propone limitar la manteca, los dulces, los fritos y las carnes rojas.

En conjunto, los participantes con la adherencia más alta a los modelos dietéticos saludables registraron entre 1,66 y 3,32 años más de esperanza de vida en comparación con quienes mostraban una adherencia baja.

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“Los beneficios cardiovasculares de la dieta en los supervivientes de cáncer no se limitan a una dieta ‘ideal’”, señalaron los autores. El equipo planteó que los resultados respaldan un enfoque flexible, con distintas alternativas de alimentación que tienen respaldo científico.

La investigación se basó en datos observacionales del Biobanco del Reino Unido. Este diseño permite comparar hábitos y resultados de salud a lo largo del tiempo, pero no prueba que la dieta sea la causa única de la reducción de eventos cardiovasculares o de una mayor longevidad.

Los autores también advirtieron que no contaron con información dietética repetida durante el período de seguimiento. Por esa razón, no pudieron establecer cómo influyeron los cambios en los hábitos de alimentación con el paso de los años.

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Además, la cohorte está integrada en su mayoría por personas blancas de origen europeo y puede incluir un sesgo de voluntariado saludable. Esto significa que sus conclusiones podrían no trasladarse de igual modo a todas las poblaciones.

A pesar de estas limitaciones, la investigación suma elementos para que los controles posteriores al cáncer incluyan la revisión de los hábitos alimentarios junto con la presión arterial, el colesterol, la glucosa y otros factores de riesgo cardiovascular.

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