Con nuestros hijos no

En Chile, las mujeres y madres somos las primeras en poner el pecho cuando nuestros hijos están amenazados. ¿Quién enfrenta a una pareja abusadora para proteger a sus hijos? ¿Quién se aprieta el cinturón para que ellos no pasen hambre?
Por eso, frente a una situación tan grave como la rebaja de condenas a personas condenadas por abusos sexuales y violaciones contra menores, no sorprende que las mujeres seamos especialmente críticas. Según la encuesta Cadem, un 9% de ellas aprueba la gestión del ministro de Justicia frente al 15% de los hombres.
Cuando se trata de proteger a nuestros hijos, no hay colores políticos, ideologías ni lealtades que puedan estar por encima de su integridad y bienestar. Recuperar la confianza exige más que explicaciones jurídicas y disputas políticas: exige empatía real con las víctimas, asumir responsabilidades y demostrar con hechos que la protección de los niños está por encima de cualquier interés político.
Las mujeres y madres nos informamos, alzamos la voz y votamos. Representamos más del 51% del electorado. Quienes gobiernan no deberían olvidar que las aprensiones no terminan en el debate público: también se expresan en las urnas.
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