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Sunday, October 11, 2026

Andrés Di Tella estrena Los Sauces, una ópera experimental inspirada en un clásico de la literatura fantástica: "Estoy pisando un territorio nuevo"

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“Voy más a conciertos de música contemporánea que de música clásica. No soy muy melómano ni muy conocedor. Pero en mis películas me imagino que el montaje es como una composición”, dice Andrés Di Tella, cineasta, ensayista y una de las figuras centrales del documental de creación en la Argentina.

Ahora, en un nuevo desplazamiento entre lenguajes, llega al Festival Nueva Ópera para estrenar Los Sauces, inspirada en el libro homónimo de Algernon Blackwood. Con libreto de Di Tella, música de Macarena Aguilar Tau y Heidi Giel, y puesta en escena del propio cineasta junto con Sofía Brihet, la propuesta expande las fronteras del género y encuentra en el sonido, la imagen y la performance materiales para una experiencia escénica.

Director de documentales como Montoneros, una historia (1994), La televisión y yo (2002), Fotografías (2007), 327 cuadernos (2015) y la más reciente Mixtape La Pampa (2023), Di Tella construyó una obra personal en la que la memoria, los archivos, la identidad y la exploración autobiográfica se convierten en materia cinematográfica.

Fundador del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI), su recorrido también estuvo marcado por la búsqueda de formas narrativas que desbordan las convenciones del documental.

Su acercamiento a la música contemporánea no parte de una formación musical, sino de una curiosidad por el sonido y sus posibilidades expresivas. Le interesan los instrumentos cuando dejan de cumplir su función habitual, los ruidos que irrumpen en una composición y el azar que transforma un concierto en una experiencia irrepetible. En ese territorio reconoce afinidades con John Cage y Pauline Oliveros, pero también con las reflexiones del teórico francés Michel Chion sobre el sonido en el cine y los paisajes sonoros de David Toop.

La génesis de Los Sauces tuvo algo de encuentro fortuito. Durante el verano, Di Tella asistió a los conciertos de la Orquesta Retrofuturista en el jardín Sívori, bajo las auspicios de la Fundación Williams. En una de esas presentaciones se proyectó The Great White Silence (1924), de Herbert G. Ponting, sobre la expedición antártica del capitán Robert Falcon Scott a la Antártida.

En Los Sauces, el universo cinematográfico de Di Tella se cruza con la música experimental, las proyecciones y la actuación en vivo. Foto: Camila Godoy.

La narración y la dramaturgia de Sofía Brihet, junto con la música de Macarena Aguilar Tau, abrieron una posibilidad: hacer algo propio a partir del cruce entre imágenes, palabras, sonidos y espacio. “Ahí ya empezó a conformarse algo”, recuerda. Y le dijo a Miguel Galperín, director del Festival Nueva Ópera, que le encantaría hacer una experiencia semejante. De ese deseo, y de la libertad de pensar la composición más allá de las notas, comenzó a tomar forma esta nueva aventura.

-En 327 cuadernos trabajaste con Felipe Otondo, un compositor que viene de la música electroacústica experimental. ¿Te interesaba entonces esa exploración del sonido por fuera de los códigos más convencionales del cine? ¿Hay algo de aquella experiencia que reaparece ahora en Los Sauces?

-Sí, claro. Pero creo que la música en el cine, por más contemporánea que sea, como el caso de Felipe Otondo, o más recientemente el trabajo con Diego Vainer, tiene una función narrativa bastante esclavizante. Porque una película tiene una estructura dramática muy estricta. Lo que me gusta es que la gente directamente sienta una experiencia, y sienta la música sin darse cuenta, sin pensar "ah, ahora estoy escuchando música".

-Te interesa tanto lo que se ve como lo que se escucha. ¿Cómo pensás la relación entre ambos?

-Siempre sentí que era una parte muy importante de mi propia experiencia, de ir al cine. Y también la sala oscura muchas veces se justifica más por el sonido que por la imagen.

-¿Y cómo fue la experiencia de trabajar con imagen y música en Los Sauces?

-Es diferente del cine, ciertamente, porque en el cine la música por más loca o contemporánea que sea, manda la narrativa. En El Sauce no. Hay un verdadero encuentro entre el universo del sonido y de la imagen. Yo empecé a hablar con Macu primero, y después ella sumó a Heidi Giel.

-Los Sauces está basada en la novela homónima de Algernon Blackwood. Cuándo empezaste a hablar con Macarena, ¿ya sabías que querías trabajar sobre ese texto?

-Sí, porque estaba desarrollando un proyecto para cine basado en Los Sauces. En realidad, no basado sino lejanamente inspirado.

El director de "La televisión y yo" y "327 cuadernos" explora nuevos lenguajes escénicos en una propuesta que combina ficción, ensayo, imágenes y música en vivo.

-¿De qué se trata?

-Es un cuento de literatura fantástica, en el sentido de que no se sabe si se produce o no se produce el hecho sobrenatural. Y no es claro si los personajes están medio locos o tienen una percepción equivocada. El argumento simple es dos chicas que van de excursión, originalmente es en el Danubio pero acá es en el Rio Paraná, y, en cierto momento, sube mucho la marea y se tienen que quedar en algún lugar en una isla a pasar la noche. En esa isla empiezan a pasar cosas un poco raras, por ejemplo, que se pueden leer los pensamientos. Y ahí las dos chicas empiezan a especular que quizás alguien más también pueda leer los pensamientos de ellas. Como que hay algún tipo de fuerza hostil, pero también está la posibilidad de que estén locos todos.

-¿Cómo se entera la audiencia toda esa historia?

-La vamos contando y lo vamos viendo. Hay escenas de esta futura película. Es un género inventado por Pasolini --o Borges, no sé—“apuntes para una película”. Hay una serie de películas de Pasolini que se llama así, Apuntes para una Orestíada africana; Apuntes para un film sobre la India. Son como propuestas de película pero formato documental, ensayo. Borges tiene muchos cuentos así.

-¿Qué te atrajo del texto?

-Hay una definición de la literatura fantástica que se refiere a la vacilación que produce en el lector. Eso es lo que principalmente me interesaba. Es un cuento de principios del siglo XX, de autor un poco olvidado. Pero me interesaba también mantener una pata en mi propio terreno que es el ensayo. Los Sauces sería como una especie de ensayo sobre una ficción, o sea, combinar la ficción y el ensayo. Es la idea de la película, pero más aún la de esta ópera.

-¿Qué personajes aparecen en la obra?

-Un director, que soy yo mismo en escena, y una actriz interpretada por Sofía Brieth, con quien compartimos también la puesta. Está explicitado que cada uno hace de sí mismo, en el sentido de que yo, para adaptar el cuento del siglo XX, trato de tomar cosas de Sofía. Está el viaje, los personajes que se pierden, entonces le pregunto a Sofia si alguna vez se perdió y ella me cuenta una anécdota de cuando se perdió con una amiga. Es decir, tomo cosas de la ficción y las mezclo con la actriz, eso es parte de lo que el personaje del director había inventado y se olvidó. Después, también en escena, están Macu y Heidi. Y, por encima de eso, está la propia Macu, que hace el diseño sonoro. Todo está hecho en colaboración. En algún sentido la ópera es de los cuatro.

Me interesa que la gente directamente sienta una experiencia”, dice Di Tella sobre Los Sauces, la obra con la que se aventura en un territorio artístico nuevo.

-El guion y la dirección tienen tu impronta personal...

-Sí, y soy el iniciador de la cosa, pero a mí me gusta la colaboración, más cuando estoy haciendo algo que desconozco. Estoy pisando un territorio nuevo, porque he hecho cosas performáticas, que muchas veces parten de mis películas. A partir de Fotografías hice, por ejemplo, una especie de performance con lo que había quedado afuera de la película. Había alguna cosa teatral, unas marionetas, pero estaba solo en la escena, y sin música en vivo. Y después hice lo mismo en esta película, entre comillas, que se llama Diario, que la vengo haciendo hace como 4 años. Son distintos fragmentos audiovisuales, en el medio relato algunos cuentos, hago algunas cosas. De vuelta, sin música en vivo.

-¿Son cuatro personajes en total o hay más?

-En un solo momento interviene una quinta persona, Andrés Levinson, un archivista que colabora conmigo hace muchos años y trabaja en el Museo del Cine. Él entra en un momento y proyecta una película. Hay, además, imágenes grabadas por nosotros. Filmamos bastante material de esa película que estamos queriendo hacer y estamos haciendo pruebas.

-¿Qué características tiene tu personaje?

-Soy el director, pero hay un grado de ficción, por ahora, que es que yo me olvidé de todo lo que estaba haciendo. Es algo que me parece que a veces pasa, ¿no? Creo que el cine es como haber tenido un sueño y después tratar de recordarlo y reconstruirlo.

-¿Cómo es la puesta en escena?

-Es bastante sencilla. El iluminador, Adrián Grimozzi, fue muy importante en el proyecto. Me ayudó mucho a crear climas, unidades. También tiene un criterio de composición musical. El espacio de CheLA nos ayudó organizar algunas cosas, el diálogo con Sofía fue muy importante también.

-¿Por qué figura en el programa como work in progress?

-Porque la idea es tratar de seguir. Pero está bastante desarrollada escénicamente la combinación de los distintos elementos en vivo, es decir, el coordinar las proyecciones en el momento preciso, la música, los textos que decimos con Sofía. Es lo más difícil, mucho más difícil que editando. Y además, no sé qué va a salir.

-Claro, cuando hacés una película tenés todo el control sobre el resultado final...

Exacto, en el proceso de edición se define la película. Además, antes del estreno la abrí muchas veces a espectadores, es decir, amigos o personas que nos puedan dar algún tipo de feedback e incorporar en el mismo proceso lo que le está pasando a alguien que no sabe de qué se trata. Acá sucederá el domingo. Creo que va a ser un poco más aproximativo, pero me parece que va a tener la ventaja del vivo: la emoción de los instrumentos y la energía personal de los ejecutantes. Los actores, Sofía y yo, también aportamos con nuestra voz en vivo.

-En todo el proceso, nuevo para vos, donde gravitan los cuerpos, la escena, pero sobre todo la música, ¿tuviste que negociar o resignar algo?

-Creo que lo principal que resigné, o estoy resignando, es la posibilidad de seguir reescribiendo el guión. Hay un momento que se tiene que parar y se tiene que hacer la música de acuerdo a ciertos tiempos. Y los actores --yo incluido-- tenemos que empezar a tratar de memorizar la letra.

-Acomodarse a los tiempos de la música...

-Claro, eso es fundamental. Si tengo un video que va a durar 2 minutos y 15 segundos, no lo puedo cambiar una vez que la música se hizo en función de ese tiempo. Si después me parece un poquito largo y quiero sacarle 30 segundos, no puedo. Armaron musicalmente toda una cosa precisa con respecto a eso. Y, eso sí, la música en vivo tiene algo realmente emocionante.

-Tiene algo que trasciende cualquier expectativa. Podés preguntarte, 'Bueno, ¿cuál es la diferencia entre la música en vivo y la música que se escucha muy bien en una película?' Porque también la música en vivo se puede escuchar a través de parlantes, ¿no? Lo que pasa que hay una energía muy especial con los instrumentos tocando en vivo. Y justo Macu y Heidi son personas muy energéticas y también hay una sintonía especial entre ellas que la han trabajado antes juntas. La música la fueron componiendo ellas improvisando.

-¿Qué instrumentos hay en la obra?

-Un piano y un sintetizador que toca Macu. Y otras cosas electrónicas que no sé cómo se llaman. El único instrumento acústico es el piano. Heidi tiene como un lirismo infernal. Y además combina muy bien con la atmósfera sonora que genera Macu. La verdad que es un lujo.

Las imágenes de la película en desarrollo forman parte de Los Sauces, una experiencia escénica inspirada libremente en el relato fantástico de Algernon Blackwood.

-¿Cómo definirías el lugar que tiene la música en esta obra de autoría coral?

-Es central. No sé cómo va a salir, pero Macu y Heidi están pendientes de ver qué escribo, cuáles son las escenas y cómo se desarrollan. Yo estoy pendiente de ver qué se les ocurre a ellas musicalmente. Hay una especie de equívoco de falsa expectativa que me parece que es productiva. La música me lleva a escribir determinadas cosas porque hay un cierto clima que tomo de la música.

-¿Podés dar un ejemplo?

-Sí, hay todo un clima de mi personaje en particular que lo tomé de la música. No tengo vocabulario para describir bien la música, pero pienso que es como algo minimalista, no sé si esa es la palabra, pero de cierto ritmo, de cierta cosa hipnótica, de repetición y breves variantes. Eso me lleva a un lugar de hipnosis, a un lugar onírico, de sonambulismo. Es una respuesta mía un poco a lo que me propone la música.

-¿Cuál es tu expectativa con la obra?

-Me interesa que se llegue a producir alguna emoción. Eso no es tan fácil. En los últimos ensayos sentí un momento de emoción. No sé si esa emoción se produce porque estoy en medio de la cosa o si es algo que se transmite. Eso lo veremos el domingo.

-¿Tenés ganas de seguir indagando en este mundo?

-Sí, para empezar me gustaría seguir haciendo más funciones de esta obra. Tenemos sólo dos funciones, pero así son los festivales, y está muy bien.

FICHA

Festival Nueva Ópera

Los Sauces

Guion y dirección: Andrés Di Tella

Diseño sonoro: Macarena Aguilar Tau

Composición musical: Macarena Aguilar Tau y Heidi Giel

Elenco: Sofía Brihet, Macarena Aguilar Tau, Heidi Giel, Andrés Di Tella, Andrés Levinson

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