Llevamos desde 1972 parcheando el tiempo y se acabó: la Convención del Metro dice que dejemos fluir a los relojes atómicos

El 15 de octubre de 2026, durante la 28 Conferencia General de Pesas y Medidas, la Convención del Metro decidió eliminar el uso del segundo intercalar que ha estado funcionando como parche desde 1972 para igualar la hora astronómica con la de los relojes atómicos. Como consecuencia, ambas medidas se van a estar separando libremente hasta posicionarse a una hora de distancia. En ese momento, podrían tomarse medidas para igualarlas. Se calcula que esto ocurrirá dentro de cientos de años, así que por ahora podemos estar tranquilos y fluir con el tiempo. Según la Convención del Metro, es lo mejor para nuestros sistemas informáticos.
El fin de una era. Desde 1972, se han añadido 27 segundos intercalares a la hora de los relojes atómicos para mantenerlos sincronizados con la rotación de la Tierra. El objetivo era que nunca hubiese más de 0,9 segundos de diferencia entre el tiempo astronómico (UT1) y el UTC. Sin embargo, esta decisión ha quedado revocada tras la reunión de los estados miembros de la Convención del Metro. Solo Rusia votó en contra, así que la medida saldrá adelante y a partir del 20 de mayo de 2027 el UTC se convertirá en un continuo, no se irá ajustando en ningún momento. Esto seguirá así hasta que haya una hora de diferencia.
Dos formas de medir el tiempo. Hasta 1960, la medida del segundo era 1/86.400 de un día solar medio. Después, hasta 1967, se consideró como una fracción del año tropical de 1900. Sin embargo, la rotación de la Tierra no es una ciencia exacta. Decimos que tarda 24 horas en dar una vuelta sobre sí misma; pero, para empezar, la cifra exacta no es esa. En realidad, un día sidéreo dura 23 horas, 56 minutos y 4 segundos, ligeramente distinto del día solar. Y el solar tampoco es del todo exacto, ya que la rotación de la Tierra sufre fluctuaciones que hacen que se acelere o se frene.
Por ese motivo, en 1967 se optó por basar la medición del tiempo en algo tan exacto como la física del átomo. Se buscó algo que tardase más o menos un segundo y se optó por la duración de 9.192.631.770 periodos de la radiación de transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del cesio-133. Los relojes que miden el tiempo en base a este estándar se conocen como relojes atómicos, pero la hora UTC no procede de uno solo, sino de la media de 450 relojes atómicos ubicados en 85 laboratorios de distintos países.
¿Segundo interqué? Dado que el tiempo UTC es exacto y el UT1 fluctúa por la aceleración o desaceleración de la Tierra, en 1972 se optó por añadir segundos intercalares cuando fuese necesario para que ambas horas vayan lo más acompasadas posible. Eso sí, no hay un momento exacto para añadirlos. Todo depende de cómo avance el desajuste.
El Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS) ha estado publicando cada 6 meses un informe, llamado Boletín C, en el que se señalaba si se añadiría un segundo intercalar, en base a cómo se había distanciado en el último medio año la hora UTC de la UT1. Normalmente el segundo intercalar se añade en junio o diciembre y, de media, se ha añadido uno cada año y medio.
Cuidado con los sistemas electrónicos. Hay varios factores que afectan a la velocidad de rotación de la Tierra. Algunos son naturales, como las mareas y el movimiento del material del núcleo terrestre, y otros artificiales. Se ha visto que incluso el llenado de las Tres Gargantas de China podría afectar a la rotación terrestre. Además, no podemos olvidar los factores provocados por el cambio climático, como la fusión del hielo de los polos. Esto cambia la distribución de masas de la Tierra, ya que parte del peso del hielo que estaba en los polos se distribuye por los océanos. Algunos de estos factores aceleran la rotación, otros lo frenan. Pero, en conjunto, próximamente podría llegar a ser necesario añadir un segundo negativo. Se estima un 30% de probabilidad de que ocurriese antes de 2035.
Los sistemas informáticos calculan la hora con base en los relojes atómicos, pero no están preparados para retroceder, por lo que esta decisión les habría afectado notablemente. Dado que buena parte de lo que hacemos en nuestro día a día está unido a un sistema informático, se podría haber desatado el caos. Por eso se ha optado por abandonar los segundos intercalares y fluir.
¿Una hora no es demasiado? En un principio, no habrá demasiadas diferencias por tomar esta decisión. Sin embargo, cuando pasemos de los segundos a los minutos y nos acerquemos peligrosamente a la hora, sí que hay expertos que opinan que podría haber problemas. Aunque otros no lo creen. La opinión está bastante dividida.
La hora UTC se calcula con 450 relojes atómicos distribuidos por todo el mundo. Crédito: Shujianyang
A favor. Felicitas Arias, ex directora del departamento de tiempo del BIPM, explica en declaraciones recogidas por Scientific American que ocurriría algo similar al cambio de hora estacional. En la mayoría de países hay un salto de una hora entre verano e invierno, mucho más que un segundo, y eso no nos afecta más allá de estar unos cuantos días somnolientos. Eso es lo que dice ella, pero lo cierto es que también hay muchos científicos que llevan tiempo alertando sobre los riesgos del cambio de hora para la salud. Como mucho, esta y otros especialistas consideran que, cuando la diferencia sea grande, los países podrían desplazar su huso horario legal una hora de forma permanente.
Las consecuencias que no podemos obviar. Entre los argumentos en contra de esta decisión, destacan los que apuntan a que los astrónomos, científicos de la Tierra y otros usuarios de datos de orientación terrestre tendrán que tener en cuenta el desfase creciente al relacionar sus mediciones con la hora civil. No obstante, Elizabeth Donley, exdirectora de la división de tiempo y frecuencia del NIST, señala que los astrónomos ya usan métodos que absorben la diferencia, por lo que en principio no tendría que ser un problema.
De todos modos, aún no se ha decidido cómo se actuará cuando la diferencia sea demasiado grande. Tenemos cientos o incluso miles de años para pensarlo, así que por ahora los científicos que han tomado la decisión parecen bastante tranquilos. El marrón le tocará a otros.
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