Construyamos un puente mecano

Nuestro crecimiento económico se parece a un auto que va por la carretera a 50 km/h cuando debiera ir a 100. Arrastramos un crecimiento tendencial de 2%, cuando debiéramos aspirar a crecer sostenidamente al 4%. La ley de Reconstrucción fue un buen puntapié inicial: se espera que agregue medio punto de crecimiento anual. De 50 km/h pasaríamos a poco más de 60. Pero para llegar a 100 necesitamos más reformas estructurales. Y un puente de corto plazo que las haga políticamente viables. Un puente mecano: el del empleo.
Una primera tarea estructural es acelerar la remoción de los lomos de toro de “permisología” que frenan nuestro andar, especialmente en materia ambiental. La ley de Reconstrucción avanzó, pero se quedó corta. Necesitamos una reforma 2.0 ambiciosa que, entre otras cosas, i) incorpore el principio de que al evaluar un proyecto deban considerarse no solo sus costos, sino también sus beneficios sociales; ii) devuelva las DIA a su espíritu original de declaración jurada, eliminando la exigencia de demostrar que no requieren EIA; iii) introduzca la evaluación temprana de proyectos; iv) faculte al SEA para definir qué OECA interviene en cada evaluación; y v) reforme profundamente la desproporcionada Ley Lafkenche. Sin rebajar estándares, necesitamos reglas simples, expeditas, proporcionales y predecibles.
Otro frente es el mercado laboral, con un desempleo estructural creciente. Aquí el elefante en la habitación se llama adaptabilidad. Nuestras reglas laborales fueron concebidas para otro mundo laboral. En pleno siglo XXI, con cambios tecnológicos acelerados y creciente sustitución entre trabajo y capital, necesitamos mucha más adaptabilidad. Esto no es ideológico. Todo sistema que no se adapta termina muriendo. Y en el mercado laboral esa muerte se llama desempleo e informalidad. Hace casi 10 años que nuestro desempleo está por encima del 7%, tasa elevada que hemos normalizado. Hoy bordea el 10% y, según el Banco Central, su tasa natural ronda el 8,5%.
Una tercera tarea es modernizar el empleo público. Chile necesita un estatuto administrativo acorde al siglo XXI que reemplace la camisa de fuerza de 1989: más adaptable, sin inamovilidad de facto y con evaluaciones de verdad. Porque si no se pueden gestionar equipos y personas, es difícil gestionar algo. Esto es fundamental para un Estado al servicio del ciudadano. Y también para crecer. Pensemos en la “permisología”: podemos mejorar leyes y reglamentos, pero sin incentivos adecuados para quienes deben aplicarlos, poco cambiarán los resultados.
Estas reformas indispensables comparten dos características incómodas: son políticamente complejas y sus frutos llegarán a mediano y largo plazo. Aquí surge un problema de economía política que no cabe minimizar.
Mientras aspiramos a reformas para crecer mañana, tenemos hoy un desempleo por las nubes. Además del drama social, ello amenaza la viabilidad política de esas reformas. Un gobierno puede tener una agenda estructural ambiciosa. Pero si las familias no perciben esfuerzos por mejorar el empleo hoy, el apoyo ciudadano cae, el gobierno se debilita y su capacidad para llevar a puerto reformas difíciles se reduce.
Para habilitar la indispensable agenda estructural, foco declarado del gobierno y clave para su legado económico, necesitamos un puente entre el corto y el largo plazo. Un puente mecano, transitorio, que permita seguir aprobando reformas mientras llegan los frutos de las ya aprobadas. Ese puente es el apoyo al empleo.
Construirlo exige medidas potentes que señalicen, con recursos, que esta es la primerísima prioridad. Hoy no es el caso. El gobierno contempla subsidios a la contratación por cuatro meses, por solo US$100 millones. En Obras Públicas y Vivienda, la inversión presupuestada para 2027 aumenta unos US$650 millones. La experiencia comparada sugiere que estos montos difícilmente generarán más de 30.000 empleos en base anual (apenas 0,3 p.p. menos de desempleo). El puente requiere ir más allá.
Nuestra estrechez fiscal obliga a un presupuesto responsable. No se trata de gastar irresponsablemente, sino de gastar distinto: gobernar es priorizar. Si el empleo es la principal urgencia económica, debemos despriorizar otras cosas y seguir mejorando la eficiencia del gasto. El presupuesto debiera ser percibido, inequívocamente, como el presupuesto del empleo: un programa masivo de subsidios transitorios a la contratación y más inversión ejecutable en obras públicas y vivienda. Estamos lejos de eso.
Naturalmente, el esfuerzo fiscal no reemplaza al sector privado en la creación de empleos permanentes, ni puede hacer magia. Pero sí puede generar alivio transitorio y demostrar, con hechos, que el empleo es la prioridad inmediata. Y así contribuir a hacer políticamente viables las reformas indispensables para el crecimiento de largo plazo.
Enfrentamos una paradoja: precisamente cuando más requerimos reformas de largo plazo, el deterioro del corto plazo puede amenazar su viabilidad política. Para que el auto alcance su velocidad de crucero, es necesario que construyamos un puente mecano. El del empleo.
NEWSLETTER
OpiniónSábado, AMIdeas en tensión, miradas contrapuestas y un análisis claro: elementos para develar los temas que dividen opiniones y marcarán la agenda.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.