InquirerLacson: At least 13 land titles cover 170 hectares of Laguna Lake encroachmentCNN TürkDevlet Bahçeli'den Gaziler Günü mesajı: "Gaziler bizim göz nurumuzdur"Bollywood HungamaYeh Prem Mol Liya: Himesh Reshammiya to launch title track of Ayushmann Khurrana, Sharvari starrer live with 25-piece orchestra on September 20וואלהגבר בן 28 נפצע באורח קשה באזור צומת ברטעהPunchJehovah’s Witnesses announce adjustment to blood transfusion policyThe Jerusalem Post'I say free Palestine to my children': Paloma Faith clashes with Ed Sheeran over Macklemore falloutVanguard2027: Atiku’s loyalist dumps ADC Reps ticket, declares for TinubuUOLSem ganhadores, Lotomania acumula e prêmio chega a R$ 3,5 milhõesCollider‘Ted Lasso’ Star’s Prime Video Miniseries Is Officially a 60 Day Sleeper HitSky TG24Banche, il Rapporto Abi: prestiti a famiglie e imprese in rialzo del 3,4%Daily MailFire breaks out at major hotel that has previously been used to house migrants as guests are evacuatedعالم التقنيةسامسونج تدعم هاتف Galaxy M56 بتحديث أمني جديد لشهر سبتمبر 2026
The Daily Newsstand · Free, Always
Saturday, September 19, 2026

De Gabriela Mistral a la biografía de CR7: la evolución de la lectura escolar en Chile

Translate

El estreno de este año de la película La Odisea, dirigida y producida por Christopher Nolan, trajo a la memoria el antiguo texto griego de Homero. A raíz del largometraje, no pocos se dieron cuenta que nunca habían leído el poema, ni por su cuenta, ni mandatado en sus respectivos colegios, abriendo espacio en el foco que se pone en las lecturas sugeridas en los centros educacionales de Chile.

A cargo del Ministerio de Educación, la propuesta sobre qué libros leer durante el año escolar ha ido cambiando con las décadas, sumando nuevos títulos y eliminando otros, considerando las cuatro asignaturas troncales: lenguaje y comunicación, matemáticas, historia y ciencias.

Según diversos entendidos, la historia del Currículum Nacional y, por ende, lo que allí se va incluyendo, considera tres grandes etapas. La primera, durante el siglo XX, bajo la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE). Luego, la gran reforma que sufrió en los años 90 con los Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios (OF-CMO), para finalmente sentar las Bases Curriculares actuales de acuerdo a la Ley General de Educación (LGE) de 2009.

Libros escolares

Con esos cambios en la educación también ha ido mutando la lectura escolar. Eso ha llevado a que algunos libros o títulos derechamente hayan desaparecido de la parrilla literaria escolar, que afloren otros y, en algunos casos, un puñado se mantenga.

María Jesús Honorato, decana de la Facultad de Educación de la U. de Las Américas (UDLA) y quien se desempeñó como coordinadora Nacional de Curriculum y Evaluación del Mineduc en el segundo gobierno de Sebastián Piñera, pone algunos ejemplos sobre la mesa. “Es curioso ver cómo, a pesar de tantos cambios, hay libros que permanecen en el tiempo. Siguen ahí las Fábulas de Esopo, los cuentos de los Hermanos Grimm y la poesía de Gabriela Mistral en la básica. En la media, sigue Subterra para entender nuestra historia social; Martín Rivas para mirar nuestras clases sociales; y El Quijote para cuestionar la realidad. La diferencia es que antes se leían para explicar; hoy los usamos para que los jóvenes opinen, debatan y se sientan motivados a ser los dueños de su propia lectura”.

La hormiguita Cantora y el duende Melodía, de Alicia Morel; textos de Charles Perrault, también de Hans Christian Anderson, o los textos clásicos de Horacio Quiroga y las odas de Pablo Neruda son otros ejemplos.

Estos últimos, según Loreto Cantillana, directora del Magíster en Didáctica de la Lectura y Escritura de la misma UDLA, se mantienen “porque forman parte del canon de la literatura infantil, de los clásicos de la literatura universal; han permanecido a lo largo del tiempo y en estos textos también es posible abordar las distintas funciones de la literatura, la función axiológica valórica, trabajar componentes artísticos, estéticos, o elementos socioculturales”.

Entre las obras del patrimonio chileno que han perdurado destaca El chiflón del diablo, de Baldomero Lillo, “debido a su aporte a la memoria histórica del país y a la representación del desamparo y las condiciones de explotación laboral en las minas de carbón de comienzos del siglo XX”, expone Steffanie Kloss, investigadora de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

La lectura busca al alumno

Pero, ¿por qué esto ha ido mutando? Desde el Mineduc sostienen que en los 90 existía el concepto de lecturas obligatorias, pero actualmente la cartera ofrece un catálogo flexible de lecturas sugeridas alineadas con las Bases Curriculares y los Objetivos de Aprendizaje (OA). “El modelo evolucionó desde una lista fija hacia un repertorio de recomendaciones literarias. Este cambio busca otorgar flexibilidad a los docentes y comunidades educativas para que elijan los textos que mejor respondan al contexto local, la diversidad del aula y los intereses de los estudiantes”, señalan.

No resulta curioso ver que actualmente existen títulos modernos o llamativos para niños y jóvenes dentro de las sugerencias. Por ejemplo, el libro Cristiano Ronaldo, publicación en inglés de Gail B. Stewart que cuenta la historia del futbolista portugués. También se encuentra Steve Jobs: lecciones de liderazgo; Matilda; El niño con pijama de rayas; Crouch End y El fugitivo de Stephen King; o comics como El hombre araña, Batman, Asterix y Los juegos del hambre de Suzanne Collins, entre otros.

“Hoy se busca que los niños lean para disfrutar, para investigar y para ampliar su cultura general. Lo interesante es que hoy en la sala de clases conviven los clásicos de siempre con cómics, novelas gráficas e historias de migración. Al final del día, es el profesor quien, conociendo a sus alumnos, decide qué se lee para despertar ese interés”, reseña Honorato.

En línea con ello, Cantillana señala que algunos textos ya no están dentro del Curriculum “porque son textos más bien extensos, son fotografías de época y se va priorizando la aparición de textos más contextualizados y afín a los gustos e intereses del estudiantado”. Y añade: “Ahora se priorizan otras formas de hacer literatura, inclusión de libro-álbum, cómics, novelas gráficas, por lo tanto, el tipo de género discursivo también se amplía”.

Algunos de los títulos que Cantillana dice que están ausentes son El loco Estero, de Alberto Blest Gana; Juana Lucero, de Augusto D’Halmar, o El niño que enloqueció de amor, de Eduardo Barrios.

Kloss, por su parte, intenta justificar su desaparición: el canon oficial era marcadamente españolizado y eurocéntrico, lo que provocaba una falta de valoración e invisibilización de la literatura local. “En cierta medida, lo que se ha privilegiado es continuar trabajando con algunos textos clásicos, aquellos que no pasan de moda y que pueden servir para leer e interpretar el mundo, como La Odisea, Don Quijote de la Mancha, y Orgullo y Pejuicio, o Cumbres borrascosas”, señala.

La misma especialista aporta que hay otro tanto de obras que si bien continúan presentes, ya no poseen el mismo nivel de relevancia. “Especialmente aquellas vinculadas con la literatura medieval y del Siglo de Oro presentan una mayor distancia temporal, cultural y lingüística respecto de los estudiantes actuales, por lo que pueden ser menos consideradas para la lectura domiciliaria. Entre ellas se encuentran La Celestina, El cantar de Mio Cid, las églogas de Garcilaso de la Vega y Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo”, dice.

En tal sentido, desde el ministerio reiteran que “las lecturas sugeridas sirven como referencia para que cada establecimiento defina su propio corpus de lecturas, considerando su contexto. Desde que esto es así, son los colegios los que tienen la última palabra. “Estos listados forman parte de instrumentos curriculares que son aprobados por el Consejo Nacional de Educación y se mantienen vigentes hasta que dichos documentos son actualizados. Los cambios en las lecturas sugeridas se producen en el marco de procesos de actualización curricular”, añaden.

El canon sagrado

La lista de libros que se ofrecen desde el ministerio por medio de las Bibliotecas CRA (Centro de lectura y bibliotecas escolares), se renueva, una parte, año a año. En el caso de programas de estudio, la lista propuesta se realizó cuando se desarrollaron entre 2012 y 2020, mientras que programas nuevos asociados a textos escolares se propusieron entre 2021 y 2022.

Honorato considera que el cambio en la forma de leer ha sido total. “Si miramos hace unas seis décadas el sistema era sumamente rígido: el ministerio mandaba una lista única y obligatoria para todos los colegios de Chile, donde se leían de 8 a 10 obras clásicas al año de forma cerrada. Con el tiempo, estas listas se redujeron buscando ganar en profundidad y, sobre todo, para dar autonomía a los profesores y colegios. El objetivo fue claro: motivar a los estudiantes ofreciendo diferentes opciones y géneros que los acercaran de verdad a los libros”, señala.

Loreto Fontaine, coordinadora nacional de la Unidad de Currículum y Evaluación del Mineduc durante el primer gobierno de Piñera, sostiene que en literatura los enfoques y exigencias han cambiado notablemente. Y no siempre para mejor.

“A partir de la reforma educacional de Frei Montalva (1965), y hasta los 90 se estudiaba literatura de manera histórica cronológica y había un fuerte acento en la lectura completa o parcial de las obras al punto que los textos escolares de enseñanza media eran antologías muy completas, con epopeyas, tragedias, poemas o cuentos. Se leía mucho en clases, predominantemente literatura española, latinoamericana y chilena. El Mineduc era más prescriptivo respecto a lo que había que conocer en cuanto a obras”, detalla.

Honorato rememora que si se retrocede a los años 50 y 60, esta lista única y obligatoria para todos los colegios de Chile era lo que muchos llamaban el “canon sagrado”.

“No había espacio para elegir: todos los alumnos del país leían de forma cerrada las mismas grandes obras clásicas al año dentro del ramo de Castellano. Por ejemplo, El Quijote era mandatorio en segundo medio. Luego, en los 80, se empezó a buscar la autonomía de los establecimientos y se pasó a las lecturas sugeridas, apretando más la profundidad en la media con unos cuatro a cinco libros de lectura, surgiendo además la lectura domiciliaria en los 90″, sostiene.

Pese a algunos cuestionamientos, estas modificaciones han tenido buena aceptación. En los colegios públicos y en la mayoría de los subvencionados, la aceptación supera el 80%.

“El gran cambio vino desde el 2000, cuando los programas de estudio empezaron a generar listas de lecturas sugeridas con una tremenda diversidad de géneros. La idea es que el profesor cuente con opciones apropiadas y variadas”, explica Honorato.

En la cartera de Educación indican que estas actualizaciones consideran criterios pedagógicos y curriculares, tales como la calidad literaria de las obras, su pertinencia para la edad y trayectoria lectora de los estudiantes.

En ese sentido, para Fontaine, a partir de la reforma curricular de los 90 el estudio de literatura perdió el enfoque histórico y cronológico, “y diría que se debilita porque la asignatura se vuelca hacia una visión más amplia que busca incluir todas las manifestaciones del lenguaje, incluyendo prensa y publicidad. La literatura deja de ser central”.

Eso, resumidamente, es lo que dio paso a ampliar el abanico desde La Odisea hasta la vida de CR7.

View the original on La Tercera

KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.