Una receta de hace casi 3.800 años revela cómo cocinaban los babilonios: sus ingredientes todavía nos resultan familiares
Unas tablillas de arcilla conservan instrucciones para preparar platos en la antigua Mesopotamia, incluido un elaborado pichón que demuestra la complejidad de su cocina.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado:
Imagina entrar en una cocina de Babilonia hace casi 3.800 años. Sobre el fuego se calienta una olla, alguien prepara una mezcla de ajo, cebolla y puerro, y un cocinero se dispone a elaborar un plato de ave que requiere varias preparaciones distintas.
La escena podría parecer inventada. Sin embargo, conocemos buena parte de sus ingredientes y procedimientos gracias a un hallazgo arqueológico extraordinario: unas tablillas de arcilla que conservan algunas de las recetas escritas más antiguas de la humanidad.
Fueron redactadas durante el periodo paleobabilónico, hacia el siglo XVIII a. C., y actualmente forman parte de la colección babilónica de la Universidad de Yale, en Estados Unidos.
Lo verdaderamente sorprendente es que algunas de aquellas instrucciones describen procedimientos culinarios que todavía reconoceríamos en una cocina contemporánea.
Aunque hay un problema: reproducir exactamente sus platos resulta mucho más complicado de lo que parece.
Un pichón preparado de varias maneras
Entre las elaboraciones más interesantes aparece una receta dedicada a un tipo de pichón silvestre cuyo nombre figura en los textos cuneiformes.
A diferencia de otras instrucciones especialmente breves, esta preparación describe distintas operaciones necesarias para limpiar, despiezar y cocinar el ave. El procedimiento incluía el aprovechamiento de diferentes partes del animal y la elaboración de un caldo condimentado con diversos ingredientes.
Una de las indicaciones más llamativas se refiere a los muslos, que debían asarse y envolverse en masa, mientras otras partes del pichón se incorporaban a la presentación final.
La receta también menciona ingredientes como ajo, puerro, cebolla, grasa y vinagre, además de condimentos cuyos nombres no siempre podemos identificar con seguridad.
No estamos, por tanto, ante una simple lista de alimentos. El texto describe una preparación que combinaba distintas técnicas y que exigía conocer el tratamiento adecuado de cada ingrediente.
Eso sí, algunas líneas están dañadas y determinados pasos siguen siendo objeto de interpretación. No podemos reconstruir con absoluta certeza cómo quedaba el plato terminado.
¿Por qué no escribían las cantidades?
Si hoy intentáramos preparar aquella receta siguiendo únicamente las instrucciones originales, nos encontraríamos con una dificultad importante.
En muchos casos, las tablillas no indican cantidades, temperaturas ni tiempos precisos de cocción.
Es una diferencia fundamental respecto a nuestros recetarios.
En una de las tablillas mejor conservadas, identificada como YBC 4644, aparecen 25 preparaciones de caldos y guisos: 21 con carne y cuatro elaboraciones vegetales.
Las instrucciones suelen mencionar los ingredientes y el orden en el que debían incorporarse, pero ofrecen pocos detalles adicionales.
Una explicación plausible es que estuvieran destinadas a personas que ya dominaban las técnicas culinarias.
Un cocinero experimentado no necesitaba que le explicaran cómo reconocer una carne bien cocinada o qué cantidad aproximada de grasa utilizar.
Sin embargo, los investigadores desconocen el propósito exacto de aquellas recopilaciones.
También es posible que funcionaran como registros de preparaciones conocidas, más que como manuales destinados a enseñar a cocinar desde cero.
Una cocina mucho más sofisticada de lo que imaginamos
Las recetas babilónicas demuestran que la preparación de los alimentos podía implicar una notable combinación de sabores y procedimientos. Entre los ingredientes documentados aparecen distintas carnes, cereales, verduras, hierbas aromáticas y productos lácteos.
Algunas preparaciones incorporaban cerveza o leche, mientras que otras recurrían a grasas animales y condimentos para enriquecer los caldos.
También encontramos combinaciones que podrían resultar familiares para nuestros paladares, como la utilización conjunta de cebolla, ajo y puerro.
Pero sería un error imaginar que aquellos platos tenían exactamente el mismo sabor que sus equivalentes actuales. Las variedades vegetales, los métodos de conservación y determinados ingredientes han cambiado considerablemente a lo largo de los siglos.
Además, algunas palabras de los textos cuneiformes siguen sin tener una traducción completamente segura.
Por eso, aunque podemos elaborar versiones modernas inspiradas en estas recetas, no conocemos con exactitud su sabor original.
¿Podríamos cocinar hoy una receta babilónica?
La pregunta no es únicamente teórica. En 2018, investigadores vinculados a las universidades de Yale y Harvard participaron en una iniciativa para recrear varios guisos descritos en las tablillas.
Para ello tuvieron que interpretar las instrucciones conservadas, seleccionar ingredientes equivalentes y establecer proporciones que los textos originales no especificaban.
El resultado permitió explorar cómo pudieron combinarse determinados sabores en la antigua Mesopotamia. Pero también puso de manifiesto los límites de estas reconstrucciones.
Preparar una versión moderna de un guiso babilónico no significa recuperar exactamente un plato servido hace casi cuatro milenios. Aunque han sobrevivido durante miles de años y conservan instrucciones sobre alimentos que todavía consumimos, no pueden transmitirnos todos los conocimientos prácticos que poseían quienes cocinaron aquellas recetas.
Sabemos qué ingredientes utilizaban, conocemos algunas de sus técnicas y podemos reconstruir parte de sus procedimientos.
Lo que nunca sabremos con absoluta seguridad es si nuestro plato tendría el mismo sabor que el preparado por un cocinero babilónico hace casi 3.800 años.
Foto de portada: Recreación artística con inteligencia artificial de la preparación de un plato de pichón en la antigua Babilonia, inspirada en recetas escritas hace casi 3.800 años.
Fuentes:
CDLI contributors. (2026, October 25). Cuneiform Digital Library Initiative
Universidad de Yale: What did ancient Babylonians eat?. Experimento de reconstrucción culinaria realizado en 2018.
Kabukcu, C. et al. 2022. Cooking in caves: Palaeolithic carbonised plant food remains from Franchthi and Shanidar. Antiquity 97 (391), 12-28. DOI: 10.15184/aqy.2022.143
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.