La historia de la capilla inconclusa de Gaudí en Rancagua

En busca de un diseño original para una capilla en Rancagua, el fraile Angélico Aranda decidió enviar una carta a uno de los arquitectos más famosos de la época: Antoni Gaudí, el hombre detrás de la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Tras recorrer 11 mil kilómetros en un mes, la misiva llegó al despacho del catalán el 14 de septiembre de 1922.
Antes de formular su propuesta, el fraile chileno se presentó como un admirador que “tuvo el gusto de conocerlo en 1909 y que tiene su autógrafo en un libro de viaje”. Luego, le contó que deseaba construir una capilla dedicada a Santa María de los Ángeles pero, al carecer de un diseño innovador, resolvió escribirle. Aparte de ofrecer oraciones a cambio de los planos, adjuntó las dimensiones que tenía en mente.
La respuesta de Gaudí llegó a finales de octubre. Por mera coincidencia, y a pesar de que hace años declinaba nuevos proyectos por su dedicación a su obra actual –según dijo en la carta–, las dimensiones de Aranda calzaban a la perfección con la Capilla de la Asunción, uno de los edículos al interior de la Sagrada Familia. Por tanto, sin más preámbulos, el maestro catalán decidió ofrecerle los croquis de aquella capilla.
De esa forma, dice la carta hoy contenida en el Archivo Diocesano de Barcelona, se “podría adelantar para América lo que un día lejano ha de tener realidad en la magna obra del Templo de la Sagrada Familia”. Aparte de que se podría aprovechar el estudio antes de construirse en Barcelona, sería “una prueba de la confraternidad espiritual entre España y América”, expresó Gaudí.
¿Qué hizo Aranda con los planos que recibió? Solo es posible hacer conjeturas. Sin embargo, según relata José Manuel Almuzara, arquitecto y divulgador español de la obra de Gaudí, se sabe que el fraile chileno respondió a Gaudí con un pago de 177 pesetas y un cuadro pintado por él mismo, que el maestro catalán colgó en su oficina.
Por su parte, cuatro años después, Gaudí fue atropellado por un tranvía en Barcelona y falleció en junio de 1926. En la guerra civil española, su oficina se incendió y el cuadro de Aranda fue destruido por el mismo fuego que consumió gran parte de los planos y maquetas originales de la Sagrada Familia.
A pesar de que no hay registros de que la capilla de Gaudí de Rancagua se empezara a construir en la época de Aranda, en sus seis cuadernos personales que hoy resguarda el Archivo Histórico Franciscano es posible evidenciar los desafíos que encontraron algunos de sus otros proyectos de iglesias.
Gracias a ellos, también es posible reconstruir gran parte de la vida del fraile. En la década de 1920, Aranda, con 50 años, ya se había consagrado como pintor y arquitecto aficionado. Formado en Chile bajo el alero de grandes pintores como Pedro Lira, realizó una parte de sus estudios en Roma, donde pudo compartir con grandes artistas de la época.

En cuanto a sus proyectos arquitectónicos, en sus cuadernos se evidencia que para 1929 ya estaba empecinado en otro proyecto: una iglesia para Linares. No obstante, según escribió en abril de 1930, la edificación encontró un problema que se repetiría a lo largo de los años.
“Hoy recibí una carta del padre (...) en que me dice de la dificultad que han puesto en Santiago para pagar”, anotó. En esas líneas también se vislumbra su determinación con el proyecto de Linares: “De modo que nos van a dejar en la calle. Eso no puede ser”.
Obstinado en conseguir los fondos, Aranda viajó a la capital a buscar una reunión con Carlos Ibáñez del Campo, quien en ese entonces era dictador. Según escribió meses después, el mandatario acogió de buena manera su mensaje y agradeció un cuadro que el fraile pintó para él.

Pese a que en los años siguientes no se encuentran referencias a la capilla de Gaudí en los cuadernos de Aranda, el proyecto perduró en la historia gracias a los discípulos de Gaudí, Josep Francesc Ráfols e Isidre Puig i Boada, quienes dejaron registro del intercambio. Respecto del resto de la vida de Aranda, dejó a su paso innumerables pinturas en iglesias y participó en la edificación de múltiples espacios de oración. Al igual que Gaudí, falleció atropellado en 1961. Tenía 91 años.
En la actualidad, según recabó Esto es Chile -el proyecto de Cadem, La Tercera e Inacap para descubrir y dar a conocer qué piensa y siente cada región del país-, la capilla de Gaudí es uno de los más grandes y postergados sueños de la Región de 0’Higgins. Pese a su relevancia histórica, la iniciativa es conocida solo por un 19% de la región y, de ese grupo, un 37% la considera relevante.
El renacer de un proyecto olvidado
“¿Sabías que hay un proyecto de Gaudí en Rancagua?”. Con esa pregunta, a inicios de los 90, el abogado Jorge Precht logró revitalizar un proyecto olvidado por décadas. La interrogante era para Nicolás Díaz, quien en esos años se desempeñaba como senador de la Región de O’Higgins y no dudó en tomarle el peso.
No obstante, el proyecto seguiría siendo desconocido en el país si no hubiera intermediado la artista chilena Ester Chacón. Meses antes de esa conversación, ella se enteró de la existencia de los planos a través de Joan Bassegoda, director de la Cátedra Gaudí, en Barcelona, quien conocía el proyecto de primera fuente tras leer la correspondencia entre Aranda y el catalán en 1973. Apenas se enteró, no dudó en comentárselo a Precht.
En 1995, un papel de igual importancia jugó el arquitecto Christian Matzner, alumno de posgrado de Bassegoda. Ese año, según recuerda, Díaz contactó al delegado de prensa del Arzobispado de Barcelona, Jaume Aymar. A través de él, el requerimiento llegó a Bassegoda, quien solicitó a Matzner desclasificar las cartas.

“Encontramos carpetas empolvadas, amarradas con hilo”, recuerda Matzner. Entonces empezamos una por una a verlas y ahí aparecieron las cartas, fue muy emocionante”, dice. “Con todo ese material me vine a Chile”, agrega. Ya en el país, entró en contacto con Díaz, y con ayuda de su hijo Rodrigo Díaz pusieron en marcha el proyecto. “Don Nicolás, que era senador en ese momento, fue vital porque dijo: ‘No, esto tenemos que hacerlo vía una corporación’”. recuerda el arquitecto.
Así, con la misión expresa de construir la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, en 1996 nació la Corporación Gaudí de Triana.
Las dificultades de construir una iglesia
“El primer periodo es del 95 hasta el año 2009. Yo le llamo el periodo académico”, afirma Matzner. Con ayuda de sus estudiantes, el arquitecto realizó una serie de maquetas de la capilla a comienzos de los 2000. Algunas de ellas fueron a parar a la Sagrada Familia. Otras incluso fueron llevadas a Corea del Sur y aparecen en fotos junto a los Reyes de España.

Por otro lado, la corporación empezó a buscar un lugar para alojar el proyecto. Así, en 1999 “la Municipalidad de Rancagua le entregó en comodato a la corporación dos hectáreas de terreno para desarrollar nuestro proyecto”, recuerda Gonzalo Díaz, actual presidente de la corporación e hijo del senador.
Tras más de 10 años de gestiones y estudios previos, para licitar el proyecto fue necesario aterrizar los esbozos de Gaudí en planos concretos. Así, Matzner armó un equipo “con exalumnos míos, expertos en Gaudí y en modelación”, afirma. Con ellos, recuerda, “elaboramos en 2010 el proyecto completo con todas las especificaciones técnicas, los materiales, los costos”, entre otros aspectos.
No obstante, en los años siguientes el proyecto se vio truncado, tras numerosos intentos fallidos de licitarlo. A finales de 2014, Michelle Bachelet le dio su apoyo y el MOP, en colaboración con el Gobierno Regional de O’Higgins, destinaron fondos a su realización.
Con un costo inicial proyectado en US$ 7,4 millones, la vez que el proyecto llegó más lejos fue en 2017, cuando una empresa inició obras en el Parque Comunal de Rancagua. Sin embargo, la compañía entró en quiebra y sus avances solo consistieron en hacer un gran agujero en donde estaba proyectada la capilla.

¿Luz al final del túnel?
Mientras pasea por el Parque Comunal de Rancagua, Gonzalo Díaz, presidente de la Corporación Gaudí de Triana, se imagina dónde irá cada elemento. “Dónde está ese palo, por ahí está la capilla”, afirma, mientras apunta al centro del agujero que dejó la empresa que falló en construir el proyecto.

En cuanto a su tamaño, se mantienen las mismas dimensiones que proyectó Aranda: una base de 10 por 10 metros y una altura de 30 metros. Para ejemplificar esto, Díaz apunta a un edificio de 10 pisos de altura a la distancia y afirma que será de ese tamaño. Además de la capilla, la iniciativa implica la construcción de un gran centro cultural en sus inmediaciones.
“Los rancagüinos antiguos decimos que hay ciudades muy bonitas en Chile y que tienen carácter. Tú dices Valdivia, el río. Tú dices La Serena, las construcciones son bonitas”, afirma. “Pero tú dices Rancagua y ¿qué es lo que se te viene a la memoria?”, pregunta. “La ciudad de las antenas”, se responde. “Objetivamente, Rancagua no tiene una imagen, algo que la caracterice”.
Respecto a los planos que Gaudí diseñó originalmente para Barcelona y envió a Chile, Jordi Faulí, el arquitecto director de la Basílica de la Sagrada Familia, explica que “el proyecto de la Capilla de la Asunción se reproducirá en la de la Nuestra Señora de los Ángeles en Rancagua, siguiendo la voluntad de Gaudí y del padre Aranda, con los cambios necesarios al no existir el claustro. Por tanto, probablemente, tendrá un acceso diferente, con una portada de entrada”.
Como plantea Almuzara, el arquitecto experto en Gaudí, con su construcción Rancagua “se convertirá en el único rincón del planeta fuera de España en el que se alzará una obra de Gaudí, uno de los genios más relevantes de la arquitectura de todos los tiempos”.
En la ciudad, la comunidad se ha organizado desde hace años para recibir el proyecto. Beatriz Valenzuela, vicepresidenta de la corporación, ha participado en la difusión del proyecto en la comuna mediante murales y mosaicos. En su obra más grande participaron más de 1.400 vecinos.

Según Francisco Donoso, presidente de la Cámara Chilena de la Construcción de O’Higgins, el proyecto se ha postergado porque “hoy la mayor dificultad es el financiamiento, sea público o privado. Es una obra de gran envergadura y de alto costo, y compite con otras prioridades”.
De acuerdo con Díaz, si el proyecto no se ha construido en 30 años es solo porque “no era el momento, nada más”. Además, agrega que fue necesario pasar ese periodo de “crecimiento, de dolor, de socialización”.
“Estamos convencidos de que el momento es ahora”, complementa. Debido a la aprobación de la Ley de Donaciones Culturales, Díaz afirma que se espera que el proyecto será financiado de esa forma. De hecho, dice, ya tienen un primer donante que está a las puertas de hacer su contribución.
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