Un departamento que dejó atrás los compartimentos para ganar luz, amplitud y calidez

Los dueños de casa no conocían a Marina, Florencia y Shirly, directoras de Bou Arquitectura, pero confiaron tanto en la recomendación que les habían hecho que les pidieron que los acompañaran a ver el departamento antes de comprarlo. “Vimos que era espectacular la luz y la distribución era divina, ¡tenía muchísimo potencial!”, recuerda Marina.
“Lo tiramos todo abajo, absolutamente todo. Quedaron solamente las patas estructurales.”
El proyecto fue un inicio de foja cero, ya que, además de reforma radical, la pareja se mudó sin llevarse muebles de su casa anterior: “Ella tiene una onda espectacular, un gusto maravilloso, y estaban súper abiertos a nuestras sugerencias”.
“Nos costó un montón conseguir la chapa de la biblioteca. Fuimos a la maderera y elegimos la que nos gustaba, y quedó espectacular”.
Una mesa para recibir
La planta era muy segmentada: un living “chorizo”, un estudio, tres dormitorios chiquitos y baños muy acotados. Y una zona de servicio que era —según cuenta— “un mix entre un cuarto de servicio, un sauna y un gimnasio; el estado estaba bastante feo”. El punto de partida para todo el proyecto fue el comedor: “Fue lo primero en lo que nos pusimos de acuerdo”.
“La clienta sabía desde el día que nos contrató que le gustaban esas sillas”, aseguran. Tenía claro el modelo, pero no había definido el tapizado ni el color “porque todavía no teníamos una paleta”. Ese fue el punto de partida para la biblioteca y el resto del ambiente.
Curvas para circular
El living era rígido y no admitía dos sillones enfrentados, así que eligieron un modelo con dos módulos que pueden unirse en una gran curva. “Nos enamoramos de estas líneas más etéreas, más orgánicas”, cuenta Marina.
“La curva nos permite circular de una manera mucho más cálida y fácil alrededor del espacio, y además nos da la posibilidad de cambiar la configuración. Si hay un evento con más gente, se puede poner hacia un costado”.
Dos estares en uno
Un pedido fue claro desde el principio: no querían un living con televisión. La propuesta de las arquitectas fue sumar el antiguo estudio al estar y crear dos sectores: uno social y otro para ver TV.
La idea de integrar este segundo estar era que ver una película no implicara aislarse. “Tampoco te tenés que encerrar en un sucuchito para ver tele. Estás en un lugar lindo e integrado a todo el resto del espacio”.
Mientras el living se arma con los sillones curvos (más pensados para su función “de encuentro”), en el escritorio apostaron por un diseño más sencillo: “Un sillón más de lo social, del café, de sentarte a leer un libro o incluso mirar hacia afuera o recibir a alguien”.
Azul profundo
La cocina no se pudo integrar al estar. “Toda la pared que separa la cocina del living es un tabique de hormigón”, explica Marina.
“Ampliamos el paso lo máximo que nos permitía el hormigón y el electricista, porque teníamos que pasar las instalaciones por ahí atrás”. En lugar de la puerta ciega, colocaron una de vidrio repartido.
Algo que sí se pudo fue exprimir al máximo el guardado: “Del lado de la mesada es mucho más profundo que una mesada tradicional, entonces tiene el secaplatos por atrás de la bacha y, atrás del anafe, una alzada que se mueve, así podemos ocultar y abrir el especiero”.
“Hay una sola mesada, pero mide más de 6 metros de largo por 80 cm de profundidad, ¡en mesón!”
Del otro lado, un frente de puertas esconde todo. Además de la heladera y el freezer panelados, hay un módulo de coffee station con nicho para la cafetera y un vajillero de puertas de vidrio con una “mini mini mesadita”. “La armamos a propósito para que no haya tanto mueble justo en la esquina hacia el comedor diario”, explican.
Para el piso de la cocina y el comedor diario eligieron un porcelanato beige, sin veta. “Lo eligió ella; son unas piezas enormes. Nos armaban la caja más neutra para después poder jugárnosla con el mueble azul y el otro en madera”.
Comedor diario y lavadero
Donde originalmente había un dormitorio de servicio, un baño y un sauna, hoy hay un comedor diario luminoso y un lavadero oculto, con una ventana enorme.
Los clientes nunca aceptaron prescindir del comedor diario, e hicieron bien: “Cuando trabajan los dos en casa, uno está en el estar y el otro en el comedor diario. Desayunan ahí y usan el espacio un montón”.
Un baño de servicio con cuidado
“Detrás del frente que cierra el lavadero aparece un bañito de servicio, también oculto. Como ellos usan tanto el comedor diario, siempre quisieron que estuviera lindo y ponerle onda”
Hilo conductor
Con los baños, Marina fue clara con su clienta. “No te quiero hacer un muestrario de materiales en toda la casa. Quiero que tenga un hilo conductor, que se note que cada baño no te lo hizo un arquitecto diferente”.
Por eso los tres tienen la mesada de mármol con bacha integrada, en un mármol distinto en cada uno.
La suite
Decisión personalísima a la hora de reformar un departamento de 150 metros, las dos habitaciones del fondo se unieron para formar una gran suite. “Ninguna pared quedó en su lugar”, confiesa Marina.
“Teníamos que decidir si era un gran dormitorio principal con todo el guardado incorporado, o un dormitorio y un vestidor. Ellos priorizaron mucho la amplitud de los espacios y tener doble ventana en el dormitorio.”
La pared de la cama, revestida en petiribí, esconde algo. “Si ves la viga que cruza el dormitorio, ahí atrás baja una columna. Armamos a propósito ese respaldo para hacer de cuenta que la columna no está y tener un lugar cómodo en la cama”, explican. Como sobraba espesor, se aprovechó como espacio para guardado de uso poco cotidiano: “Esos rectángulos, los tocás y se abren”.
Frente a la cama, la pared es larguísima y quedaba poco paso, porque el respaldo había ganado espesor. “En vez de poner un estante o un mueble, dijimos: hagamos que todo esto tenga una terminación, una textura”, cuenta Marina. Así resolvieron un revestimiento de machimbre pintado del mismo color de las paredes.
Baño principal
El baño principal creció y sumó un antebaño con bacha, con el inodoro, el bidet y la ducha en un sector aparte.
El espejo es un botiquín, pedido de la dueña, que además puede abrirse para mirarse hacia atrás. Marina lo resume así: “Reinterpretamos de manera contemporánea un botiquín”.
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