Una familia de Texas, con dos niños de 2 y 4 años, murió en el avión que se estrelló en Florida: quiénes eran las víctimas

Adam Robinson, su esposa Helen Sharp y sus hijos Emma, de 4 años, y Charlie, de 2, integraban una familia de Texas que murió en el avión que se estrelló en Florida.
Los cuatro estaban entre las nueve personas fallecidas cuando el Learjet 60 que había despegado de Austin, Texas, cayó el domingo 1 de noviembre cerca de Greenacres, en el condado de Palm Beach. La aeronave privada se dirigía a las Bahamas, informó Palm Beach Post.
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El siniestro causó la muerte de los siete pasajeros y los dos integrantes de la tripulación. Además de Robinson, Sharp y sus hijos, viajaban la niñera de los menores y otra pareja. El impacto obligó a evacuar a cientos de residentes de un parque de casas móviles cercano.
Los familiares identificaron a Adam Robinson, de 45 años, y a Helen Sharp, de 40, como los padres de Emma y Charlie. La declaración difundida por los allegados precisó las edades de los niños: Emma tenía 4 años y Charlie, 2.
En el avión también iba Anita Maria Cetina, quien cuidaba a los dos menores. Según el mensaje de la familia, Cetina atendía a Emma y Charlie “con ternura y devoción” y formaba parte de su entorno familiar.
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Las otras pasajeras eran Rachael Reed y Charmi Fehr, una pareja. Los allegados las describieron como dos mujeres unidas por su afición por la aventura y por el proyecto de vida que construían juntas.
El Learjet 60 despegó alrededor de las 10.37 desde Austin con destino a las Bahamas. Cerca de las 12.51, la aeronave se precipitó en las inmediaciones de Military Trail y Cresthaven Boulevard, cerca de Greenacres.
Las autoridades no habían difundido una causa del accidente. La investigación deberá determinar las circunstancias en las que el avión perdió el control y se estrelló. Ninguna persona que estuviera en tierra resultó herida, según la información recogida por el diario local.
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El choque afectó el área próxima a un parque de casas móviles y provocó el desplazamiento de aproximadamente 600 residentes. Las labores de respuesta incluyeron la asistencia a los vecinos y el resguardo de la zona del impacto.
En una declaración conjunta compartida en Facebook, los parientes confirmaron las identidades de los pasajeros y agradecieron el acompañamiento recibido.
“Estamos profundamente agradecidos a los socorristas, investigadores y a la comunidad del condado de Palm Beach”, expresaron.
El comunicado presentó a Robinson y Sharp como padres dedicados y señaló que sus hijos eran “la luz de sus vidas”.
También extendió las condolencias a los familiares de los dos pilotos: “Nuestros corazones también están con las familias de los pilotos, que sufren junto a nosotros”.
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Los allegados solicitaron privacidad durante el duelo y adelantaron que darán a conocer los detalles de los servicios conmemorativos cuando concluyan los arreglos.
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTSB) examina indicios de que el avión pudo haber comenzado a desintegrarse antes de tocar tierra.
Tom Chapman, integrante del organismo, señaló que los investigadores detectaron señales de una posible pérdida de componentes en vuelo, aunque todavía no determinaron qué piezas podrían haberse desprendido ni si ese hecho influyó en el accidente.
La hipótesis forma parte de una investigación en etapa inicial. Los equipos buscan restos en zonas alejadas del cráter, incluidos sectores deportivos, comercios y viviendas, para reconstruir la secuencia del vuelo.
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En ese marco, la NTSB pidió a los residentes que no manipulen objetos que puedan pertenecer a la aeronave y que los informen a las autoridades.
También intentan localizar el registrador de voz de cabina, un dispositivo que podría aportar las comunicaciones y sonidos de los últimos minutos.
La documentación de mantenimiento indicaba que estaba instalado, pero los investigadores aún no confirmaron si seguía a bordo cuando ocurrió el siniestro ni si podrá recuperarse entre los restos.
A las 12.47, cuando volaba a unos 11.000 metros (35.000 pies) de altitud, la tripulación comunicó que atravesaba hielo transparente leve y turbulencia moderada.
La temperatura exterior era de −47 °C (−53 °F) y los pilotos indicaron que podían controlar la acumulación de hielo mientras ingresaban en una zona de precipitación.
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El avión recibió autorización para ascender a aproximadamente 11.300 metros (37.000 pies). Menos de 30 segundos después, los pilotos reportaron que descendían, emitieron una llamada de emergencia y comunicaron una condición de exceso de velocidad.
La NTSB deberá establecer si el hielo, la turbulencia, una eventual falla estructural u otros factores estuvieron relacionados con la caída.
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