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Friday, September 11, 2026

Encuentran una excepcional cabeza ibérica esculpida hace 2.400 años en Albacete: siglos después los romanos hicieron algo inesperado con ella

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Una excepcional cabeza ibérica tallada entre los siglos V y IV a.C. apareció reutilizada como material de construcción en un granero romano de Libisosa y podría conducir hasta una necrópolis todavía desconocida.

Arqueólogos recuperan una escultura ibérica de 2.400 años oculta entre las ruinas de un granero romano
Arqueólogos recuperan una escultura ibérica de 2.400 años oculta entre las ruinas de un granero romano. Fotos: Proyecto Libisosa / Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Una cabeza de piedra permaneció durante siglos donde nadie habría pensado buscar una obra de arte ibérica: formando parte de una construcción romana. El fragmento, tallado prácticamente a tamaño natural y recuperado en el Parque Arqueológico de Libisosa, en Lezuza (Albacete), abre ahora una inesperada ventana hacia una etapa del yacimiento mucho más antigua que los edificios del foro que todavía pueden contemplarse en el lugar.

La pieza apareció durante las excavaciones de 2025 entre los restos de un gran edificio de la colonia romana. Sin embargo, no había sido creada para decorar aquella construcción. Los investigadores consideran que fue esculpida entre los siglos V y IV a.C., probablemente como parte de un monumento funerario ibérico. Siglos después terminó reutilizada como material constructivo en el muro norte del horreum, el granero levantado junto al foro durante época de Augusto.

Ese desplazamiento convierte el hallazgo en algo especialmente revelador. La escultura pertenece a un mundo anterior a la monumentalización romana de Libisosa y podría señalar la existencia, todavía por localizar, de una antigua necrópolis ibérica en las inmediaciones. Lo que los constructores romanos utilizaron como una piedra más permite ahora reconstruir un paisaje funerario desaparecido.

El estado de conservación, además, tiene una peculiaridad evidente: falta por completo el rostro. Permanecen los laterales y la zona posterior de la cabeza, suficientes, sin embargo, para apreciar la calidad del trabajo del escultor. Y es precisamente ahí, en aquello que sobrevivió, donde se encuentra una de las principales pistas sobre la identidad de la figura.

Un peinado de hace más de 2.000 años ofrece una pista inesperada

El cabello fue representado mediante trenzas recogidas en la parte posterior y tirabuzones que descienden por los laterales. No parece un detalle secundario. En la iconografía ibérica, determinados peinados, adornos y formas de representar la cabeza podían transmitir información relacionada con la edad, el sexo y la posición social del personaje.

La combinación del peinado con el tratamiento detallado de las orejas lleva a los especialistas a plantear, todavía como hipótesis, que podría tratarse de un varón joven. La ausencia del rostro impide ir mucho más allá. Tampoco se conserva el cuerpo, por lo que desconocemos la postura exacta que adoptaba la figura completa.

Los arqueólogos creen que la cabeza pudo pertenecer a una estatua de pie o a la representación de un jinete. Esta última posibilidad resulta particularmente interesante por la existencia de un paralelo relativamente cercano: el jinete procedente de la necrópolis de Los Villares, en Hoya Gonzalo, también en la provincia de Albacete y conservado actualmente en el Museo de Albacete.

No abundan las esculturas ibéricas de bulto redondo con estas características. Existen ejemplos femeninos, como los documentados en la necrópolis de El Cigarralejo, en Mula (Murcia), pero el descubrimiento de Libisosa incorpora una pieza excepcional a un repertorio arqueológico bastante reducido.

La escultura ibérica, tal y como apareció junto al muro exterior del granero romano de Libisosa
La escultura ibérica, tal y como apareció junto al muro exterior del granero romano de Libisosa. Foto: Proyecto Libisosa / Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha

La cabeza fue esculpida entre los siglos V y IV a.C., varios siglos antes de acabar reutilizada en un edificio romano de época de Augusto.

La pista que conduce hacia una necrópolis ibérica todavía desconocida

La importancia del hallazgo va más allá de identificar a quién representaba. Hasta ahora, Libisosa había proporcionado un extraordinario repertorio de imágenes ibéricas, aunque fundamentalmente asociado a cerámicas de una fase posterior. También habían aparecido elementos arquitectónicos y un fragmento zoomorfo reutilizados durante época romana.

La nueva cabeza cambia la escala de esa información. Su calidad apunta a la existencia de una tradición escultórica monumental vinculada a las élites ibéricas del asentamiento. En este contexto, las estatuas funerarias podían funcionar como una poderosa manifestación pública del prestigio de determinados linajes.

Vista posterior de la cabeza ibérica, donde se aprecia con mayor claridad el elaborado trabajo del peinado
Vista posterior de la cabeza ibérica, donde se aprecia con mayor claridad el elaborado trabajo del peinado. Foto: Proyecto Libisosa / Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha

De ahí surge una de las preguntas más interesantes de la excavación: ¿dónde estaba el monumento al que perteneció? Los investigadores consideran probable que procediera de una necrópolis antigua situada en el entorno de Libisosa. Cuando ese espacio perdió su función y su antiguo significado político y religioso, sus construcciones pudieron convertirse en una cómoda cantera para los proyectos urbanísticos posteriores.

El fenómeno no es extraño en la Antigüedad. Las ciudades crecían utilizando materiales disponibles en sus alrededores y una escultura que durante generaciones había poseído un fuerte valor simbólico podía acabar convertida en mampostería. En Libisosa ocurrió algo parecido: una representación posiblemente aristocrática terminó integrada en la arquitectura práctica de un granero romano.

La ausencia del rostro impide identificar al personaje, pero el peinado conserva algunas de las pistas más valiosas sobre quién pudo ser.

De monumento aristocrático a piedra de construcción romana

El horreum donde fue reutilizada la pieza pertenecía al foro de la colonia romana y fue levantado en época de Augusto. Entre la creación de la escultura y su incorporación al edificio habían transcurrido varios siglos. Durante ese intervalo, el territorio había experimentado profundas transformaciones políticas, sociales y urbanas.

Paradójicamente, aquella reutilización pudo contribuir a que la cabeza llegara hasta nuestros días. El fragmento quedó integrado en una estructura posterior y apareció finalmente entre su derrumbe, más de dos milenios después de haber perdido su función original.

Escalinata monumental que comunicaba el decumano con el foro de la colonia romana de Libisosa
Escalinata monumental que comunicaba el decumano con el foro de la colonia romana de Libisosa. Foto: Proyecto Libisosa / Consejería de Educación, Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha

El equipo del Proyecto Libisosa, dirigido desde la Universidad de Murcia y con participación de investigadores de varias universidades españolas, ha dedicado el último año al estudio de la pieza. Entre los trabajos realizados figuran análisis arqueométricos destinados a conocer mejor la composición de la piedra y comprobar la posible conservación de restos de pigmentación. Los resultados serán objeto de una publicación científica.

Las campañas de 2025 y 2026 han proporcionado además otra sorpresa monumental. En el sector que comunica el decumano con el noroeste del foro se ha completado una gran escalinata de acceso. Hasta ahora únicamente se conocían cuatro escalones superiores; las nuevas excavaciones han descubierto otros seis en sentido descendente.

La cabeza, sin embargo, conduce la investigación hacia un pasado más remoto. Si efectivamente perteneció a un monumento funerario situado cerca de la ciudad, encontrar su lugar de procedencia permitiría conocer mucho mejor a las élites que ocuparon este territorio antes de la consolidación de la colonia romana. Una escultura sin rostro podría estar indicando, literalmente, dónde buscar el próximo gran descubrimiento de Libisosa.

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