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Tuesday, October 20, 2026

A 50 años del debut de Maradona en Primera: de la insólita expulsión que demoró su estreno en Argentinos Juniors al nacimiento del mito

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Sí, claro. Pasa como con el gol de Grillo a los ingleses: lo vieron todos. Y todos vieron debutar a Diego Armando Maradona el 20 de octubre de 1976, en la pequeña cancha de Argentinos Juniors, frente a Talleres. Leyenda pura. Como fue (es) Diego.

Todos vieron el caño a Cabrera. Todos vieron el 1-0 que marcó el entrañable Hacha “Ludueña”. Importa poco si el que habla y cuenta realmente estuvo en La Paternal o macanea de lo lindo. Después de todo, sería congruente con la vida de Diego. ¿Dónde estuvo la realidad? ¿Dónde estuvo la ficción?

Creo que la única verdad es que Diego empezó a ser inmortal esa misma tarde de miércoles en La Paternal, cuando el técnico Montes lo hizo ingresar por Giacobetti. Y en la misma bolsa de aquel pibe de voz aún finita y tímida, de rulos como selva, de músculos marcados que desmentían a una infancia de pobreza en la que los platos a veces eran insuficientes en la casa de Fiorito, se mezcla el de la Ferrari Testarossa que “la vuole nera”, los abrazos con Menem o con Fidel Castro. El Diego total. El de la gente. El que no manchó la pelota.

Los hinchas de Argentinos estaban avisados. En cualquier momento ese “negrito”, porque Diego era “el negrito que viene de Fiorito”, iba a debutar en Primera. El destino era inexorable. Diego hacía jueguito durante los 15 minutos de cada entretiempo y además la rompía en las Inferiores del Bicho. Tanta pasión en ese cuerpito por explotar en el tramo final de la adolescencia contrarrestaba con todos los vaivenes de un viaje largo de Fiorito a La Paternal. Colarse en el Belgrano Sur hasta Pompeya, tomar el 44 y recorrer en línea recta por Curapaligüe, cruzar Rivadavia, llegar a Boyacá y a correr. Mejor dicho, a dibujar.

La dictadura había irrumpido en marzo y el fútbol era una buena distracción de las atrocidades cotidianas. La aparición de Diego, como la vigencia de los grandes equipos y otros futbolistas de ese 76, ayudaba a disimular las barbaridades. Y llegó la primavera. Y ese miércoles. Soleado y agradable. Llegó el día del bautismo que se pudo haber consumado meses antes de ese imborrable 20 de octubre.

Arrastraba River los casi 18 años de frustraciones sin títulos y, cuando conducido por Ángel Labruna estaba por cortar la adversidad eterna, estalló el conflicto entre el gremio de los futbolistas y la AFA porque los jugadores reclamaban la vigencia del Estatuto. Pasó lo peor: huelga.

El 14 de agosto de 1975, River jugaba con Argentinos en la cancha de Vélez. El triunfo le daba el demorado título. En la semana se daba como segura la presencia de ese zurdito enrulado, al menos en el banco, pero no sucedió. River ganó 1-0 con el gol de Bruno y fue campeón. Esa noche, en Liniers, Diego fue alcanzapelotas desde atrás de uno de los arcos.

Hubo otra situación que puso a Maradona al borde del estreno en Primera, pero que él mismo frustró. La historia acaso sea una buena foto de su personalidad, esa que nunca cambiaría. Argentinos visitaba a Vélez y Diego jugaba el partido de Tercera. Tuvo un entredicho con el árbitro y la cuestión terminó con una frase que fue el tiro en los pies. “Sos un desastre”, le dijo ese mocoso insolente el referí cuyo nombre nadie recuerda. Le cayeron cinco fechas de suspensión y la consecuente demora en el debut.

Maradona Argentinos Juniors: debutó el 20 de octubre de 1976, en el comienzo del segundo tiempo ante Talleres (0-1). Jugó con esa camiseta hasta 1980. Fueron 166 partidos con 111 goles anotados. El estadio del club, reconstruido, tiene su nombre.

Lo que sigue es tan conocido que el repaso parece un gasto inútil de espacio y de letras. Las efemérides son para siempre, Montes lo fue preparando durante la semana, advirtiéndole que lo haría entrar ante Talleres. Diego le avisó a la familia en Fiorito y hubo una revolución de entusiasmo, aumentada porque además el club le había dado las llaves del departamento que le había alquilado en la calle Argerich. Faltaba hacer la mudanza. Todo junto en pocos días en la vida de un chico que empezaba a vivir.

Un día como hoy, hace medio siglo, empezaba la más bella historia jamás contada.

Diego y los Maradona se adaptaron rápido a La Paternal. Diego ya era inseparable de Jorge Cyterszpiller, amigo primero y representante después. Diego ya le tiraba los perros a Claudia, la vecina de la casa del zaguán largo. Diego ya iba a las prácticas en auto. Diego empezaba a ser Maradona. Lo que siguió fue extraordinario.

Habría que dejar de lado por un rato lo deportivo. Porque lo excede a Diego. Jugó en Boca, sí. Lo vendieron a Barcelona, sí. Lo quebraron,sí. Se peleó con los catalanes, sí. Impulsó su venta al Napoli, sí. Hizo grande al Napoli. Y antes fue campeón mundial juvenil en Japón. Y mientras reivindicaba al sur contra el norte de Italia, se consagraba en México. ¿Quién no lo sabe? ¿Eso es solamente Diego?

Es el Maradona de la calle Franklin. El de los amores y desamores, el de los hijos naturales, el showman de TV, el que protegió a Messi, el que se peleó con casi todo el mundo y se amigó con algunos. Es el sello más argentino que existe.

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