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Friday, November 6, 2026

En 1963, EEUU lanzó cerca de 500 millones de agujas al espacio para ganar una guerra. 63 años después, algunas siguen girando alrededor de la Tierra

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En plena Guerra Fría, Estados Unidos tuvo una idea que parecía sacada de una novela fantástica: rodear la Tierra con cientos de millones de agujas de cobre para proteger sus comunicaciones militares frente a la Unión Soviética. El experimento llegó a funcionar, pero dejó una herencia de lo más inesperada. Más de seis décadas después, parte de aquel gigantesco anillo artificial continúa dando vueltas alrededor del planeta.

Una guerra que también se libraba en las comunicaciones. A finales de los años cincuenta, Washington tenía un problema estratégico. Sus comunicaciones a larga distancia dependían de los cables submarinos y de la ionosfera, una capa de la atmósfera que permite reflejar determinadas ondas de radio. Los primeros podían ser saboteados por la Unión Soviética y la segunda podía sufrir interferencias por tormentas solares o acciones enemigas. 

En caso de guerra nuclear, perder el contacto con las fuerzas desplegadas por el mundo podía resultar catastrófico. El Pentágono necesitaba un sistema que funcionara incluso si las infraestructuras terrestres quedaban inutilizadas.

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La solución estaba a 3.600 kilómetros de altura. En 1958, el ingeniero Walter Morrow, del Laboratorio Lincoln del MIT, propuso construir una especie de ionosfera artificial utilizando millones de pequeños filamentos metálicos. La iniciativa, conocida inicialmente como Project Needles y posteriormente como Project West Ford, pretendía crear un gigantesco reflector de radio que no dependiera de cables ni estaciones repetidoras vulnerables. 

En lugar de apostar por una única infraestructura que pudiera ser atacada, Estados Unidos distribuiría cientos de millones de diminutas antenas pasivas por el espacio, imposibles de inutilizar todas al mismo tiempo.

West Ford Needles And Stamp Agujas del proyecto West Ford comparadas con un sello postal

480 millones de agujas para rodear el planeta. El 9 de mayo de 1963, Estados Unidos lanzó una carga con aproximadamente 480 millones de filamentos de cobre, cada uno de 1,78 centímetros de longitud y menos de 0,02 milímetros de grosor. Las agujas, con un peso conjunto de unos 20 kilos, estaban empaquetadas en un material diseñado para evaporarse bajo la radiación solar y liberarlas a unos 3.600 kilómetros de altitud. 

Durante aproximadamente 40 días fueron extendiéndose hasta formar un cinturón alrededor del planeta. Cada filamento funcionaba como una pequeña antena capaz de reflejar señales de microondas cercanas a los 8 gigahercios, permitiendo transmitir mensajes entre estaciones terrestres separadas por miles de kilómetros.

Westford Dipole Dispenser Canister Udvar Hazy Center Exhibición del dispensador de dipolos Westford en el Steven F. Udvar-Hazy Center

Y funcionó. El primer intento, realizado en octubre de 1961, había fracasado porque las agujas no llegaron a dispersarse correctamente. La segunda misión consiguió establecer comunicaciones entre Massachusetts y California, transmitiendo voz, datos digitales y mensajes de teletipo. Las primeras pruebas alcanzaron velocidades de 20.000 bits por segundo, aunque la capacidad cayó progresivamente hasta unos 100 bits por segundo conforme los filamentos se separaban. 

Después de aproximadamente 50 días, la nube era demasiado tenue para mantener las comunicaciones iniciales. Estados Unidos había demostrado que podía convertir el espacio en una gigantesca antena, pero también que aquella solución tenía importantes limitaciones.

Westford Radio Telescope Haystack Observatory Dsc03999 El radiotelescopio Westford, de 18,3 m, fue construido en 1961 por el Lincoln Laboratory para el Proyecto West Ford como una antena de radar en banda X

El escándalo llegó hasta Naciones Unidas. Los astrónomos llevaban años denunciando que millones de fragmentos metálicos podían perjudicar las observaciones del cielo y provocar contaminación espacial. La Unión Astronómica Internacional protestó formalmente en 1961 y el periódico soviético Pravda acusó a Estados Unidos de ensuciar el espacio. Kennedy intervino para ofrecer garantías sobre la duración del experimento y el embajador Adlai Stevenson tuvo que responder a las críticas ante Naciones Unidas. 

La controversia, de hecho, contribuyó a impulsar debates sobre la responsabilidad de los Estados en el espacio, una cuestión que terminaría reflejada en el Tratado del Espacio Exterior de 1967.

Clumps Of Project West Ford Needles Representación gráfica de 46 agrupaciones de agujas del proyecto West Ford que, a finales de 2013, se sabía que estaban en órbita

El problema es que millones de agujas nunca se separaron. Los responsables habían calculado que la radiación solar modificaría progresivamente las órbitas de los filamentos hasta provocar su regreso a la atmósfera. Con las agujas individuales acertaron: a finales de 1965, el cinturón artificial prácticamente había desaparecido. 

Sin embargo, una investigación posterior de la NASA descubrió que solo entre el 25% y el 45% de los 480 millones de filamentos se habían dispersado correctamente. El resto permaneció agrupado en pequeños conglomerados, algunos capaces de sobrevivir mucho más tiempo en órbita. Los científicos habían previsto que la mayoría regresaría en menos de diez años, pero numerosos fragmentos superaron ampliamente ese plazo.

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63 años después, todavía están dando vueltas alrededor de la Tierra. Un análisis publicado en octubre de 2026, basado en los catálogos orbitales CelesTrak y GCAT, encontró entre 36 y 39 agrupaciones de agujas todavía registradas en órbita, aunque ambas bases presentan ciertas discrepancias. La cifra más sólida es de 23 objetos identificados por ambos catálogos y con datos orbitales recientes.

El último reingreso registrado se produjo en abril de 2024, más de seis décadas después del lanzamiento. No se ha documentado ninguna colisión provocada por estos restos, pero su permanencia ilustra como pocos los problemas de la basura espacial. Los satélites de comunicaciones activos acabaron convirtiendo West Ford en una tecnología obsoleta, pero parte de aquella antena artificial sigue orbitando la Tierra, como testimonio de uno de los experimentos más insólitos de la Guerra Fría.

Imagen | RawPixel, GeneralNotability, Daderot 

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