"Tierra de nadie": 3 territorios que no pertenecen a ningún país (y por qué nadie los reclama)

- Autor, Lizzy McNeill y Josh McMinn
- Título del autor, BBC, serie "More or Less"
Fecha de publicación
Tiempo de lectura: 8 min
A veces, los acontecimientos de enorme trascendencia práctica nos llevan a pensamientos deliciosamente inútiles.
Eso le pasó a Nigel, uno de los oyentes fieles de la BBC. Mientras reflexionaba sobre el conflicto en Irán y la disputa marítima por la soberanía del estrecho de Ormuz, su mente se desvió hacia una pregunta mucho más amplia y, honestamente, mucho menos urgente: ¿Qué porcentaje de la superficie de la Tierra no le pertenece absolutamente a nadie?
¡Ah, el glorioso romanticismo de un rincón del mundo sin dueño! Un refugio lejos de los titulares deprimentes y del estrés de la rutina diaria.
Para averiguar si queda alguno, conversamos con Mark Cooper Jones, geógrafo e integrante del conocido dúo británico de YouTube Map Men.
"Cuánta superficie del mundo no le pertenece a nadie es una pregunta muy interesante, pero depende totalmente de cómo la plantees", advirtió inmediatamente.
Como la mayor parte del planeta es océano, no tierra firme, quizás el mar es el mejor punto de partida.
"En cuanto te alejas 200 millas náuticas (unos 370 kilómetros) de la costa de cualquier país, estás en lo que se llama alta mar, y el derecho marítimo internacional dice que eso es, básicamente, para el bien común de toda la humanidad. Cualquiera puede pescar allí o hacer investigación científica".
La idea de que nadie puede ser dueño de los mares se remonta al siglo XVII, cuando el neerlandés Hugo Grocio escribió un tratado titulado Mare Liberum o "Mares libres" en latín.
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Su razonamiento era que solo se puede poseer aquello que se agota con el uso, y el mar es tan inmenso que no puede convertirse en propiedad de nadie.
Así nació el concepto de las aguas internacionales, y hablamos de una parte gigantesca del planeta: alrededor del 43% de la superficie de la Tierra entra en esta categoría, según el Foro Económico Mundial.
Pero ¿qué pasa en la tierra firme? ¿Existen pedazos que no le pertenecen a nadie?
Es hora de aprender otra frase en latín.
Terra nullius

Fuente de la imagen, Getty Images
Terra nullius, o tierra de nadie, es más que una etiqueta, explica Cooper Jones: es una doctrina que permite reclamar territorios que nadie más ha reclamado ni ocupa.
"Esta idea se utilizó de una manera un tanto controvertida, sobre todo durante la época de la expansión colonial. Aunque en muchos de los lugares colonizados vivía gente, como no se había organizado en algo parecido a los Estados-nación reconocibles, se les colgaba el cartel de terra nullius para decir que estaban disponibles", relata Cooper Jones.
"Todavía se pueden encontrar mapas que marcan toda África como terra nullius, aunque, por supuesto, allí vivían muchísimas personas. Era una forma de decir: 'Esto no se parece a Gran Bretaña, ni a España, ni a Austria, así que probablemente nos lo podemos quedar'".
Hoy en día, terra nullius se entiende generalmente como un territorio no reclamado por ningún Estado y que no está sujeto a la soberanía de ningún gobierno reconocido.
Pero ya casi todo tiene dueño. Quedan solo un par de excepciones diminutas… y una enorme.
Tierra de Marie Byrd

La mayor está en la Antártida: más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados que ningún país posee ni reclama. Se llama Tierra de Marie Byrd, un nombre que tiene su historia.
"Se lo puso un capitán de la Marina de Estados Unidos que también era explorador antártico, Richard Byrd, hace unos cien años. Su esposa, Marie, le escribía cartas mientras él recorría aquel inmenso desierto helado, y él bautizó con su nombre el tramo más duro de explorar. Así que, si alguien tiene algún derecho sobre ese extenso territorio, es Marie Byrd. Pero murió hace unos 60 años", dice Cooper Jones.
En 1959 se firmó el Tratado Antártico, que dejó congeladas los reclamos territoriales sobre el helado continente, dejándolo bajo un régimen internacional dedicado exclusivamente a la paz y la ciencia.
Pero ni siquiera los siete países que habían presentado formalmente sus reivindicaciones —Argentina, Australia, Chile, Francia, Nueva Zelanda, Noruega y Reino Unido—, ni tampoco Estados Unidos y Rusia, que mantienen una "base de reclamación" y se reservan el derecho a presentar las suyas en el futuro, ha extendido jamás sus pretensiones hasta la Tierra de Marie Byrd.
¿Por qué sigue sin dueño?
En parte, por pura lejanía, explica Cooper Jones: "Es remoto incluso para los estándares de la Antártida. Su costa no está cerca de ninguna otra: ni del extremo de Sudamérica, ni de Australia, ni de nada parecido. Llegar es dificilísimo. Casi nadie sobrevuela esa zona, salvo los aviones que la cartografían".
Y añade: "Por ahora, la cosa se mantiene así. Pero ya sabes: en cuanto alguien encuentre algo increíblemente valioso, o las capas de hielo empiecen a derretirse en la Antártida, puedes apostar a que, de repente, ese territorio acabará siendo objeto de algún tipo de disputa".
Aparte de la Antártida, prácticamente toda la tierra del planeta pertenece a algún Estado. Con dos salvedades notables que son paradojas fascinantes de la geopolítica: la única razón por la que existen es porque los países involucrados prefieren renunciar a ellas con tal de ganar un premio mayor.
Bir Tawil

Bir Tawil está en la frontera entre Egipto y Sudán, y quedó en una situación peculiar porque hace más de un siglo, lo británicos trazaron dos líneas fronterizas distintas entre los dos países emergentes por los británicos.
La primera, de 1899, era una recta impecable ("éramos muy buenos dibujando rectas", bromea Cooper Jones). En 1902 los británicos quisieron fijar una frontera extra administrativa.
"En esa ocasión, se pusieron más creativos y la dibujaron con una curva en forma de S que bajaba y luego subía por encima de la primera", señala Cooper Jones.
El resultado es que cada país defiende una línea distinta. Entre ambas queda el triángulo de Hala'ib, una porción de tierra útil que, según la primera frontera, es egipcia y, según la segunda, sudanesa.
Pero la segunda frontera dejó además una bolsa más pequeña y mucho menos valiosa: Bir Tawil. Y aquí está la trampa: por la forma de la S, si cualquiera de los dos países reclama Bir Tawil, renuncia automáticamente a su reclamación sobre el triángulo de Hala'ib.
Ambos reclaman Hala'ib, ambos rechazan Bir Tawil, de manera que esta última es, de facto, terra nullius.
Pero ¿y si alguien decidiera reclamarlo? En 2014, un hombre llamado Jeremiah Heaton fue a probar suerte.
"Era un estadounidense que se plantó allí, clavó una bandera en el desierto y se fue a algún programa de noticias a decir que ahora era dueño de un país nuevo, y que se había adueñado del territorio para que su hija pudiera ser una princesa de verdad. Imagino que ella se moría de vergüenza", dice Cooper Jones.
"No creo que Jeremiah consiguiera mucho reconocimiento internacional para su nuevo país. Pero hay otras personas que han ido un paso más allá que él".
Gornja Siga

El otro caso de terra nullius está entre Croacia y Serbia, cuya frontera administrativa oficial se estableció en 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial, bajo el marco de la naciente República Federativa Socialista de Yugoslavia.
Era una frontera natural: el río Danubio, pero fue fijada según el curso sinuoso que aparecía en los mapas catastrales del antiguo Imperio austrohúngaro del siglo XIX, que no habían sido actualizados.
Pero los ríos —como advirtió Heráclito— cambian y en este caso aún más, pues a finales de ese siglo y principios del XX se realizaron grandes obras de ingeniería para enderezarlo y facilitar la navegación.
"Con eso Croacia perdería mucho territorio que Serbia ganaría. Croacia sostiene que la frontera es el viejo trazado serpenteante, ahora sin agua. Serbia dice que la frontera es donde esté el río", afirma Cooper Jones.
El enderezamiento del cauce dejó a Croacia con una pequeña bolsa de tierra, Gornja Siga. Pero, igual que en Bir Tawil, aceptarla implicaría admitir que la frontera es el nuevo curso del Danubio y, por tanto, renunciar a todas las zonas que se fueron del lado serbio.
Resultado: cada país dice que ese pedacito es del otro. Otra terra nullius.
¿Y ha intentado alguien reclamarla?
Sí: el político checo Vít Jedlička, quien en 2015 fundó allí Liberland, una micronación de inspiración libertaria no reconocida.

Fuente de la imagen, Getty Images
"Se nombró presidente de esas 700 hectáreas, y cobra algo así como US$10.000 por la ciudadanía y tiene más de mil ciudadanos, así que le va muy bien", cuenta Cooper Jones.
"Eso sí, cada vez que intenta poner un pie en su 'país', la policía croata lo detiene y ha pasado un par de noches en el calabozo. Pero no se puede negar que está haciendo una pequeña fortuna con el negocio".
Liberland sigue intentando demostrar activamente que cumple con los requisitos del derecho internacional (específicamente la Convención de Montevideo), que exige tener una población permanente para ser considerado un Estado de verdad.
Pero, aunque en sus canales oficiales el gobierno de Liberland asegura con orgullo que el territorio dejó de estar despoblado en agosto de 2023 y que hay un asentamiento en marcha, las cámaras de la prensa internacional muestran un panorama muy distinto.
Como Gornja Siga colinda con una frontera exterior de la Unión Europea, las patrullas fronterizas croatas controlan estrictamente los accesos por tierra y agua. Cualquier intento de los colonos libertarios por edificar estructuras permanentes termina con la policía croata demoliendo los campamentos provisionales.
Al final, Liberland es un próspero Estado digital que está en la mente de sus ciudadanos, pero en el mundo físico sigue siendo terra nullius.
Así que, alrededor del 43% de la superficie del planeta no le pertenece a nadie, pero casi todo es agua. La tierra sin dueño, incluso contando ese enorme bloque de la Antártida, ocupa menos de un tercio del 1% de la superficie terrestre total.
* Este artículo está basado en un episodio de la serie de la BBC "More or Less". Escúchala en tu app de podcasts favorita
Mapas por Daniel Arce-Lopez, del equipo de periodismo visual de BBC Mundo
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