Elecciones en Brasil: las presiones de Trump, la respuesta de Lula y la cercanía de Flávio Bolsonaro con EE.UU.

En la recta final de la campaña de cara a las elecciones del 4 de octubre, en las que buscará un cuarto mandato, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, hizo este martes de la defensa de la soberanía y la democracia el eje de su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
“Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, afirmó Lula desde la tribuna de la ONU, al advertir sobre las “tentaciones hegemónicas” de “la mayor potencia del mundo”, en alusión a Estados Unidos. El mandatario dijo que América Latina necesita “socios con una agenda positiva” y no presiones externas.
En su décima intervención ante la Asamblea General y la última de su actual mandato, Lula aseguró, además, que la región vuelve a presenciar “injerencia externa en procesos electorales” y que “la democracia está nuevamente en jaque”.

Si el senador Flávio Bolsonaro resultara electo, EE.UU. contará en Brasilia con otro socio ideológico en la región, tras haber apoyado las victorias de sus aliados en Colombia, Honduras y Argentina, entre otros. Una de las hipótesis más comentadas es que, de lo contrario, Washington podría impugnar los resultados de los comicios. “Si la segunda vuelta de las elecciones brasileñas resulta reñida y Lula gana por un margen estrecho, es probable que Trump no reconozca los resultados o insista en que el ganador fue Flávio Bolsonaro”, comentó recientemente a La Tercera James N. Green, profesor emérito de Historia y Cultura Brasileña en la Universidad de Brown.
La Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin), ya anticipó el riesgo crítico de una interferencia electoral por parte de EE.UU., en un informe enviado al gobierno y al Tribunal Electoral, según el diario Folha de Sao Paulo.
“Trump ya está adoptando una postura de confrontación hacia el gobierno de Lula, mientras que figuras de su propio gobierno, e incluso él mismo, aparecen junto la familia Bolsonaro”, afirma Pedro Telles, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), en declaraciones citadas por la Deutsche Welle. “Es probable que esta situación se agudice a medida que se acerque la segunda vuelta”, añade en alusión a un eventual balotaje el 25 de octubre.
También el Instituto Vladimir Herzog, organización en pro de la democracia y los derechos humanos, envió cartas de alerta a las autoridades en Brasilia y al secretario general de la ONU, António Guterres, apunta la cadena alemana.

Este último medio destaca que la administración republicana en Estados Unidos ha intensificado la presión sobre Brasil desde el año pasado: impuso aranceles comerciales; calificó a ciertos grupos criminales de “terroristas” y acusó al país de no combatirlos; aplicó sanciones contra ciudadanos presuntamente vinculados a la organización criminal Primeiro Comando da Capital (PCC), así como contra autoridades y sus familias, y se desvió del procedimiento diplomático para nombrar un embajador en Brasilia.
Lista con 21 demandas
Incluso, casi 12 meses antes de las elecciones brasileñas, la Casa Blanca aprovechó las negociaciones arancelarias para pedirle al Palacio de Planalto que garantizara la participación de “disidentes políticos”. Sin embargo, esta exigencia fue desestimada y se mantuvo en secreto hasta la semana pasada.
Según fuentes al tanto de las negociaciones, un documento del gobierno de Donald Trump, presentado a representantes diplomáticos brasileños el 16 de octubre del año pasado, contenía una lista de demandas estadounidenses en el marco de las conversaciones sobre el fuerte aumento de aranceles. Sin embargo, el punto relativo a la cuestión política no fue aceptado en las conversaciones entre ambos países.
La existencia del documento fue revelada por el diario O Estado de Sao Paulo y confirmada por O Globo. Según la publicación, el texto recogía 21 demandas presentadas por el gobierno de Trump en octubre del año pasado, tras la imposición de aranceles del 50% a productos brasileños.
Entre las demandas, Estados Unidos habría exigido que los “disidentes políticos” en Brasil no fueran detenidos, encarcelados ni impedidos arbitrariamente de participar en la contienda por la presidencia. También solicitó que la elección se desarrollara de manera “justa y libre”.

Más allá de la demanda electoral, EE.UU. exigió garantías relacionadas con la libertad de expresión y la aplicación, en territorio brasileño, de sanciones financieras determinadas por el Tesoro estadounidense.
El documento también detalla cómo los estadounidenses pretendían obtener ventajas en el sector de minerales críticos y tierras raras de Brasil y en otros diversos segmentos económicos. A cambio, EE.UU. ofrecía “ajustes” en los aranceles, asegura O Estado de Sao Paulo. O Globo agrega que también existía un pedido de compromiso de compra de aviones Boeing por parte de las aerolíneas brasileñas.
Tras ser informado sobre las exigencias del gobierno de Trump para negociar el fuerte aumento arancelario, Lula respaldó la decisión del canciller Mauro Vieira de no proseguir con las negociaciones basadas en la propuesta original estadounidense, detalla el diario paulista.
Según integrantes del Palacio de Itamaraty, el ministro calificó el documento de “inaceptable” y, por tanto, “nacido muerto” tan pronto como tuvo conocimiento de su contenido, en la mañana del 16 de octubre de 2025.
Al reaccionar ante el nuevo y fuerte aumento arancelario de hasta el 37,5% decretado por Trump el pasado mes de julio, el ministro Vieira afirmó que los estadounidenses buscaron la “capitulación” de Brasil. Según él, el gobierno de Lula “no cedió ante pretensiones desmedidas ni demandas irrazonables presentadas en el transcurso de las negociaciones”.
— Estadão 🗞️ (@Estadao) September 17, 2026EXIGÊNCIAS DE TRUMP | Lula endossou ato de Vieira de rejeitar exigências dos EUA sobre dissidentes, Boeing e terras raras
Segundo integrantes do Itamaraty, o documento foi tratado pelo ministro como “inaceitável” e, portanto, “natimorto”, assim que ele tomou conhecimento do… pic.twitter.com/Z2ufEIv4Bd
Sin embargo, a finales de agosto se iniciaron nuevas conversaciones. Según fuentes de la Presidencia, ya ha habido intercambios de información y reuniones, y EE.UU. se comprometió a plasmar nuevamente por escrito una propuesta de negociación con los puntos que desea incluir. Se espera que el gobierno de Trump reitere algunas de sus demandas. Está prevista una nueva reunión ministerial para finales de septiembre en Estados Unidos, en el marco de un encuentro del G-20, detalló O Estado de Sao Paulo.
Repensar la relación
En Brasilia, fuentes diplomáticas citadas por el diario La Nación reconocen que el vínculo con el gobierno de Trump fue y es un dolor de cabeza que tiene que ser enfrentado con nuevas estrategias de aproximación. Hasta ahora, el gobierno de Lula “no ha logrado tender puentes eficientes” en Washington y, en caso de una victoria en las elecciones, “deberá repensar la relación”. Se espera un cambio de embajador, probablemente seguido de un relevo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, detalla el medio.
En la capital brasileña, agrega el periódico argentino, es conocido el deseo del canciller Mauro Vieira de seguir en su puesto, pero fuentes cercanas a Lula afirman que la tendencia del presidente sería cambiar el comando de Itamaraty. Las dificultades en la relación con Estados Unidos explicarían, de suceder, mucho de esa eventual decisión.
¿Y qué pasa si gana la elección Flávio Bolsonaro? Ese escenario es cada día más mencionado en Brasilia y genera preocupación en Itamaraty por la posibilidad de que su hermano, Eduardo Bolsonaro, sea el futuro canciller de Brasil.
El exdiputado fue condenado a cuatro años y dos meses de prisión por el delito de coacción en el curso de un proceso judicial. El Supremo Tribunal Federal determinó por unanimidad que el exparlamentario utilizó su influencia internacional para presionar, amenazar e intentar desestabilizar a la justicia brasileña con el fin de frenar la condena de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. Este será un problema que Flávio Bolsonaro deberá enfrentar si quiere, en caso de ganar, cumplir los deseos de su hermano de nombrarlo canciller, destaca La Nación.
Y agrega: “Hay un debate interno, eso está claro, pero también es evidente que recomponer la relación con Estados Unidos sería más fácil si resulta electo Flávio Bolsonaro. La duda radica en el nivel de sumisión que tendría un segundo gobierno de la familia Bolsonaro en relación con Washington”.
Pero Fernanda Magnotta, investigadora sénior del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales, sostiene en un artículo publicado en Americas Quarterly que las elecciones en Brasil “plantean a Washington un claro contraste en materia de política exterior”.
Brazil’s October elections will have major foreign-policy implications, but President Lula and Flávio Bolsonaro have more in common than meets the eye on certain key issues, including trade with China and critical minerals, writes @fermagnotta:https://t.co/XUZ1Ycr2iu
— Americas Quarterly (@AmerQuarterly) September 24, 2026
“El programa del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva sitúa la autonomía estratégica, la diplomacia universalista, los BRICS y el Sur Global en el centro del papel internacional de Brasil. Por su parte, la campaña del senador Flávio Bolsonaro promete recomponer las relaciones con Estados Unidos y otros socios tradicionales, restablecer una diplomacia más pragmática y otorgar mayor peso al comercio, la inversión y la vinculación con instituciones occidentales como la OCDE”, escribe la también profesora del Programa de Relaciones Internacionales de la Fundación Armando Alvares Penteado en Sao Paulo.
“Sin embargo, esto no se traduce directamente en una elección entre Washington y Beijing. Lula busca diversificar sus asociaciones y rechaza la lógica de una nueva Guerra Fría. Bolsonaro apuesta por negociar con todos –‘desde China hasta la Unión Europea, desde Estados Unidos hasta los mercados asiáticos’-, evitando al mismo tiempo una dependencia excesiva de un solo socio. En otras palabras, Lula no excluiría a Estados Unidos, y la mayor receptividad de Bolsonaro hacia Washington no implicaría una alineación automática en todas las cuestiones”, sostiene la académica.
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