O somos un misterio o somos un problema

Los problemas se pueden resolver, los enigmas se pueden descifrar, con los misterios hay que convivir. ¿Qué es la vida? ¿Un problema a resolver, un enigma a descifrar o un misterio que nos envuelve? Según cuenta en uno de los ensayos que publica habitualmente en la plataforma Substack, el filósofo Håkon Evjemo, de la Universidad de Shefield, en Inglaterra, durante largo tiempo creyó que la vida se resumía en una serie de problemas a resolver. Y empezó a sumergirse en libros de divulgación científica para solucionar esos inconvenientes. Cita títulos como Por qué dormimos, de Matthew Walker, Hábitos atómicos, de James Clear, Cuida tu intestino, de Kate Scarlata y Megan Riehl, o El cerebro que se cambia a sí mismo, de Norman Doidge, representativo de un género que inunda las librerías, al unísono con terapias, practicas físicas y una interminable batería de propuestas y promesas de solución o de prevención para todas y cada una de las alternativas que plantea el simple hecho de vivir.
No había día en que no se le ofreciera una nueva solución para un problema real o posible de la vida, hasta que, confiesa Evjemo, advirtió que había caído en una de las modas de la época
No había día en que no se le ofreciera una nueva solución para un problema real o posible de la vida, hasta que, confiesa Evjemo, advirtió que había caído en una de las modas de la época. El maxxing, “jerga de internet referida a la cuantificación y optimización despiadadas para tomar el control de la propia vida reduciéndola a una serie de problemas solucionables”. De allí lo rescataron las ideas del filósofo francés Gabriel Marcel (1889-1973), existencialista cristiano que, ya a mediados del siglo pasado, advertía sobre los peligros de la modernidad. El mundo entero está roto, como una máquina, indicaba Marcel (gran amigo y consejero de pensadores imprescindibles, como Simone Weil y Albert Camus), y dentro de ese mundo nos vemos a nosotros como un conglomerado de piezas que pueden ser reparadas, aisladas o mejoradas.
Vivir para trascender o vivir para funcionar. Esa es la cuestión, hoy más que nunca, en un mundo utilitario que Marcel ya veía venir cuando señalaba: “Los hospitales, antes entendidos como lugares de cuidado, atención y solidaridad ante el sufrimiento, se convierten en talleres de reparación”
Fundador, junto a figuras como Emmanuel Mounier, de la corriente filosófica conocida como personalismo, que pone a la figura humana en el centro de sus reflexiones, Marcel, quien también fue dramaturgo y músico, desarrolló su pensamiento y su obra alrededor de la cuestión del misterio del ser. Se hizo famoso a partir de 1935, cuando en su obra Ser y Tener planteó la diferencia entre “misterio” y “problema” en cuanto a la vida humana. Vivir para trascender o vivir para funcionar. Esa es la cuestión, hoy más que nunca, en un mundo utilitario que Marcel ya veía venir cuando señalaba: “Los hospitales, antes entendidos como lugares de cuidado, atención y solidaridad ante el sufrimiento, se convierten en talleres de reparación”.
Rendir, producir, maximizar son verbos centrales de esta época, en la que enfocados en el tener podemos tratar a los demás como medios para nuestros fines, decía Marcel. Mientras orientados al ser aparece la relación, la comunidad, el otro como tal, en toda su dimensión y dignidad. Si la vida es una sucesión de problemas a solucionar, esos problemas estarán siempre afuera y buscaremos para ellos especialistas, como quien lleva su auto a un taller. La pregunta por el sentido de nuestra vida se nos hace entonces ajena y lejana. La vida se convierte así en un complejo de piezas y funciones que hay que reparar y mejorar para que, si fuera posible, dure eternamente. Pero si, en cambio, es un misterio, éste está en nosotros y nos interroga a cada momento. ¿Cómo y para qué hemos de vivirla, puesto que la vida es finita en el tiempo?
El tipo de libros, terapias y prácticas físicas y mentales a los que acudió Håkon Evjemo, y como él legiones de “optimizadores”, no contienen las respuestas. Estas deben buscarse en el misterio de la existencia de cada uno de nosotros. Es decir, adentro y no afuera. En el lugar más misterioso. Aunque, como escribió Gabriel Marcel, “este mundo por un lado está plagado de problemas y, por otro, empeñado en no dejar lugar al misterio”.
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