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Thursday, October 15, 2026

"Una carta para quienes asumen que les caen peor a los demás de lo que aparentan: la investigación indica que están equivocados"

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Muchas personas interpretan las relaciones sociales desde la duda y tienden a pensar que los demás las valoran menos de lo que muestran. Ese mecanismo lleva a revisar conversaciones, gestos y silencios en busca de señales negativas. Una respuesta demorada puede adquirir más importancia que varios comentarios positivos.

La investigación citada por Bolde plantea una posibilidad diferente: quienes creen que agradan menos de lo que aparentan suelen estar equivocados. En distintos experimentos, las personas subestimaron cuánto gustaban a sus interlocutores.

Las señales positivas reciben explicaciones alternativas antes de ser consideradas. (Foto: Freepik)

Los indicios favorables reciben explicaciones alternativas, mientras cualquier gesto incómodo puede ser tomado como confirmación de que algo salió mal.

Cuando las señales positivas nunca alcanzan

El patrón puede convertirse en un juicio permanente. Una persona se ríe de un comentario y se interpreta que simplemente está siendo amable. Si escribe primero, quizá estaba aburrida. Si invita a salir, tal vez invitó a todo el mundo.

En cambio, una respuesta más fría o un silencio breve reciben un peso mayor. Las pruebas positivas necesitan una explicación adicional, mientras las negativas parecen suficientes por sí mismas.

Los estudios encontraron que las personas subestiman cuánto agradan en una conversación. Foto Shutterstock

El artículo recuerda una investigación del psicólogo social Roy Baumeister, según la cual los acontecimientos negativos pueden pesar más que los positivos de igual magnitud.

Los estudios encontraron una diferencia constante

La investigación sobre las percepciones sociales preguntó a personas cuánto les había agradado su interlocutor y cuánto creían haberle agradado a la otra persona.

Los resultados mostraron repetidamente una diferencia: los participantes tendían a subestimar cuánto gustaban y cuánto habían sido disfrutadas sus conversaciones. La psicóloga Erica Boothby observó este fenómeno al estudiar encuentros entre desconocidos.

Una respuesta fría puede adquirir más importancia que gestos favorables. Foto Shutterstock.

Según el artículo, esa diferencia también apareció entre compañeros de habitación universitarios durante gran parte del año académico y fue todavía mayor entre personas tímidas o con baja autoestima.

El hallazgo modifica la interpretación habitual. Pensar que alguien disfrutó una conversación no necesariamente significa ser ingenuo. Una invitación puede significar exactamente lo que dice, del mismo modo que un comentario afectuoso puede ser sincero. Si todo puede interpretarse como obligación, cortesía o casualidad, nunca existe suficiente evidencia para confirmar que funciona.

Aprender a no convertir la duda en una certeza

El objetivo no consiste en asumir que todo el mundo quiere a una persona ni en ignorar señales reales de incomodidad. La propuesta es dejar de considerar automáticamente que la explicación menos favorable es la más inteligente.

Muchas personas están tan concentradas en evaluar su propio comportamiento que dejan de observar al otro. Ambos pueden marcharse pensando en sus propios errores, sin advertir que la interacción fue agradable. Por eso, aceptar un cumplido o creer una invitación puede ser más razonable que buscarle inmediatamente una explicación oculta.

La propuesta es dejar de convertir cada duda en una conclusión negativa. Foto Shutterstock.

Quienes interpretan cada pausa, silencio o demora como una señal de rechazo podrían estar equivocados. Tal vez las risas fueron genuinas, las invitaciones fueron sinceras y los demás disfrutaron compartir tiempo con ellos.

En definitiva, la investigación invita a revisar una costumbre bastante extendida: creer que los demás están pensando en nuestros errores más de lo que realmente lo hacen. A veces, la explicación más sencilla es también la correcta: la otra persona disfrutó el encuentro y probablemente nos valora más de lo que creemos.

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