El derrumbe del sueño venezolano en Chile

“Ven a Chile. Encontrarás trabajo rápido, hay muchas oportunidades laborales. Es mucho mejor la calidad de vida acá que en Venezuela”.
Es lo que le repetían a Jondry Almeida (43) sus amigos venezolanos que se habían instalado en el país. Al principio lo dudó, sobre todo por la estabilidad laboral que tenía en el negocio de su tía en Caracas.
En 2018 se convenció de que emigrar sería lo mejor para su futuro: la represión del gobierno de Nicolás Maduro y el alto costo de vida se volvieron insostenibles. Consiguió los permisos correspondientes y se instaló en el país. Los primeros meses trabajó en cosechas y ferias libres, hasta que consiguió su visa definitiva y se empleó como ayudante de cocina en un restaurante de Santiago.
Ganaba $600 mil mensuales. Con eso podía costear el arriendo de una habitación de alrededor de $150 mil, sus gastos básicos y hasta destinaba una parte para salir con amigos.
De Maipú se fue a vivir a Quinta Normal y luego a Santiago Centro. Le gustaban los parques de la comuna. Almeida se desempeñó como locutor de dos programas en la Radio Chevere, una emisora de venezolanos en Chile. En Venezuela estaba estudiando Comunicación Social, pero no logró graduarse, la radio le permitió retomar esa vocación.
“Los primeros años fueron buenos momentos. Llegué a un país muy diferente en el buen sentido, aunque me costó la tramitación conseguí mi visa definitiva, algo que muchas personas no pudieron obtener. Me sentía muy agradecido, tenía un futuro en Chile”, dice Almeida.
Sin embargo, en los últimos tres años esa impresión se fue deteriorando. Su sueldo, que se mantenía igual desde hace ocho años, ya no alcanzaba para sus gastos. El arriendo de su pieza subió a $300 mil, lo que dejaba poco margen para todo lo demás.
Almeida comenzó a pensar en la idea de irse de Chile. Muchos de sus amigos ya habían tomado esa decisión, la mayoría eligió España o Estados Unidos, antes de que se intensificaran los controles del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés).
Además, su familia había emigrado a España: allá estaban sus padres y hermanos. Ellos le decían que, pese a que tendría que empezar desde cero, tenía posibilidades de un sueldo más alto. “Quería reencontrarme con mi familia; en Chile la vida cada año se hacía más difícil y más cara. La mitad de mi sueldo se iba en pagar una habitación. Al final opté por reunirme con ellos”, cuenta Almeida. Así, en septiembre de 2025 renunció a su trabajo y dejó las amistades que había construido durante ocho años para empezar de nuevo en España, país donde la comunidad venezolana se consolidó como la segunda nacionalidad con mayor presencia en 2026.

Desde enero y hasta el 17 de octubre de este año, el Servicio Nacional de Migraciones registró 11.011 salidas voluntarias de extranjeros en situación irregular: 8.834 corresponden a la población venezolana, es decir, el 80% del total. En comparación con 2025, el porcentaje muestra un gran incremento: ese año solo 3.460 venezolanos habían salido del país voluntariamente. Esta cifra no contempla a los ciudadanos que, al igual que Almeida, se encuentran de forma regular y que de todas formas decidieron abandonar Chile hacia otros países, lo que sugiere que podrían ser muchos más los venezolanos que emigraron.
“Chile ya no es un oasis”
“No vamos a regularizar a ninguno y les estamos diciendo a todos ellos que les quedan 92 días para que dejen nuestro país libremente”.
El martes 9 de diciembre de 2025, el Presidente José Antonio Kast anunció una cuenta regresiva para los extranjeros irregulares en el país. En campaña prometió expulsar 300 mil migrantes en su primer día de mandato, y aunque después dijo que se trataba de una metáfora, el núcleo de su discurso se mantuvo: expulsaría a los extranjeros irregulares y no tramitaría su documentación mientras se encontraran en Chile. Una vez en La Moneda anunció el Plan Retorno, que busca permitir la salida de personas en situación migratoria irregular sin aplicarles multas o prohibiciones de ingreso futuro.
Para Guarequena Gutiérrez, exembajadora ad honorem en Chile designada por Juan Guaidó entre 2019 y 2020, los cambios de las políticas migratorias sin duda son un factor a considerar en la salida de migrantes; sin embargo, no explican del todo la tendencia.
“No podemos desconocer que la política migratoria se ha robustecido y hay un mensaje en contra de la migración venezolana, pero lo que me parece clave es que Chile ya no es un oasis como se decía hace ocho años. Hay mucha inseguridad, alto costo de la vida, alto índice de cesantía. Cuando uno llegaba a Chile –yo llegué en 2018– había gente que tenía trabajo al día siguiente. Hoy puedes pasar dos meses sin conseguir trabajo. Para cualquier migrante es mucho más atractivo irse a otros países”, señala Gutiérrez.
Entre 2017 y 2019 se produjo el peak de la migración venezolana, período que concentró el 48,1% del total histórico de ingresos al país. En ese entonces los venezolanos recibían una canasta básica de $42.506 (2018) por persona, que en septiembre de este año el Ministerio de Desarrollo Social situó el valor en $92.833. Es decir, en ocho años la canasta básica de alimentos subió un 118%, mientras que el desempleo sigue creciendo a nivel nacional, alcanzando un 9,6% en el trimestre móvil junio-agosto.
No solo los indicadores económicos han sufrido cambios, acorde con el Índice de Calidad de Vida Urbana 2025: durante la última década, en la mayoría de las ciudades del país ocurrió un retroceso en el bienestar de sus habitantes.
Justamente es lo que percibió Jondry Almeida. “El tema de la inseguridad en Santiago empeoró demasiado. Llegas a bromas que ya se está pareciendo a Venezuela. La idea es que uno se vaya a un país mejor”, dice el venezolano.
Adriana Chusmita (43) tomó la misma decisión que Almeida. Eso sí, llegó a Chile en 2023, cuando ya había pasado el peak de la migración. Pese a que contaba con la aprobación de su visado, su hija de siete años seguía a la espera. Por eso, dice que decidió ingresar al país de forma irregular.
Su idea era reencontrarse con su esposo, quien había llegado a Chile en 2018. Él encontró trabajo de inmediato como ingeniero en una empresa de minería. La animaba a venir, pero Chusmita tenía miedo de dejar su empleo en una sucursal de Caracas del Banco Provincial. Hace 16 años que trabajaba en el área de fraudes cibernéticos.
“Mi esposo me decía que aquí estaba lleno de oportunidades de trabajo, que al regularizar mi situación sería fácil instalarme en mi rubro. Vine con eso y la esperanza de encontrarnos como familia”, dice Chusmita.
Sin embargo, no alcanzó a conocer el oasis chileno que vivió su esposo y otros cientos de venezolanos. Estaba dispuesta a encontrar trabajo en lo que fuera; renunció a seguir en el rubro bancario y pasó meses buscando trabajo como vendedora en Estación Central. En tres años no logró un trabajo estable. Su último empleo fue como personal de aseo en un hotel.
El quiebre de su relación con su esposo, sumado a que nunca logró establecerse económicamente, la convenció de volver a Venezuela. “Acá gano poco dinero, no puedo sustentarme sin la ayuda de mi esposo, no encuentro un buen trabajo, y aunque en Venezuela no están las cosas bien todavía, prefiero volver porque allá tengo a mis hermanas y a mi familia”, dice Chusmita.

El informe de Enfoque Laboral, realizado por el investigador Juan Bravo, de la UDP, reveló una reducción del desempleo de 0,9% este año entre la comunidad venezolana, lo que no se debe a que se hayan incorporado al mercado laboral. Según el estudio, el fenómeno responde a que “estarían emigrando con mayor intensidad los venezolanos desempleados que las personas ocupadas, lo cual es esperable, pues quienes no cuentan con una fuente de trabajo tienen mayor propensión a salir del país”. Además, el informe aporta que la fuerza laboral venezolana cayó en 10,6% anual. “Esta caída está estrechamente ligada a la disminución de la población en edad de trabajar de venezolanos, lo que se debe al proceso gradual de emigración de esta comunidad”, se lee en la investigación.
Aunque el flujo migratorio de salida todavía no alcanza masividad, demuestra una tendencia. La demanda de los viajes a Venezuela aumentó de tal manera que Latam anunció el lanzamiento de una ruta directa que conectará Santiago con Caracas, a partir de enero de 2027.
El subprefecto Rodrigo Naranjo, jefe del Departamento de Migraciones y Policía Internacional Aeropuerto, explica que si bien han notado un aumento de las salidas voluntarias, el número no ha significado un refuerzo especial de los funcionarios, más allá de los reforzamientos habituales. Asimismo, destaca que la habilitación en mayo de este año del Portal Ciudadano de la Cancillería de Venezuela ha contribuido a que los extranjeros irregulares puedan facilitar su salida del país con su documentación vencida, lo que también puede explicar el aumento de salidas, dado que antes no había atención consular para estos casos tras el quiebre diplomático con Chile.
Por su parte, la directora del Servicio Jesuita a Migrantes, Waleska Ureta, destaca que es fundamental considerar que “han salido 8 millones de venezolanos de su país, una de las migraciones más grandes del mundo, entonces también es parte de los procesos migratorios que algunos regresen. Nunca se va a mantener estática la cifra, porque son procesos dinámicos que dependen de la situación de los países”.
La caída de Maduro
Jondry Almeida recibió la noticia de la detención de Maduro cuando se encontraba en España. Se colmaron de mensajes los grupos de WhatsApp que tenía con sus amigos de Venezuela y la comunidad venezolana en Chile.
“Fue una gran noticia para todos los que estábamos afuera, muchos regresaron. Por mi parte no creo que pueda volver, porque todavía son muy malas las condiciones para vivir, con apagones, y todo es muy caro, sobre todo la comida”, dice Almeida.
Para la directora del Centro de Estudios Migratorios de la Universidad de Santiago (Usach), Adriana Palomera, en Chile este no fue un punto de inflexión para las salidas.
“La captura de Maduro no significó ningún remezón. Uno podría pensar que eso iba a significar la salida masiva de venezolanos desde Chile, pero eso no se produjo. Yo creo que va más por la línea de que muchas veces el migrante se mueve en relación a las expectativas, y cuando los países a los cuales van empiezan a bajar incluso en el imaginario o en el discurso político, esta idea de la expectativa también baja. Se produce totalmente lo contrario, que es la sensación de estar en un lugar que ya no es tan bueno”, relata la académica

Y agrega que la salida “sigue siendo mesurada” y concentrada en “la parte de la fuerza laboral venezolana que tiene educación superior”.
“No se van del país los extranjeros más precarizados, en general la gente que no tiene recursos no puede desplazarse. Entonces suelen migrar aquellas personas que por lo menos tienen el recurso para movilizarse”, señala.
Con todo, para el director del Servicio de Migraciones, Frank Sauerbaum (RN), las salidas son algo positivo: “Una persona que entró ilegal no puede legalizarse dentro del país. Tiene que salir y pedir el permiso para entrar a Chile desde fuera. Hemos sido muy claros en la comunicación que se ha dado y muchos venezolanos lo han entendido de esa manera. Ahora, cada expulsión tiene un valor costoso, pero estas 11 mil personas han pagado de su bolsillo la salida. Obviamente, para nosotros es importante que ellos paguen su propio pasaje”.
Sin embargo, para Almeida inclusive los venezolanos que se encuentran de forma regular en el país, como él lo estuvo durante ocho años, también buscan irse del país. “Todo ha ido empeorando un poco, para mí España yo lo veo como el Chile de cuando yo llegué. Ese Chile ya no existe”.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.