Con genética superior y protegida bajo techo, la ganadería del norte sigue apostando al futuro

La lluvia que durante buena parte de la semana convirtió en barro los caminos y complicó los movimientos de hacienda no consiguió alterar el clima de la Expo Braford de Primavera, que se realizó esta semana en la Sociedad Rural de Chaco, con la fuerza de Expoagro. La tercera edición de la muestra se desarrolló con normalidad bajo un enorme galpón levantado en las últimas semanas, que se convirtió en una de las mejores expresiones del momento que atraviesa la ganadería de la región: una actividad que busca crecer, incorporar tecnología y mejorar su productividad independientemente de las variables climáticas.
El espacio cubierto permitió sostener la exposición incluso frente a una jornada de lluvia intensa y, al mismo tiempo, generó un ámbito de encuentro entre productores, cabañeros, empresas y público. La pista quedó integrada con los stands y los visitantes pudieron circular sin que el agua interrumpiera la actividad.
Juan Manuel Alberro, presidente de la Asociación Braford, interpreta que la decisión de la Sociedad Rural del Chaco de realizar una inversión de esta magnitud está relacionada con el lugar que la muestra fue ganando en apenas tres años. “Han tenido en cuenta que la Nacional Braford de Primavera vino para quedarse, que es el tercer año y está creciendo año a año”, señaló. Los números de esta edición respaldan esa percepción. Hubo 145 animales en la pista, con más de 30 cabañas provenientes de siete provincias. “La calidad realmente es espectacular”, resumió Alberro.

Para la raza, además, el crecimiento de la muestra tiene un significado que va más allá de sumar animales y visitantes. Braford busca profundizar su presencia en una región donde tiene buena parte de su origen productivo y donde sus atributos de adaptación adquieren una relevancia especial. El desafío es que las exposiciones funcionen como vidriera de una genética que después tiene que responder en campos sometidos a altas temperaturas, pastos duros, grandes distancias y diferentes niveles de disponibilidad de agua.
Ahí aparece uno de los debates que atraviesan hoy a la raza: qué animal se busca producir y qué características deberían pesar más a la hora de seleccionar. Johnny Gutiérrez, cabañero, genetista e integrante de la Comisión Técnica de Braford, explica que algunos de los objetivos iniciales ya fueron alcanzados. La uniformidad de color y pigmentación dejó de ser la principal preocupación y la selección se concentra cada vez más en características productivas. “Estamos trabajando mucho en buscar animales bien carniceros, en la moderación también, pero sin perder el peso que la exportación demanda”, explicó.
La lista se completa con atributos que en el norte pueden resultar determinantes: buenos aplomos, corrección de prepucio, profundidad, fertilidad y rusticidad. Son animales que deben caminar mucho para buscar alimento y agua y que trabajan sobre ambientes en los que una falla estructural puede convertirse rápidamente en un problema productivo. También se busca mantener el equilibrio del Braford 3/8, con suficiente componente cebú para adaptarse a los ambientes más exigentes, pero sin resignar calidad de carne. “El animal perfecto no existe, siempre hay que estar mejorando algo”, aclaró Gutiérrez.

Esa adaptación, además, no significa producir exactamente el mismo animal en todos los lugares. El genetista trabaja en ambientes muy diferentes y señala que el tamaño de la vaca debe ajustarse a las condiciones de cada campo. En los esteros correntinos, por ejemplo, una vaca demasiado pesada puede tener dificultades para preñarse a campo, mientras que el norte de Córdoba permite trabajar con animales de mayor tamaño. Lo que no debería cambiar, sostiene, es el tipo funcional: corrección, capacidad carnicera y adaptación.
La discusión empieza a bajar de las pistas al campo comercial. Según Gutiérrez, en los últimos años los productores comenzaron a valorar más la información genética y a entender que comprar un toro no es simplemente adquirir un reproductor caro, sino realizar una inversión que impactará durante varios años sobre el rodeo. “La inversión en genética puede ser grande de entrada, pero el productor sabe que el toro se la paga con terneros”, afirmó.
El cálculo que utiliza para explicarlo es sencillo. Si un toro trabaja durante cinco servicios puede dejar alrededor de 120 terneros. Una mejora de apenas cinco kilos en el peso al destete de cada uno de ellos representa más de 600 kilos adicionales durante la vida útil del reproductor, sin contar las mejoras vinculadas con calidad, fertilidad u otros atributos.
En la misma línea, Alberro observa un cambio de comportamiento entre los productores. Los remates televisados, dice, permitieron hacer más visibles las diferencias entre lotes con y sin genética, que pueden alcanzar el 10%, 15% o incluso 20%. “Hoy hay un cambio de paradigma”, sostuvo. Para el presidente de Braford, el productor está empezando a mirar la genética como una herramienta para mejorar el precio de venta de sus terneros y no solamente como una característica reservada a las cabañas.
La demanda también aparece en los remates de reproductores. Alberro describió una comercialización muy dinámica durante la actual temporada: “La venta de reproductores ha sido muy, muy ágil. Se vende todo lo que sale a muy buenos precios”. También destacó el creciente interés por los vientres, una señal que abre un nuevo desafío: aumentar la oferta de hembras para acompañar una demanda que se viene fortaleciendo.
Con ese objetivo, la exposición incorporó este año Braford Horizonte, un remate pensado para ampliar el mercado más allá de las cabañas y generar un canal comercial para productores que producen sus propias terneras y vaquillonas. La idea es que la genética no quede encerrada en la pista ni circule solamente entre establecimientos de pedigree, sino que pueda multiplicarse en los rodeos comerciales.
De la pista a los campos
Pero esa conexión entre pista y campo también genera preguntas. Daniel Moritz, productor de Charata que además tiene una cabaña, llegó a la exposición para mirar qué líneas genéticas se están utilizando y qué puede incorporar a su propio rodeo, y expresó una preocupación especial por la fertilidad, una cualidad que a su criterio no es suficientemente reconocida y promovida en el ámbito de las exposiciones. Moritz recuerda que hace una década su rodeo llegó a superar el 90% de preñez y que hoy no consigue pasar el 80%. Por eso observa con cierta distancia algunos animales que se ven extraordinarios para una pista pero cuya capacidad reproductiva todavía no está comprobada en condiciones productivas. “Yo quiero animales que sean útiles y me sirvan en el campo”, afirma.
El productor chaqueño incluso plantea que las muestras podrían incorporar herramientas que permitan medir mejor esa funcionalidad, y menciona como referencia a Paraguay, donde a los toros participantes se les exige análisis de la calidad seminal. Para Moritz, el desafío es que la búsqueda de animales cada vez más destacados desde el punto de vista morfológico no termine desplazando características fundamentales para el rodeo comercial. Su objetivo, en definitiva, es tan sencillo como exigente: “Yo quiero que cada año mi vaca tenga un ternero”.

La necesidad de encontrar ese equilibrio también aparece en el trabajo de las propias cabañas. Mauro Bravo, de cabaña Las Mercedes, de Resistencia, sabe que una exposición requiere una preparación específica, pero advierte que esa preparación no puede desvirtuar al animal. En su establecimiento, los reproductores se crían a campo y recién tres o cuatro meses antes de un remate reciben una terminación más intensiva, con silo, maíz, sorgo y pasturas. La alimentación se ajusta para que el animal llegue en condiciones óptimas sin acumular un exceso de grasa que pueda afectar su estructura o funcionalidad.
“Hay que hacer un equilibrio fino, hay que cuidar el animal”, explica Bravo. La frase adquiere especial importancia cuando se trata de hembras. Su propia Gran Campeona Hembra de esta Expo Braford de Primavera, “Muñeca”, fue servida a los 12 meses, recientemente parió y mantuvo una buena estructura corporal y una excelente ubre. Para la cabaña, ese comportamiento confirma que el animal que triunfa en la pista también puede responder como reproductor.

La historia de Muñeca sintetiza, en buena medida, el rumbo que la genética Braford intenta mostrar en Chaco. Es hija de una Gran Campeona de la Nacional y de un padre que ya produjo otros reproductores destacados. Fue seleccionada desde su nacimiento por su biotipo, pigmentación, calidad carnicera, estructura y ganancia de peso. Pero el premio no termina de explicar su valor: también importa que pueda reproducirse, parir y mantenerse funcional en el campo.
La Expo Braford de Primavera terminó funcionando así como una fotografía bastante precisa del momento que atraviesa la ganadería del norte. La infraestructura que permitió sostener la muestra bajo la lluvia refleja la inversión y la confianza de una región que quiere crecer. La cantidad de cabañas y animales muestra que existe una base genética cada vez más amplia. Los remates revelan una demanda creciente por reproductores y vientres. Y las discusiones entre criadores, genetistas y productores dejan claro que la próxima frontera está en conseguir que esa genética sea cada vez más productiva y funcional.
La pista fue, en definitiva, el lugar donde se exhibió el resultado de ese proceso. Pero debajo de las luces de la exposición aparece una discusión mucho más profunda sobre el futuro de la ganadería regional: animales que produzcan más carne, que tengan mejor calidad, que se adapten a los ambientes difíciles, que sean fértiles y que permitan al productor mejorar sus números. En ese camino, Braford aparece como una de las puntas de lanza de una ganadería chaqueña y del norte argentino que busca crecer sin perder de vista las condiciones reales en las que debe producir.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.