Lejos de Susana Giménez: qué fue de la vida de sus históricos Susanos

A las cuatro de la tarde, los tres llegan puntuales a la redacción de Clarín. Alejandro Cupitó acepta un café; Daniel Romero y Marcelo Bezina prefieren agua. Apenas se ven, se funden en abrazos largos, acompañados por palmadas en la espalda. Hacía años que no coincidían los tres en un mismo lugar y esta nota terminó siendo la excusa perfecta para reencontrarse.
La conversación avanza entre risas y anécdotas que se pisan unas a otras. Por momentos cuesta distinguir cuándo responden para la grabadora y cuándo simplemente charlan entre amigos, como si fuese una juntada un viernes por la noche.
Los tres fueron Los Susanos de Susana Giménez en distintas etapas del programa en el prime time de Telefe. Con el paso del tiempo, cada uno tomó un rumbo distinto y construyó su propia vida lejos de aquella etiqueta.
Mucho más que asistentes
Todos los conocen como los Susanos. Pero el trabajo iba bastante más allá de acercar una carpeta o alcanzar un micrófono.

“Nosotros eramos el intermediario entre Susana y la producción y había que estar muy atento”, explica Bezina.
La clave era mirar a Susana todo el tiempo. Saber qué necesitaba, anticiparse a un movimiento, acercarle algo, acompañarla cuando se trasladaba por el estudio o resolver un problema sin que el programa perdiera ritmo. “La dinámica del programa no podía cortarse por nada”, agrega.
Cada uno encontró además su propio rol. Cupitó, admite, era el más espontáneo o rebelde. El que rompía estructuras y hacía de galán. Romero, el prolijo. Y Bezina, coinciden todos sin dudarlo, era el más atento y responsable, el que estaba en todas. "El que trabajaba de verdad era Marcelito", admite Alejandro entre risas.
Cómo llegaron a trabajar con Susana Giménez
Alejandro Cupitó
En aquellos años, el joven de San Isidro había dejado la carrera de Ingeniería electrónica para probar suerte en el modelaje, después de que Ricardo Piñeiro lo sumara a su agencia.
Ese cambio de rumbo lo llevó a participar en campañas publicitarias, en programas de televisión y, finalmente, en el concurso Chico 10 del ciclo de Susana, certamen que terminó ganando.
La conductora ya lo tenía fichado. Según contaría años después el propio Cupitó, le gustaban sus rasgos y solía decir que tenía una onda similar a la de Sandro.
Cuando surgió la posibilidad de convertirse en Susano, él no quería saber nada. "No quería ir al casting. Me insistieron tanto que terminé yendo, pero con la condición de que no me hagan hacer las tres cuadras de fila", recuerda.
Desde su ingreso en 2007, Cupitó vio a la diva como una compañera de trabajo. Así, entre chistes y ocurrencias fue construyendo una relación de confianza que lo distinguió del resto.
"Yo decía: '¿Cómo voy a estar al lado de Susana y no hablar?'. Para estar ahí parado sin hacer nada me quedaba en mi casa", cuenta entre risas.

Con esa "caradurez", como él mismo define, consiguió participar de sketches, improvisar al aire y construir una relación de confianza con la conductora. Con el tiempo se convirtió en uno de los Susanos más populares y reconocibles para el público.
Incluso sus compañeros admiten que rompió el molde. Durante la charla, Marcelo Bezina le hace una confesión.
"Durante mucho tiempo te juzgué. Pensaba: '¿Este tipo qué hace?'. Pero con los años entendí que eso era justamente lo que te hacía distinto. Vos eras auténtico. Mientras nosotros estábamos más estructurados, vos te animabas a ser vos mismo".
“Yo no hubiera podido hacer todo lo que hice si no era por él, porque alguien tenía que estar realmente atento a Susana”, reconoce Cupitó.
Daniel Romero
Oriundo de Avellaneda, Daniel Romero había estudiado periodismo deportivo, trabajaba como modelo y acumulaba castings con la idea de "ganarse un lugarcito en los medios" cuando apareció una primera oportunidad en el universo de Susana.
Fue finalista de Mister Primavera, uno de los certámenes que formaban parte del programa. Ese paso le permitió entrar en contacto con parte de la producción cuando tenía 26 años.
Meses después llegó una convocatoria para audicionar como asistente en reemplazo de Cupitó, quien se había retirado en 2013. El proceso fue largo. "Era un casting masivo. Había muchísima gente", recuerda.

La noticia de que había quedado seleccionado todavía lo emociona. "Era como si hubiese llegado a Primera, porque era una vidriera increíble", compara.
Estaba en su casa cuando recibió el llamado. Al entrar a la cocina, su madre lo vio llorando. "¿Qué te pasó?", le preguntó. "Quedé en el programa de Susana", respondió. Entonces ella también se puso a llorar. Lo siguió su papá.
El debut llegó con un programa que rondó los 30 puntos de rating. Pero lejos de mostrarse relajado, Romero recuerda que estaba paralizado por los nervios. "Estaba tieso. Me habían dicho que mantuviera siempre la sonrisa, así que me quedé sonriendo todo el programa".
Marcelo Bezina
En el caso de Marcelo Bezina, la oportunidad apareció gracias al entonces novio de su hermana, que tenía una pizzería en la esquina de los estudios de Telefe (ubicado en aquel momento sobre la calle Pavón) y le comentó que estaban buscando hombres para formar parte del staff de Susana. Al principio no entendía por qué se lo proponía a él y después se preguntó ¿por qué no?
Cuando llegó al casting, la selección prácticamente había terminado. Pero lo dejaron pasar y cerraron la puerta para que no entrara nadie más.
Le pidieron que bailara y bailó. Antes de irse, había que grabar un video mirando a cámara y, nervioso, lanzó la frase "Susana, espero que te guste lo que hago".
Dos días más tarde sonó el teléfono. Había quedado seleccionado. Ingresó en 2004, con 24 años. Según él mismo explica, lo que terminó definiendo su permanencia fue su obsesión por estar atento a todo.
"Mi trabajo era dedicarme a que ella estuviera plena en lo que estaba haciendo y que el programa saliera diez puntos. Después de tantos años, con un gesto ya sabía lo que necesitaba".
De los tres, es el que más años estuvo junto a la conductora. Durante quince años fue su mano derecha, y protagonista del famoso latiguillo "¿Marcelito, estás ahí?". La pregunta de Giménez se repetía programa tras programa cada vez que llegaba el momento del clásico sorteo. Del otro lado estaba Bezina, encargado de buscar entre miles de cupones el papelito ganador y correr por el estudio para entregárselo en mano a la conductora.
Los bloopers
Como se mencionó anteriormente, los Susanos funcionaban como intermediarios entre Susana y la producción. A veces eso significaba resolver pequeños problemas antes de que llegaran al aire. Otras, reaccionar en segundos en medio del aire.
Como aquella vez que un perro hizo sus necesidades encima del vestido de la conductora y Marcelo salió disparado a solucionar el problema con una toallita húmeda. O cuando Alejandro llevó unas rosas verdes convencido de que eran las favoritas de Susana y descubrió, delante de todos, que las detestaba.
Pero una de las historias que todavía los hace reír ocurrió cuando un alacrán mordió a la conductora en vivo. Tras el susto, la diva de los teléfonos lo tiró y los Susanos comenzaron una insólita búsqueda para encontrar al responsable y devolvérselo al niño que lo había llevado.

Son recuerdos que hoy cuentan entre risas, pero que también explican por qué el trabajo era bastante más que hacer presencia.
Daniel, que acompañó a la conductora de 82 años durante la última edición del programa, en 2024, admite que ella merecía una mayor atención que años anteriores. Pero también destaca que "es una mujer que está atenta a todo y no se le escapa una".
Esa mirada permanente quedó expuesta en uno de los momentos más virales de aquella temporada, cuando Susana lo retó en vivo después de la entrevista con Úrsula Corberó. La actriz se había levantado del living y, mientras Susana le indicó a Daniel que la acompañara, él siguió con la rutina que tenía pautada: escoltar a la conductora hasta su escritorio. “¿Y quién la acompaña a ella?”, se escuchó decir a Susana, que terminó retándolo con el micrófono abierto.
Y después de Susana, ¿qué?

Después de su paso por el programa de Susana, donde estuvo durante seis años, Romero trabajó como panelista y siguió apareciendo en distintos programas televisivos, entre ellos La jaula de la moda. En paralelo, durante dos décadas sostuvo su emprendimiento de accesorios.
Después de su experiencia como Susano, no quería quedar encerrado en ese personaje. “Quería demostrar que podía opinar, informar y hacer otra cosa”, cuenta.
Sin embargo, eso no significa que reniegue de aquella etapa. Si volviera a surgir la propuesta de acompañar a Susana, asegura que aceptaría nuevamente.

En el caso de Cupitó, fue él quien decidió dejar el programa de Susana en 2013 para seguir adelante con su carrera como actor. A partir de entonces, también se vinculó con la producción abriendo su propia empresa. Hoy conduce su propio ciclo de entrevistas, MQS, en Elnueve.
Bezina, en cambio, tomó el camino más alejado de la pantalla. Hoy trabaja en ANSES y también está vinculado a la música como profesor de canto. Fiel a su estilo, sigue estudiando música, "con el afán de hacerlo cada día mejor".
Cuando Susana volvió a la televisión en 2024, tuvo la posibilidad de regresar, pero la propuesta económica no le cerró y decidió no hacerlo. En su lugar, entró Licha Navarro, ex Gran Hermano. "No hubo pelea ni enojo. Está todo bien", aclara. Aún conserva una pulsera negra con brillos que le regaló la conductora y que trajo a la redacción.

Más allá de su presente, los tres guardan un recuerdo especial de Susana.
“Es generosa. Es una de las mejores personas que pasó por mi vida”, dice Cupitó. Romero la define como “una maestra” y destaca todo lo que aprendió de su calidez y respeto. Bezina, por su parte, resume lo que significó aquella etapa: “Es la persona que a mí me dio una oportunidad en televisión”.
Pasaron los años y cada uno siguió su propio camino. Pero ninguno reniega de aquella etapa. Como dice Bezina: “No soy solo eso, fui parte y está bien, y estuvo bueno”.
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