El listón de Lamine
Se agradece que quien da una entrevista ofrezca titulares jugosos. El tópico reiterado, aunque usado para no generar ruido, cansa. Pero entre dar juego y ponerse una espada de Damocles de forma voluntaria sobre la cabeza hay un trecho. En su 'cara a cara' con Valdano, Lamine Yamal llegó a comentar a sus 19 años: "Me pone feliz saber que de aquí a cuatro años seré muchísimo mejor. Creo que será difícil encontrar a alguien que esté a mi nivel". En clave Barça y selección, perfecto. Si el crack se pone esa presión sobre sus hombros, a sentarse y a disfrutar.
Sin embargo, en clave Balón de Oro esa declaración encierra una trampa: si eres tan bueno y admites que podrías haber dado mucho más en el Mundial, estás reconociendo que no has rayado a tu más alto nivel, con lo que pesa ese torneo en el premio.
Por otro lado, ponerse ese 'pressing' obliga a rendir a tope cada partido. Y eso también puede ser un arma de doble filo: si un día no empiezas bien, puede aparecer la frustración. Raphinha ya tuvo que comerle la oreja el día del Feyenoord porque lo veía bajando los brazos. Y al final de la primera parte contra el Racing se le vio algún gesto de hastío, como cuando se quitó la venda del brazo y la lanzó al césped. Fallar el penalti tampoco ayudó.
Lamine es buenísimo para su edad pero si con 19 años ya se autoexige tocar la luna no le será fácil cumplir. Y es lícito verbalizar que te crees el mejor si así lo piensas, pero en un deporte colectivo siempre vas a depender en algún momento importante de un compañero. Como en la acción en que Adeyemi, tras hacer un jugadón, le esperó hasta que le pudo dar al '10' un pase de gol. Eso merece un agradecimiento, sin duda, pero tuvo que ser el alemán quien fuese a abrazar a Lamine para celebrar el tanto.
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