Bruce Weber, el gran fotógrafo de la cultura pop que llega a Chile: “He aprendido que todos somos básicamente iguales”

Bruce Weber, uno de los fotógrafos de moda y cultura pop más icónicos de la escena global, se conecta a una entrevista telemática con Culto desde su loft en Tribeca, barrio de Nueva York. En el primer piso trabaja su estudio y productora Little Bear y en el segundo vive junto a su esposa Nan Bush. “Es una verdadera suerte tener eso en Nueva York. Es como vivir arriba de tu tienda”, dice el también director de cine de 80 años.
El artista ha capturado la esencia de artistas como Madonna, David Bowie, Kate Moss, Leonardo DiCaprio, Naomi Campbell y Michael Jackson. Además, ha encabezado campañas publicitarias de marcas como Calvin Klein, Abercrombie & Fitch y Ralph Lauren; y fue nominado a un premio Oscar por su documental Let’s Get Lost (1988) sobre el trompetista, cantante y músico de jazz estadounidense Chet Baker.

Por primera vez, el trabajo de Weber llega a América Latina con la exposición Love From Afar; abrirá del 7 de noviembre al 24 de enero en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC).
La elección de Chile para su debut en la región no fue azarosa. El nexo nació en 2025, cuando el director del recinto, Daniel Cruz, conoció su trabajo en Praga.
“Sentía que cuando hablábamos (con Cruz) estábamos en la misma habitación, a pesar de estar a miles y cientos de miles de millas de distancia. Me gustaba su sensibilidad hacia las cosas. Nosotros no hacemos estas cosas a la ligera, realmente pensamos en el lugar. Espero que lo disfruten, que aprendan algo de ello, que signifique algo. Seré feliz si, durante todo el tiempo que dure la exposición, una sola persona quiera ser fotógrafa”, reflexiona.
Su relación con América Latina está más ligada a Brasil, cuando fue a hacer fotografías para el Centro de Recursos contra el SIDA de Nueva York. Nunca ha visitado Chile. “Conozco a tanta gente en la ciudad de Nueva York-porque hay tantas culturas diferentes aquí— que simplemente me agradan mucho todas las personas que he conocido de Chile, parecen ser muy conservadoras, pero muy, muy dulces”, describe.

Ha visto varias fotografías del país, sobre todo de naturaleza y la Patagonia. Le gustaría visitar suelo nacional. “Podría intentar ir al final de la exposición, en lugar de ir antes, para que la gente no me tire tomates podridos”, dice para luego soltar unas carcajadas.
Love From Afar, traducido al español como Amar desde lejos, hace alusión a la distancia y cercanía con la zona. “Creo que todos queríamos trabajar en esto para Chile porque están muy lejos de nosotros y eso es muy exótico. Pienso que es una forma de extenderles los brazos”, explica.
—¿Cómo describiría la exposición?
Siento que una exposición es algo vivo, y creo que casi todos los días es algo diferente. Depende de la gente, de las personas que trabajan en ella juntas. Creo que la fotografía es algo muy comunitario; esa es la forma en que me gusta trabajar y mucha gente se involucra en ella. A veces puede ser un día soleado y la gente entra saliendo del sol, está de buen humor y ve algo; o es un día lluvioso y se sienten más atraídos por una fotografía más triste.
—¿Cuáles fotografías eligió para esta muestra?
Incluye videos, fotografías de trabajos editoriales, fotografías que tomé justamente este año y que tomé hace muchos años... Es una mezcla de todas esas cosas. Es un trabajo muy personal, un trabajo que tiene que ver con mi forma de vivir. Muchas de las personas en la exposición fueron modelos, pero también son mis amigos. Creo que es un acercamiento sencillo a la exposición, lo cual me resultó muy acogedor porque me gusta estar en el terreno trabajando. Me gusta esa sensación de continuidad. A veces una exposición puede frenarte, pero esta no lo ha hecho, porque es muy libre. Así que este es probablemente el espacio más libre, mentalmente hablando, que he hecho.
—¿Cuál es la más especial para usted?
Diría que las fotografías de mis perros. Para mí y para mi esposa son nuestros hijos, y me gusta la idea de estar abriendo mi billetera o mi libreta para mostrarte fotos de mis hijos. Me gusta ese tipo de sensación. He tenido una relación, como amigo o como persona vinculada con la gente que aparece en estas fotografías. Me da orgullo verlas colgadas en la pared de un museo, pero también me da orgullo saber que tendré esas fotografías por el resto de mi vida.
Bruce Weber tiene una relación estrecha con los animales, quienes han estado frente al lente en numerosas ocasiones, con modelos humanos o en solitario. Esa pasión la compartió con Jane Goodall, etóloga británica fallecida el año pasado, a quien entrevistó y fotografió para su último libro My Education (2025). “Me dijo: ‘Creo que mi animal favorito es el perro’. Y me quedé shockeado. Y ella dijo: ‘Amo a los chimpancés y amo a los gorilas, pero no me gustaría tenerlos como mascotas’”.
También recuerda que, en sus inicios como fotógrafo, vivía con diez gatos en un loft en Little Italy que era su estudio. “Hacía tanto frío en los inviernos que todos se metían a la cama conmigo para mantenerme caliente. Luego en mi cuarto oscuro, cuando estaba revelando mis copias, todos se acostaban en el suelo y cuando hacía calor y el sol entraba por el tragaluz, encendía el aire acondicionado y todos tomábamos una siesta juntos en el cuarto oscuro, lo cual probablemente no fuera muy saludable ni para mí ni para los gatos, respirando todos esos vapores de los químicos tóxicos”, rememora.
En los últimos años, la figura de Weber también ha estado cruzada por la controversia. En el marco del movimiento #MeToo, en 2021, varios modelos masculinos presentaron denuncias y demandas por conducta sexual inapropiada durante las sesiones fotográficas, acusaciones que el fotógrafo ha negado categóricamente. Estas se resolvieron por acuerdos extrajudiciales.
“No me resulta fácil hablar de aquella época. Fue un momento muy difícil para todas las personas involucradas. Tuve que luchar para demostrar mi inocencia. Me alegra haberlo hecho y poder seguir adelante. Lo que te puedo decir es que hasta el día de hoy, sigo recibiendo mensajes y cartas de personas a las que he fotografiado a lo largo de mi carrera y que me cuentan que aquella experiencia fue una de las más maravillosas y memorables de sus vidas. Siempre intento transmitir ese sentimiento a través de mis fotografías y me siento profundamente agradecido de poder dedicarme a este trabajo”, reflexiona.
Historias entre fotografías
Alguien como Bruce Weber tiene anécdotas de sobra para compartir y elige a una gran estrella para comenzar. “Hablemos de Michael Jackson”, dice sin titubeos al preguntarle por su experiencia fotografiando a celebridades.
La primera vez que lo fotografió fue cuando niño, junto a sus hermanos, en una gira. “Estaban todos sentados en la habitación y les dije: ‘Bueno, ¿por qué no juegan a una pelea de almohadas?’. Y casi destrozan la habitación, ¡hasta le pegaron al maestro en la cabeza con una almohada! Conocí a Michael desde entonces, cuando era un niño, y era muy buen amigo de una amiga mía, Elizabeth Taylor, y siempre hablábamos de él", rememora.

Años más tarde, volvió a hacerle fotos para L’Uomo Vogue, edición masculina de la revista Vogue Italia, donde fue portada. “Fue prácticamente la última sesión que hizo en su vida. La verdad es que la estaba pasando muy mal, esperamos muchísimo tiempo, el día parecía durar una semana entera, fue tan largo... Pero salió. Empezó a escuchar su música y le dije: ‘Bueno, Michael, se nota que quieres bailar’. Me contestó: ‘Pero Bruce, ya no soy tan joven’. Le dije: ‘¡Oh, no, creo que sí lo eres!’.
El cantante empezó a moverse con total libertad en el set —incluso terminó cayéndose encima de un asistente que era su fanático número uno—, lo que desató las risas de todo el equipo de trabajo. “Esa noche llegué a casa y Michael me llamó —siempre me llamaba por teléfono todo el tiempo por diversos motivos— y me dijo: ‘¿Cómo... cómo me veo?’. Y le respondí: ‘Bueno, te ves realmente hermoso’. Él dijo: ‘Oh, desearía poder hacer papel tapiz con todas las fotos...’”.
También recuerda las fotografías que le hizo al músico estadounidense Jeff Buckley, quien falleció a los 30 años. “Tenía una relación con su madre, porque a ella le encantaban sus fotos y siempre me llamaba para hablar de sus imágenes”, cuenta.
Igualmente recuerda al difunto actor Heath Ledger, de quien conserva una anécdota entrañable: un día, en un cine, se sentó al lado de un australiano que resultó ser el padre del actor, quien le confesó que tenía su sala de estar llena de retratos tomados por Weber.
A pesar de haber estado en contacto con grandes artistas, no suele hablar de esos momentos. “No es lo mío, pero he tenido la suerte de toparme con gente y llegar a conocerlos, y realmente amar fotografiarlos”.
—¿Qué aprendió de todas esas experiencias?
Es que todos somos básicamente iguales. Y quiero decir que siempre me pongo nervioso si fotografío a alguien que nadie conoce.

—¿Escribiría un libro con todas esas historias?
¡Oh, Dios! No lo sé, creo que la gente se aburriría. Algunas veces hago películas sobre ellos como con Robert Mitchum, Chet Baker. No lo sé, quizás lo haga algún día.
Estoy en medio de la realización de una película ahora mismo, sobre la realización de Let’s Get Lost, sobre la música y cómo la música nos transporta a un reino completamente diferente.
—¿Qué está escuchando actualmente?
Obviamente estoy escuchando mucho jazz: Alice Coltrane, la primera etapa de John Coltrane. Estoy en este estado de ánimo con Coltrane en este momento. Al mismo tiempo, estoy escuchando mucha música brasileña antigua. Me interesa la música chilena. No la conozco, pero esperaré a que mis amigos que van a trabajar allá me compren muchos discos y álbumes, ojalá álbumes de vinilos.
En ese momento, Bruce Weber pide recomendaciones nacionales y en la conversación aparecen Los Tres, Los Prisioneros, Mon Laferte y Violeta Parra y, más adelante, Gabriela Mistral en lo literario.

La mirada de hoy
A sus 80 años, Weber sigue activo y trabajando en múltiples proyectos, entre ellos una exposición para Paris Photo 2026. “Es como volver a las cosas que solía hacer con mis fotografías, haciendo collages. Ha sido divertido”, describe.
En simultáneo, sigue trabajando para revistas. Hace poco, hizo un reportaje para la revista italiana ICON, sobre Dmytro Tereshchenko, veterano de guerra ucraniano que perdió una pierna por una bomba y que soñaba con ser modelo. “Entonces dije: ‘Bueno, quiero hacer la sesión como si fuera para cualquiera’. Así que mostramos moda, mostramos deportes, mostramos fotos de su vida en Ucrania que él trajo consigo, y también de su esposa y su bebé. Estoy bastante orgulloso del reportaje, espero que a la gente le guste y lo contrate, porque es un tipo apuesto, pero como persona es muy especial”.
Sigue disfrutando trabajar en moda. “Nunca pienso en el trabajo como un trabajo, no pienso en el dinero que estoy ganando o dejando de ganar —digo, eso está demasiado presente en nuestro mundo actual—, y veo a muchos fotógrafos, especialmente hombres y mujeres jóvenes, que simplemente sufren por esa presión constante cuando salen a tomar fotos, al punto de que no toman fotos para ellos mismos”.
Richard Avedon, fotógrafo estadounidense, le dijo que siempre tenía que tomar una foto para sí mismo, para poder dormir tranquilo. Así lo ha hecho, incluso en sesiones de moda, admite.

“Siempre pienso en los hombres, mujeres, niños, animales o la naturaleza que estoy fotografiando, o en el lugar donde me encuentro, y trato de dejar constancia de eso que me rodea. Espero que esta exposición tenga una buena reacción, porque siento que la fotografía y los fotógrafos, especialmente a todas las edades, necesitan aliento. Si hay un huracán o un incendio en tu casa, ¿qué es lo que salvas? Lo primero que todos dicen: mis fotos familiares, de mis amigos o de mis animales. Y yo estoy en el mismo barco. Veo mucha fotografía donde a nadie le importó, y eso me molesta muchísimo", reflexiona.
De nombres contemporáneos, destaca al fotógrafo llamado Mario Sorrenti por el “deseo” que transmiten sus imágenes, y a Sally Mann, “una persona verdaderamente excepcional”.
—Una vez dijo que disfrutaba fotografiando a los actores cuando recién empezaban o cuando rondaban los 80 años, porque tenían cosas que querían compartir. Ahora que usted está en tus 80, ¿hay algo que a la gente le sorprendería saber?
Eso espero (risas). Me tocó hacer un libro sobre la alegría y el dolor de tomar fotografías de verdad. Esa es una de las alegrías que creo que tiene la fotografía: puedes conocer a alguien, hacerle un retrato, llevarte esa foto a casa, revelarla, tener una copia, y esa copia se convierte en tu historia de esa persona, y la conservas por el resto de tu vida. Es triste porque, en cierto modo, a veces cuando te vas de una sesión estás diciendo adiós, pero yo intento seguir volviendo; o sea, todavía fotografío a gente que retraté hace 35 o 40 años, fotografío a sus hijos y luego a sus nietos. Creo que por eso vale la pena vivir.
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