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Saturday, September 19, 2026

Fertilizar la soja: los ensayos que muestran cuánto rinde la inversión y cuánto pierde el suelo

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Por Esteban Ciarlo, María Fernanda González Sanjuan, Franco Córdoba

Los ensayos de largo plazo muestran respuestas consistentes en rendimiento y advierten sobre una cuenta que se agranda: la extracción de nutrientes como el fósforo supera ampliamente a la reposición. En un contexto de suelos con menos materia orgánica, la nutrición de la soja vuelve a ser una decisión clave para el negocio de hoy y para el futuro.

Durante mucho tiempo, la soja cargó con una frase cómoda pero peligrosa: “no responde a la fertilización”. La evidencia de campo, sin embargo, viene mostrando otra postal. Cuando el cultivo encuentra una nutrición ajustada, responde en rendimiento y también en calidad.

La fijación biológica de nitrógeno (N) sigue siendo una pieza central del sistema, sostenida por los nódulos y por una adecuada disponibilidad de fósforo (P) y azufre (S). Pero hay un dato que obliga a mirar el suelo con más atención: más del 40% del nitrógeno que usa la soja no proviene de esa fijación, sino que se absorbe directamente desde el suelo.

En ese sentido, la caída generalizada de la materia orgánica —principal fuente de nitrógeno para las plantas— es una mala noticia para la región. Nutrientes como el fósforo, azufre, nitrógeno y micronutrientes como zinc y boro son claves en la construcción del rendimiento, pero también participan en la acumulación de proteínas del grano, una deuda pendiente y creciente en la producción de nuestra principal oleaginosa.

Los números le ponen escala al fenómeno de forma contundente: en la Red CREA Sur de Santa Fe, con más de 25 años de ensayos, la aplicación de P+S logró respuestas medias cercanas a 480 kg de grano por hectárea, mientras que una fertilización balanceada con fósforo + azufre + micronutrientes elevó la respuesta promedio a 730 kg/ha frente al testigo sin fertilizar. En las redes de largo plazo de FERTILIZAR AC, la tendencia se repite: en soja de primera, durante 10 años de ensayos, el balance nutricional con P+S y micronutrientes aumentó los rendimientos entre 300 y 690 kg/ha; y ese piso de 300 kg sube a 480 kg/ha al considerar el promedio en soja de segunda.

La mejora también aparece en la calidad: trabajos de Guido di Mauro, de la Universidad Nacional de Rosario, realizados en numerosos ensayos de la Región Pampeana, registraron que en el 81% de los casos una mejor nutrición se tradujo en mayores contenidos de proteína en los granos de soja. Y en el 54% de los casos, el avance fue doble: más proteína y, al mismo tiempo, más rendimiento.

En esa conversación, el fósforo merece un lugar destacado. En ambientes deficientes, los ensayos de largo plazo de FERTILIZAR AC muestran eficiencias promedio de 10 campañas del orden de 30 a 45 kg de grano por cada kg de fósforo aplicado. Son valores similares a los observados por la Red CREA Sur de Santa Fe, donde se evaluó el efecto de los nutrientes por separado.

La regla, aunque técnica, es bastante directa: cuanto más bajo es el nivel de fósforo disponible en el suelo —medido por PBray—, mayor suele ser la respuesta del cultivo. Pero para capturar esa oportunidad hay una condición de base: medir. Y ahí aparece una deuda de manejo.

En la Argentina, sólo 1 de cada 4 lotes destinados a cultivos se muestrea y analiza. En otras palabras, muchas decisiones de fertilización todavía se toman a ciegas, cuando conocer la oferta real de fósforo debería ser el punto de partida para ponerle magnitud a la respuesta que se espera tener. ¿Se imaginan una industria que modifica la intensidad de uso de uno de sus principales insumos sin prever su efecto en la producción?

La respuesta de una campaña importa, pero la película completa se ve en el balance del sistema. En soja, la reposición de fósforo sigue siendo insuficiente: según estimaciones de FERTILIZAR AC, sólo se repone el 50% del fósforo que se extrae con los granos a través de la fertilización. La consecuencia es un balance negativo persistente para el cultivo en Argentina.

Sólo en los últimos 10 años, a nivel país, la diferencia acumulada entre lo aportado y lo removido con la producción supera las 113.000 toneladas de fósforo, equivalentes aproximadamente a unas 750.000 toneladas de fertilizante fosfatado. Pasado en limpio a escala de lote, significa una pérdida cercana a 7 kg de fósforo por hectárea y por año que es equivalente a decir que el suelo financió con 32 USD/ha/año a la producción de soja.

Es una descapitalización silenciosa: no siempre se nota de una campaña a la siguiente, pero erosiona el potencial productivo y deja una cuenta pendiente para los próximos ciclos. Aun con toda esta evidencia, la soja suele recibir dosis bajas de fertilizante. Como para tener de referencia, en la última campaña, según el relevamiento realizado por FERTILIZAR AC, la dosis de fósforo aplicado en promedio fue de 8 kg P/ha.

Para evaluar la conveniencia económica de fertilizar con fósforo en soja, es necesario integrar la respuesta agronómica esperada con el costo relativo del nutriente. En el escenario actual de precios (agosto de 2026), se necesitan 12,6 kg de soja para pagar 1 kg de fósforo; con eficiencias agronómicas de 30 a 45 kg de soja por kg de P, el resultado neto esperado alcanza entre 17,4 y 32,4 kg de soja por cada kilo de fósforo aplicado. Esta relación permite estimar el retorno de la inversión, identificar el punto de equilibrio y dimensionar el riesgo económico de la práctica en la campaña. Hoy, fertilizar la soja deja de ser un costo defensivo y pasa a ser una inversión altamente rentable.

La soja ocupa un lugar central en la agricultura argentina. Por eso, discutir su nutrición no es un detalle de manejo: es hablar de rendimiento, de calidad, de sustentabilidad y de futuro. La evidencia acumulada muestra que, cuando el diagnóstico acompaña y la fertilización se ajusta al ambiente, el cultivo responde. El desafío ahora es transformar esos datos en decisiones de campo antes de que la cuenta negativa del suelo siga creciendo. El mensaje de fondo ya está planteado: en sitios con deficiencias, la decisión de fertilizar con fósforo es rentable y, además, la práctica contribuye siempre a cuidar en el largo plazo el principal capital productivo: el suelo.

Nota de redacción: los autores pertenecen a Fertilizar Asociación Civil

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