Federico Moll: “Incluso si la economía no para de crecer, el consumo masivo tal vez no recupere los niveles de 2023 por mucho tiempo”
“Incluso si Argentina no para de crecer a partir de ahora, el consumo masivo tal vez no crezca demasiado y no recupere los niveles de 2023 por mucho tiempo”, advierte el Federico Moll, director de la consultora Ecolatina, al describir las consecuencias de la transformación productiva en el país, tras la asunción de Javier Milei. Según el economista, la caída del ingreso disponible y el cambio de incentivos, por los cambios de precios relativos y la apertura comercial, generan cambios en las estructuras de consumos, con heterogeneidades entre niveles socioeconómicos y dentro de los sectores.
“Hasta 2023 había un esquema de consumo muy distinto al actual, y las empresas lentamente van haciendo los ajustes que entienden necesarios. Saben que los aumentos no pueden seguir a la inflación, porque los mercados son mucho más competitivos. Y están logrando mejoras de productividad”, describe.
-¿Qué factores son determinantes en ese cambio?
-Por un lado, los ingresos de la población son menores. El ingreso disponible está cerca de 15 puntos por debajo de lo que teníamos a fines de 2023. Y por otro lado, hay un esquema de incentivos que ya no favorece al consumo masivo y al consumo de experiencias, lo que diríamos el on-premise, sino que redirige el consumo hacia durables o hacia semi-durables. Y en ese doble golpe las empresas tienen que cambiar estrategias.
-¿Qué generó el cambio de incentivos?
-Uno es el cambio en precios relativos. Desde febrero del 2024 hasta el dato que salió el martes, durante todos los meses la inflación de bienes fue más baja que la de servicios. Es difícil encontrar en la historia económica argentina un cambio de precios relativos tan profundo y sostenido en el tiempo como el que estamos viviendo ahora. El abaratamiento de los bienes es un incentivo a su consumo. Si nos remontamos a fines de 2023, un hogar tenía ingresos que en términos actuales eran altos, pero no tenía la posibilidad de adquirir un montón de bienes. ¿Querías cambiar el auto? Era un modelo de un color, no había otra cosa. ¿Querías tecnología? No había. ¿Querías ropa? Carísima. ¿Dónde terminabas volcando todo ese consumo? Al consumo masivo, al supermercado y al consumo de experiencias: restaurantes llenos, Coldplay llenando todos los River que querían. Hoy la situación es muy distinta.
-¿Cómo se define?
-Hoy tenés menos ingresos, y la competencia por ese ingreso es mucho más alta. La ropa está, en términos históricos, mucho más barata. La tecnología y electrodomésticos, lo mismo. La apertura comercial y la apreciación cambiaria posibilitó un abaratamiento de los bienes muy marcado y eso cambia la estructura de consumo de la población. Y después la aparición del crédito, que hasta 2023 era prácticamente inexistente, también implicó la posibilidad de acercar bienes de un ticket mucho más alto, y eso tuvo mucho peso durante la segunda mitad de 2024 y la primera de 2025. Hoy está un poco más anémico.
-¿Y cómo impacta eso en la actividad de las empresas?
-Cuando hablas con las empresas y ves los datos, con la inflación de consumo masivo sistemáticamente más baja que la general, están perdiendo mucha rentabilidad en el proceso y con la necesidad de generar innovaciones. Hoy tenemos un supermercado que es bastante menos soviético que hace un par de años, en términos de que las empresas están obligadas a innovar y lo hacen, están obligadas a traer marcas y propuestas distintas y aparecen importados que hasta 2023 no eran jugadores tan relevantes.
-Volviendo a la cuestión de los ingresos, ¿cómo analiza su evolución?
-Nosotros hacemos el indicador de ingresos disponibles desde 2016 y es una historia de caídas muy abruptas y recuperaciones parciales. El nivel actual es algo más alto que el del peor momento de 2024, pero en términos históricos es muy bajo, en parte porque los servicios que nosotros consideramos son inelásticos. Lo que tenés que pagar a principio de mes fue lo que más aumentó: tarifas de servicios públicos y servicios privados, desde el colegio hasta la tarifa de electricidad, de gas, de agua. Y el salario del sector privado, que recuperó parte relevante, salario del sector privado, que recuperó parte relevante de lo perdido durante los primeros meses de gestión del gobierno, dada la situación del mercado laboral, es difícil esperar que vaya a crecer de forma muy marcada. El mercado laboral, si vos ves los números a grandes rasgos, no muestra demasiados problemas, casi parece que está en una situación sólida, en términos de que, y me pongo la camiseta del gobierno, nunca hubo un porcentaje tan alto de argentinos trabajando como los que tenemos hoy. La tasa de actividad y de empleo es de las más altas de la historia. El desempleo, si lo comparamos con la segunda parte del gobierno de Macri, está incluso en niveles bajos. Ahora, si levantas un poquito la alfombra, se ven problemas que no son menores.
-¿Cómo cuáles?
-El pluriempleo aparece como una variable súper relevante. Nunca hubo tantos argentinos con más de un trabajo y, cuando hablas con la gente, es altísima la cantidad de personas que tienen un trabajo a tiempo completo y después se pone a manejar una moto, a hacer repartos o cualquier otra changa para llegar a fin de mes. Con las horas trabajadas pasa algo parecido. O cuando ves la cantidad de personas que tiene trabajo, pero busca un trabajo, también está en niveles altos. Esa presión sobre el mercado laboral, esas disfuncionalidades, te hacen pensar que hacia adelante difícilmente vaya a haber un incremento en los niveles de salario real. Y lo que se empieza a ver es un nivel de desigualdad que aparece a nivel regional, a nivel sectorial y a nivel de estructura socioeconómica. Hay ganadores y perdedores, no solo de sectores, sino también adentro de los asalariados.
-¿Dónde se percibe? ¿Qué consecuencias tiene?
-Si vos ves la evolución del Gini y me remonto a cuando ganó Milei, yo te hubiera dicho ‘La desigualdad va a aumentar y el mercado laboral va a ser un problema’. ¿Hoy el mercado laboral es un problema? Es relativo, depende de qué número mires, y la desigualdad la verdad es que bajó durante buena parte de todo este proceso. Nosotros lo abrimos por nivel socioeconómico, y es importante entender qué es un nivel socioeconómico, que se determina no solo por ingresos, sino por características estructurales del hogar: el tipo de empleo, el nivel educativo, la cobertura de salud, el ratio entre activos y pasivos dentro del hogar, etc. Y los niveles de desigualdad crecieron mucho hacia adentro de la base de la pirámide. En los mejores momentos, por ahí el D2E, que es la base de la pirámide, muestra un 55% de pobres, y hoy está en 70 y pico, 80%. La situación de la base de la pirámide se empieza a complicar y eso te habla de un proceso que no genera grandes ganadores, pero sí algunos perdedores.
-¿Y en la punta de la pirámide?
-Cuando uno se central en la clase alta y la clase media alta, encuentra empieza a encontrar que el ingreso disponible es bajo en términos históricos, pero cuando lo medís en dólares y teniendo en cuenta cómo es la estructura de consumo de un hogar de clase alta o de clase media alta, el ingreso disponible en dólares está cercano a máximos históricos. Y empezás a ver que hay sectores a los que les está yendo bien y otros que no. Incluso se ve en términos de cuáles son las empresas que cierran y las que abren. Cuando vienen Victoria’s Secret, Armani, Dolce & Gabbana, ¿para qué vienen si el consumo se está muriendo? Bueno, el consumo se está muriendo para algunos. Ahora cuando se van del país P&G y Makro, o DIA y Burger King empiezan a buscar compradores… Son empresas que miran al medio de la pirámide socioeconómica. El patentamiento de autos cae a doble dígito, pero marcas premium, como BMW, Audi, crecen a doble dígito. El turismo emisivo se cae, pero el aéreo sube.
-¿Qué desafíos presenta esto a las compañías?
-Dentro del consumo masivo, no hay una premiumización general, pero sí se empiezan a ver nichos. La leche fluida se desploma y el yogur con proteínas no para de crecer. Entonces, empieza a estar la necesidad por parte de las empresas de entender esos nichos y actuar en consecuencia, de generar una cartera de productos que no te va a salvar el año, pero que te va a ayudar.
-¿Y hay espacio para que ese estancamiento o caída en general del consumo se pueda revertir?
-Supongamos que Argentina no para de crecer a partir de ahora y entramos en un proceso de desarrollo sostenido. En esa historia feliz, el consumo masivo tal vez no crezca demasiado y no recupere los niveles de 2023 por mucho tiempo, porque la estructura de consumo de los hogares argentinos en 2023 era una estructura no te diría de un país pobre pero sí de un país con ciertas disfuncionalidades. Los hogares argentinos tienen que consumir más bienes durables, no necesariamente más paquetes de fideos. Y en ese contexto, de la misma forma que el consumo masivo fue uno de los últimos en caer, porque en 2023 patentábamos muchísimos autos menos que en épocas pasadas y el consumo masivo era más o menos igual, ahora va a ser el último en recuperarse. Y si entramos en un proceso de desarrollo sostenido, probablemente el consumo masivo crezca a una velocidad mucho más baja que el resto del consumo, que el PBI, que las exportaciones, y esa situación creo que las empresas empiezan a entenderlo, empiezan a pasar a cuenta 2023, a entender que esos niveles ya no son alcanzables probablemente en algún momento de los próximos años.
-¿Y puede darse ese escenario?
-A veces usamos ejemplos de lo que pasó en otros países, y no es tan fácil encontrar casos que hayan atravesado cambios económicos de 180 grados. Cambios políticos sí, pero cuando viene un gobierno de izquierda y se va uno de derecha, las políticas más o menos se sostienen. En Argentina eso no pasa y no es tan fácil encontrar cambios como los que tuvimos en los últimos años. Y los pocos ejemplos que tenemos, muestran dinámicas en donde se ven divergencias muy fuertes entre la evolución del PBI y del consumo. En algunos casos el consumo privado tardó siete u ocho años en recuperar los niveles previos al cambio de gobierno, mientras que el PBI empezó a crecer de forma sostenida relativamente rápido. Ahora, ¿qué contexto social y político te genera una divergencia de esas características? No lo sé. ¿Es sostenible un proceso que no genere crecimientos del consumo y sí de las exportaciones? No me queda del todo claro.
-¿Por qué?
-Me parece que genera tensiones. Creo que estas dos variables resumen un poco el proceso: ves la evolución del precio relativo de los bienes y del empleo registrado y encontrás dos variables que se mueven parecido. Entonces, ¿la clase media se va a preocupar más porque no hay empleo o porque los bienes están baratos? No me parece nada obvio qué variable pese más a la hora de votar. Lo veremos el año que viene. Si ese consumo no se revierte porque los niveles de ingreso no se recuperan, porque el mercado laboral no genera puestos de trabajo y la gente no le compensa los bienes baratos y la aparición del crédito la anemia de salarios y de empleo, el proceso se aborta y votan otra cosa. Y ese votar otra cosa hace que probablemente, dadas las características del proceso político en Argentina, demos un par de pasos en otra dirección.
-¿Cómo impacta la suba de la morosidad? ¿Puede revertirse?
-Cuando cambió el esquema económico, todas las empresas tuvieron que reconvertirse. A las empresas de consumo masivo nunca les importó qué precio ponían en sus productos, lo iban a vender igual. Y creo que a los bancos les pasó algo parecido en términos de a quién y cómo dar ciertos créditos. Incluso la gente: tener la posibilidad de sacar un crédito apretando dos botones en el celular, daba la sensación de que no pagarlo era irrelevante y mucha gente incurrió en esas moras. Eso ya pasó, ese proceso de aprendizaje se dio, con lo cual no me imagino que las tasas de mora sigan creciendo. Y ya parecen haberse estabilizado, en el margen empezar a bajar. Una vez que se purgue parte de ese proceso, creo que el crédito tiene que aparecer en Argentina. Los hogares argentinos son de los más desendeudados del mundo en términos del peso que el crédito hipotecario o prendario tiene dentro del PBI. Ahora, ¿necesitamos más crédito hipotecario? Sí. No es lo mismo deber US$20.000 que lo pagas a 20 años con una tasa relativamente baja, a deber US$20.000 de crédito personal que lo tenés que pagar pasado mañana con una tasa altísima. Si ves el peso que tienen los servicios de deuda dentro de los ingresos de los hogares, fue creciendo de forma muy marcada, y si haces el ingreso disponible menos esos servicios de deuda, te termina dando que el ingreso disponible está en los niveles más bajos de la historia. Casi tan bajo como los que tuvimos a principios de 2024. Eso no es sostenible. El crédito tiene que crecer en esas líneas que no tienen un impacto tan profundo dentro de los ingresos mensuales. Y eso es crédito hipotecario y crédito prendario.
-¿Qué escenario se abre para las empresas?
-Primero el entendimiento de que, en este contexto, aumentar precios tiene que ser muy bien justificado. Todas las empresas con las que hablo están teniendo un ojo puesto en la demanda cada vez que tienen que tomar decisiones de precios. Saben que los aumentos no pueden seguir a la inflación. Los mercados son mucho más competitivos e intentan y están logrando mejoras de productividad que sostengan esos bajos aumentos de precios. Pocas veces en la historia fue tan barato ir al supermercado respecto al resto de los precios de la economía. Las empresas han hecho purga de sus costos y están trabajando en productividad. Obviamente que en un contexto de bajos ingresos y de recuperación muy anémica, casi de estabilidad, hay algunas empresas que son ganadoras naturalmente. Esas empresas que no son tier 1 pero que tampoco son tier 3 y que tienen una cierta reputación y a los cuales la clase media se abraza para seguir perteneciendo. A eso les va relativamente bien. Y en un contexto en el cual los precios o la inflación es algo más baja, todo lo que vos hagas en términos de dar la mejor relación precio-calidad va a tener un impacto que antes no tenía. En 2023, en un proceso de inflación de dos dígitos mensuales, podías poner el mejor producto del mundo arriba de la góndola y lo ibas a vender y si ponías el peor lo ibas a vender y si elegías muy bien el precio lo ibas a vender y si elegías muy mal lo ibas a vender también. Lo que hicieras como empresa casi que era irrelevante. Hoy es todo lo contrario. Hoy ponés una buena propuesta arriba de la mesa y el cliente te lo hace saber. La capacidad que tienen las empresas de mover el share es más alta que nunca. Por primera vez en mucho tiempo, el asunto está en manos de ellos y están actuando en consecuencia.
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