Talca, París y Southpark

El próximo año la serie Southpark cumple tres décadas al aire. Y no ha renunciado a sus principios: un absurdo, vulgar, grotesco, excesivo y que no toma prisioneros. Sin embargo, enfrenta otro problema: la realidad le ha dado alcance. El mundo, durante la última década, se ha vuelto un lugar altamente vulgar, grotesco, excesivo y absurdo.
Veamos el mes pasado. El 3 de octubre Donald Trump comienza su gira elogiando en público al gobernador de Ohio por la “firmeza de su traste”. El 9 presentó con el título de abogada a su nueva secretaria de prensa (vocera de gobierno), Katie Zacharia. Cinco días después, un reportero le pregunta a Zacharia en qué estado había jurado como abogada y ella miente respondiendo “cuando me fui a China”. Trump mira incrédulo a la cámara. Al no tener realmente el título, ella es despedida ese mismo día. El 25, tratando de explicar su comentario anterior, Trump dice que no había elogiado antes el trasero de un hombre, pero sí de mujeres. Y luego comenta que “acaba de ver un culo realmente espectacular, el de Nicki Minaj, que es difícil perdérselo”. Minaj, que había llegado junto al potus en el avión presidencial, subió al escenario entre gritos de “amamos a Trump”. En ese mismo discurso, Trump dijo que Noruega era “un país de mierda” por no darle el Nobel de la Paz, y que el candidato demócrata al Senado Abdul El–Sayed era un “yihadista” al que deberían recibir en el Congreso con un detector de metales. Finalmente, el día 27 plantea que Venezuela debería ser anexado por Estados Unidos. Todo esto mientras el barril de petróleo pasaba los 100 dólares y los bloqueos en el estrecho de Ormuz y en el estrecho de Bab el-Mandeb (la puerta al canal de Suez), generados por su ataque planificado con inteligencia artificial a Irán, están lejos de solucionarse. Es claro por qué al señor Garrison le quedó grande el personaje.
En Venezuela, en tanto, Delcy Rodríguez sigue en su absurdo rol como autócrata chavista-trumpista designada. En Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo, nombrados “copresidentes”, han designado a su hijo Laureano Ortega (medio hermano de la hija de Rosario, Zoilamérica Narváez, que acusó a Daniel de abuso sexual y violación entre los nueve y los 19 años) “delegado presidencial”, poniéndolo en la línea al trono de la monarquía más indigna del mundo. Flávio Bolsonaro, por su lado, fue procesado justo después de perder las elecciones frente a Lula por una acusación de lavado de dinero, pero escapó en jet privado a Florida, donde acusó que le habían robado las elecciones y se declaró, en Miami Beach, legítimo presidente de Brasil. Lo mismo en Israel, donde Netanyahu, cuya guerra sigue amontonando cadáveres en Gaza, y su partido, al sufrir una brutal derrota electoral, acusaron que la campaña había sido amañada por árabes y demandaron, sin éxito, cancelar los resultados.
China, por cierto, en medio de sus tradicionales purgas, suspendió la transmisión de la Liga Española porque Mbappé llamó a Mao “dictador”. El jugador, en cuyo país las tiendas fueron saqueadas en nombre de la educación la semana pasada, pidió sentidas disculpas. Liz Truss publicó sus ridículas memorias.
Finalmente, en Chile, donde el gobierno prometió mano dura y crecimiento, el desempleo ronda el 10% y un grupo de abusadores sexuales de menores fue liberado con el visado del Ministerio de Justicia. El ministro Fernando Rabat señaló que era un problema institucional, no de él. El Presidente Kast dijo que había sido un error, pero que nadie era responsable. El diputado y niño símbolo del octubrismo, Jaime Bassa, indicó, sin pruebas ni dudas, pero especialmente sin pruebas, que todo esto estaba vinculado a una red de pedofilia internacional. El subsecretario y niño símbolo del antioctubrismo, Luis Silva, dijo en un video subido a redes -sin visado ministerial- que su firma aparecía en algunos decretos, pero por culpa de Rabat. Finalmente lo echaron, más que nada por el video, y está por verse qué pasa con el ministro. Aparecieron protestando, en cualquier caso, varias organizaciones y colectivos que no dijeron nada del caso Monsalve. Humble folks without temptation.
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