InquirerDizon: Find out root cause of Kennon Road landslidesESPN DeportesAmérica logra el empate con gol de Henry Martínוואלהטראמפ על איראן: "הם לא מוכנים לסגור את הדיל הנכון"The Jerusalem PostIraqi national charged in connection with Yom Kippur Manchester synagogue attackPunchI refused to be ordinary — UNIBEN first-class Law graduateESPNLet's rank all 32 NFL teams by position group: Where each roster is strong -- and where each needs work한겨레민주, 원외지역위 지원단장에 임미애…민생접촉 TF 가동ХабрЗа ночь у меня удалили все 22 виртуальные машиныScreen Rant9 Years Later, Assassin's Creed Origins' Bayek Officially Returns In New DLCSportstarDuleep Trophy winners List: All Champions from 1961-62 to 2025-26ABC NewsTrump's 50% tariffs take effect after US, Canada fail to reach trade dealGuardian SportAustralia v Bangladesh: second men’s Test, day one – live
The Daily Newsstand · Free, Always
Saturday, August 22, 2026

¿Por qué Dios Padre no podría ser también Dios Madre?

Translate

Hace 30 años, los jóvenes publicistas Ramiro Agulla -fallecido recientemente- y Carlos Baccetti diseñaron un ingenioso aviso para el lanzamiento de Mujeres&Compañía, la revista para profesionales y emprendedoras que editamos con Norma Morandini. La publicidad apareció en varios diarios y rezaba así: “Le pedimos a Dios que nos iluminara para hacer la mejor revista de mujeres. Y Ella nos escuchó”.

Lo que en su momento fue un recurso irreverente y creativo para llamar la atención, resultó profético: la identidad femenina de Dios hoy es materia de estudio y debate en instituciones religiosas y universidades como Harvard, Princeton, Oxford, Cambridge y la UBA también, en un diálogo rico y polémico entre historiadores, teólogos y buscadores espirituales de ambos sexos y diversas tradiciones.

La pregunta de fondo es incómoda: ¿por qué Dios Padre no puede ser también Dios Madre? ¿Por qué desaparecieron de la cosmovisión monoteísta surgida en Medio Oriente, hace 4000 años, todo rastro de la Gran Madre de los pueblos primitivos y de las poderosas diosas de las mitologías egipcia, griega y romana? En el Olimpo, Zeus reinaba en paridad, junto a cinco dioses y seis diosas: Hera (su esposa y diosa del matrimonio), Atenea (diosa de la sabiduría), Artemisa (diosa de la caza), Afrodita (diosa del amor), Deméter (diosa de la agricultura) y Hestia (diosa del hogar).

La teología hebrea de un Dios único, masculino y todopoderoso creó un orden patriarcal y autoritario que arraigó también en el cristianismo y el islam. Las diosas no solo desaparecieron del panteón sagrado, sino que en la Tierra las mujeres fuimos culpadas con Eva del pecado original, despojadas de libertad y sometidas al varón. Muchos estudiosos y estudiosas de textos bíblicos sostienen que esta visión del origen del Universo y la organización social basada en la supremacía masculina no fue un designio divino, sino una formulación de elites políticas y religiosas con fines temporales.

En su libro The Forgotten Feminine Face of God (El olvidado rostro femenino de dios) la historiadora inglesa Anne Baring, formada en las universidades de Oxford y Sheffield, sostiene: “Estamos viviendo en el tiempo de la ‘muerte de Dios’, marcado por la agitación social, la confusión, el conflicto y el miedo…Tal vez no sea Dios quien está muriendo, sino más bien la imagen que hemos proyectado sobre Él”.

Y refleja así su tesis central: “Hemos fijado la imagen de la divinidad en el género masculino, negándonos hasta hace muy poco a considerar que el aspecto femenino del espíritu es esencial para la plenitud y el equilibrio de nuestra imagen de lo divino y, por lo tanto, para el equilibrio de la civilización”.

A los 95 años de edad y con nueve libros en su haber (entre ellos El mito de la diosa y El sueño del cosmos), Baring afirma que en la evolución de la conciencia humana hay dos etapas bien diferenciadas. La primera, la fase lunar, abarca en términos generales el Paleolítico y el Neolítico. “La humanidad vivía de manera instintiva como hija de la Gran Madre, en una armonía mágica dentro de su cuerpo, la Creación. Vida y muerte eran dos modos de su realidad divina”, escribe.

En la segunda fase, solar, iniciada hace 4000 años, la conciencia humana se separó de la naturaleza. “Durante esta fase de ruptura se produjo un desplazamiento desde la Gran Madre hacia el Gran Padre”, explica Baring. “El concepto de un Dios creador, masculino y trascendente, formulado por los profetas y líderes hebreos, se fue identificando con la razón, la luz, la mente creadora y el bien. La diosa, en cambio, quedó asociada a la materia, la oscuridad y el caos”.

La historiadora sostiene que actualmente nos encontramos ante la imperiosa necesidad de ingresar en una nueva etapa que reintegre y equilibre las dimensiones masculina y femenina de Dios. “La imagen femenina de la divinidad, con su tradición de sabiduría, está regresando a la conciencia. Ella nos reconecta con la dimensión interior y olvidada del alma, que ha permanecido oculta, como una bella durmiente tras un cerco de espinas”.

Margaret Barker, una prestigiosa teóloga metodista formada en la Universidad de Cambridge, afirma en su vasta Teología del Templo, que hasta el siglo VII a.C los hebreos no eran monoteístas, adoraban a Yahvé y a su esposa Asherah. Pero la Gran Dama o Diosa de la Sabiduría fue removida del Primer Templo de Jerusalén y de las escrituras por los reformadores del Deuteronomio en estricta obediencia a la Ley de Moisés, en tiempos del rey Josías. Aunque algunos encuentran sus investigaciones polémicas, el arzobispo de Canterbury, líder de la Iglesia de Inglaterra, le otorgó a Barker un doctorado honorífico por su contribución a los estudios religiosos.

María Magdalena

Siglos después, una cancelación similar a la de Asherah ocurrió en el cristianismo con la figura de María Magdalena. Ella y la Virgen María fueron las únicas que permanecieron junto a Jesús durante la crucifixión, cuando los apóstoles lo abandonaron, salvo Juan. Ella fue la primera en ir al sepulcro y ver al Hijo de Dios resucitado. En una escena conmovedora del evangelio, María Magdalena llora desconsolada al no encontrar el cuerpo de su amado maestro. Jesús resucitado la llama por su nombre:

—¡María!

Al verlo, quiere tocarlo. Pero él le dice:

—No me retengas, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y dile a mis hermanos que voy a reunirme con mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes.

María Magdalena se transforma así en la anunciadora del mensaje que funda el cristianismo, la resurrección de Jesús. Sorpresivamente, en el año 591 d.C., la discípula venerada por las primeras comunidades cristianas, fue degradada y silenciada por el papa Gregorio Magno. Desde el púlpito la calificó de prostituta arrepentida. La confundió (¿será posible?) con una pecadora de los evangelios que nada tenía que ver con ella. Su imagen quedó manchada durante 1500 años, hasta que el papa Juan Pablo II la reivindicó como “apóstola de los apóstoles” por anunciar la resurrección. En 2016, el papa Francisco elevó el día de su celebración al rango de fiesta litúrgica, igual jerarquía que los demás apóstoles.

Esta tardía rectificación llegó tras el surgimiento de un movimiento cristiano y feminista cada vez más amplio que considera a María Magdalena como la discípula dilecta de Jesús, su par espiritual e incluso su compañera. Se basa en estudios realizados a partir de hallazgos de antiguos papiros en Egipto, entre ellos el Evangelio de María Magdalena, encontrado en 1896, y los Evangelios de Tomás y Felipe, encontrados en Nag Hammadi en 1945. Se cree que pertenecieron a comunidades cristianas gnósticas (místicas) de los primeros siglos, cuyas prácticas diferían del dogma que se impuso en el siglo IV, cuando el cristianismo se convirtió en la religión del Imperio Romano. La Iglesia Católica desde entonces los considera apócrifos, porque en esos años estableció que los únicos evangelios válidos, canónicos, eran los de los apóstoles Lucas, Mateo, Marco y Juan. Los demás fueron quemados y destruidos. Hasta que resurgieron azarosamente.

Hay tres copias del Evangelio de María Magdalena, en el Museo Egipcio de Berlín y en las universidades de Oxford y Manchester en Inglaterra. Jean Yves Leloup, sacerdote de la Iglesia Ortodoxa de Francia, tradujo el texto original escrito en copto (antigua lengua egipcia) al francés. Para él, el valor del Evangelio de Miriam de Magdala (María en hebreo y arameo), reside en que es el testimonio de quien fuera “la amiga íntima de Yeshua (Jesús en hebreo y arameo), y una iniciada que transmite sus enseñanzas más sutiles”. En una conferencia sobre “el eterno femenino” señaló que es importante saber que “en los orígenes del cristianismo no había solo una visión masculina de las enseñanzas de Jesús sino una mirada femenina que los antiguos denominaban gnosis. Un conocimiento no solo mental y analítico, sino un conocimiento más interior y amoroso de lo divino, una inteligencia femenina que hasta ahora estaba faltando en la historia del cristianismo”.

El interés de Leloup por la apóstola comenzó cuando él todavía pertenecía a la Iglesia Católica Romana y fue destinado al santuario dominico de María Magdalena en la Sainte Baume, en el sur de Francia. La tradición provenzal afirma que después de la crucifixión de Jesús ella llegó a Saintes-Maries-Sur Mer, en la costa del Meditarráneo. Dicen que vivió en la gran gruta donde se erigió el santuario hasta su muerte. Sus devotos suelen hacer el Camino de María Magdalena, que recorre los distintos parajes donde ella predicó e hizo sanaciones milagrosas. LeLoup señala con acierto que en tiempos de Jesús, “el ser una mujer con conocimiento sagrado la convirtió en una paria social, una pecadora ante la mirada de muchos”. Las mujeres judías tenían prohibido estudiar los textos sagrados y la Torah.

La rabina Tirzah Firestone padeció una restricción similar en Estados Unidos casi 2000 años después. En su el libro The Receiving: Reclaiming Jewish Women’s Wisdom (El recibimiento: reclamando la sabiduría de las mujeres judías), cuenta que de niña su padre, un ferviente ortodoxo, solía sentarla a su lado en la sinagoga. Ella era feliz en medio de los cantos y rituales del Sabbath. Pero apenas creció fue enviada a la parte trasera del templo, detrás de un tabique plástico, reservado a las mujeres.

“Todo lo que era sagrado parecía comenzar y terminar del lado de los hombres”, recuerda. A lo largo de su infancia y adolescencia se preguntaba sin comprender: “¿Por qué todas las mujeres y las chicas somos excluidas del alma espiritual de nuestra tradición?” Su enojo la llevó a abandonar la religión judía y a abrevar en diversas tradiciones. Se casó y tuvo un hijo con un pastor cristiano. Fue desheredada por su familia. Décadas después regresó al judaísmo de la mano del rabino Zalman Schachter-Shalomi, uno de los fundadores del movimiento progresista Renovación Judía. En 1992 él la ordenó rabina. En la ceremonia hizo dos promesas: contribuir a remover las barreras que excluyen a las mujeres de lo sagrado; y descubrir la joya oculta en el corazón del judaísmo, en una totalidad integrada tanto por la visión más tradicional y masculina de la Torá como la más femenina y mística de la Cabalá.

En la Argentina, la profesora de historia Agustina Martínez de Hoz es una de las voces que difunde las enseñanzas de María Magdalena. Cuenta que al estudiarla su vida dio un vuelco. Había sido una católica creyente y practicante. Para ella fue un shock descubrir que no había sido una prostituta. “Tuve la sensación de estar frente a una mujer a la que habían negado y tergiversado. Para mí María Magdalena espeja no solamente mi herida como mujer, sino la herida de todas las mujeres que fuimos silenciadas, negadas y tergiversadas a lo largo de la historia”.

Después de la pandemia viajó al santuario de la Sainte Baume e hizo el camino de María Magdalena. También visitó la antigua Biblioteca Bodleian, en la Universidad de Oxford, donde se guarda uno de los papiros de su evangelio. “Como es muy pequeño y data del año 150 d.C. está protegido por un vidrio. Está escrito en griego y yo no sé leer griego. El papirólogo que me lo mostró empezó a traducirlo al inglés. Es un pasaje muy lindo. Todos los discípulos están muertos de miedo y tristes después de la muerte de Jesús. Preguntan: ‘¿Cómo vamos a ir a predicar, si le hicieron esto a él, qué nos harán a nosotros?’ María Magdalena se pone de pie, los abraza y consuela. Les dice: ‘No permanezcan en sufrimiento y duda, su Gracia los guiará. En vez, alabemos su grandeza, porque él nos preparó para esto’. Es un pasaje espectacular, que la muestra a ella con esta integración de ambas energías. Porque hay que tener coraje y fuerza masculina para pararse y darle aliento a los discípulos varones que están asustados; pero después los consuela con palabras suaves. Ahí vemos su femenino. Fue muy emocionante”.

Martínez de Hoz señala que el Evangelio de María Magdalena tiene un mensaje radical. “En la primera parte Jesús dice: ‘El pecado no existe, el pecado es lo que ustedes hacen cuando están separados de su naturaleza divina’. Ella nos invita a un camino de auto maestría, interior, sin intermediarios”.

Mi testimonio

Hace veinte años, de manera intuitiva y sin tener conocimiento de estas discusiones teológicas, empecé a llamar a Dios “Madre”. Sentí una profunda necesidad de fortalecer en mí las cualidades consideradas femeninas. En lugar de un Dios exigente y castigador, necesitaba la ternura e incondicionalidad de una Diosa Madre. Criada en la cultura occidental, que premia el intelecto y el éxito por sobre el amor y la compasión, durante mucho tiempo descuidé mi lado femenino para no ser considerada “menos” en el mundo de los varones donde parecía haber más libertad. La maternidad y mi peregrinación interior me ayudaron a equilibrar los principios femenino y masculino en mí.

Por eso creo que recuperar la dimensión femenina de Dios, equilibrar los atributos masculinos y femeninos de lo sagrado en la conciencia humana es fundamental no solo para nosotras, las mujeres, sino para los hombres también. Solo así nuestra especie podrá evolucionar hacia un orden humano, social y planetario más centrado en el cuidado y no en la depredación, en la convivencia y no la confrontación, en el amor y no el miedo. Un proceso sanador para mujeres y varones por igual.

Es posible, entonces, que la pregunta de fondo ya no sea si Dios es hombre o mujer, sino cuánto perdimos y perdemos al imaginarlo de un solo modo. Las imágenes que una cultura construye de lo divino no son neutras: moldean jerarquías, legitiman poderes y ordenan el mundo. En ese sentido, revisar el rostro de Dios no es un ejercicio teológico abstracto, sino un acto existencial, cultural y político necesario. Es probable que figuras como María Magdalena regresen ahora no para reescribir la historia, sino para ampliarla. Y en esa ampliación, lo femenino deja de ser una ausencia para convertirse, otra vez, en parte de lo sagrado. La verdadera herejía, entonces, ya no sería imaginar a Dios como mujer, sino seguir creyendo que solo puede ser hombre.

View the original on La Nación

KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.