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Sunday, September 20, 2026

Los desaciertos que marcaron el inicio de la candidatura de Bachelet a la ONU

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“¡La convencí!”, “al fin convencí a la presidenta”. A inicios de julio de 2025, Paula Narváez llegó exultante a las oficinas de la misión de Chile en Nueva York. Acababa de despedirse de Michelle Bachelet, quien había pasado unos días alojada en el departamento de la entonces embajadora ante la ONU, y la emoción que la embargaba era tal, que no pudo contenerse frente a los miembros de la delegación diplomática.

No era extraño que, en sus pasadas por Nueva York, la exmandataria se hospedara en casa de una de sus colaboradoras más cercanas y quien fuera su ministra y jefa de gabinete durante su segundo gobierno en La Moneda. Algo que volvió a hacer a principios de julio del 2025, durante una escala en el viaje de retorno a Chile desde Sevilla tras participar, en su calidad de vicepresidenta del Club de Madrid, en la cuarta conferencia internacional sobre financiación para el desarrollo entre el 30 de junio y el 3 de julio.

Por entonces, Bachelet llevaba varios meses dando vueltas a la posibilidad de competir por la Secretaría General de la ONU, sin tomar una definición. Finalmente ayer la expresidenta anunció que no continuará con su candidatura.

La idea de llegar a la ONU había comenzado a rondar con fuerza en abril de 2024, luego de que Passblue, medio especializado en la cobertura de la ONU, divulgara una encuesta a 2.220 funcionarios e integrantes de ONG ligadas al trabajo del mayor organismo multilateral, en donde Bachelet figuraba por lejos como favorita para suceder al portugués Antonio Guterres en la Secretaría General de la ONU.

Pero hasta su encuentro y conversaciones con Narváez en la “Gran Manzana”, la dos veces exjefa de Estado chilena, primera directora ejecutiva de ONU Mujer y ex alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, había dejado el tema en suspenso.

Solo unos meses antes, durante el verano de 2025, y en vista de su silencio, el Partido Socialista había intentado convencerla para que fuera por tercera vez la candidata presidencial de la centroizquierda. La propuesta puso en vilo las aspiraciones de otras figuras del sector, entre ellas la de la entonces ministra del Interior, Carolina Tohá, pese a que Bachelet le había dicho que no la esperara y que anticipara su salida del gabinete del gobierno de Boric para fortalecer su campaña a las primarias del entonces oficialismo. La expresidenta terminó anunciando a principios de marzo que “ahora deben ser otros los que asuman el desafío presidencial. La buena política exige renovación”, en una declaración pública.

En los días que pasaron juntas en Nueva York, Narváez le habló de sus conversaciones con representantes de otros países y del “enorme” interés que despertaba su figura como carta para la Secretaría General de la ONU. En el entorno de la exmandataria afirman que Narváez, aunque no tenía cálculos numéricos sobre las reales posibilidades de la campaña, le transmitió el entusiasmo que ella misma sentía a partir de los análisis cualitativos que hacía con base en los diálogos informales que tenía con representantes de otras misiones diplomáticas ante la ONU.

Michelle Bachelet y Paula Narváez en la ONU

Desde el entorno de Bachelet afirman que hasta fines de 2025 el clima que había en el mundo de la ONU era “altamente propicio” en relación a la figura de la exmandataria chilena. “Nos sorprendía que cada vez que íbamos a algún lugar, particularmente vinculado con Naciones Unidas, la pregunta que se hacía sobre una eventual candidatura de Bachelet era recurrente, era una conversación que estaba instalada de alguna manera en ese mundo”, señala un cercano colaborador de la expresidenta.

Ahora, con tres negativos straw polls para la exmandataria en los que ha ido bajando su nivel de apoyo -y la declaración de ella misma de hace un par de semanas, cuando reconoció que “sé que no voy a ser secretaria general”-, en los círculos diplomáticos se abre la interrogante de dónde estuvo la falla de cálculo.

Falta de convencimiento en Cancillería

Narváez llevaba mucho tiempo, a lo menos desde enero de 2024, haciendo rondas de consultas informales, tras las cuales hacía minutas y documentos que sociabilizaba entre algunos pocos cercanos a Bachelet. “Cuando nos llegaban esos análisis y se daba la posibilidad de preguntarle a la presidenta qué pensaba, ella siempre nos decía con una sonrisa: ‘Son cosas de la Paulita’, sin darle mayor trascendencia”, remarcan excolaboradores de Bachelet.

Fue en esa época, en enero de 2024, que Narváez habló con el canciller Alberto van Klaveren para pedirle que pusieran en marcha un plan de campaña para la Secretaría General de la ONU. Cercanos a la misión de Chile en Nueva York señalan que Narváez estaba convencida de que si querían ganar era indispensable empezar lo antes posible con la carrera. Pero no existía la misma convicción en Cancillería. Particularmente, Van Klaveren observaba que el escenario global, tras la llegada de Trump a la Casa Blanca por segunda vez, hacía muy difícil un triunfo.

La designación de Narváez como embajadora de Chile ante la ONU, el 21 de marzo de 2022, 10 días después de la llegada de Boric a La Moneda, no tuvo que ver con la posterior campaña a la Secretaría General, asegura un exfuncionario de La Moneda en el periodo del frenteamplista. Ella había trabajado al interior de la ONU, mientras Bachelet ocupó cargos en el organismo multilateral, por lo que su nombramiento allá era resultado de su propia trayectoria. Una trayectoria que quedaría ligada indisolublemente al origen de la campaña.

Desde Cancillería y en el entorno de Bachelet reconocen ahora que los análisis cualitativos que hacía Narváez sobreestimaron el ambiente que había en el mundo diplomático más progresista que conforma la Asamblea General, pero no hubo una lectura más fina de lo que pensaban los miembros del Consejo de Seguridad, el primer paso que debía superar Bachelet si quería llegar a la Secretaría General y donde han entrado a tallar otros aspectos que han complejizado el proceso de elección del sucesor de Guterres.

Alberto Van Klaveren y Gloria de la Fuente.

Pese a las redes que tenía en la ONU, Narváez nunca logró reunirse con alguno de los miembros de la misión de Estados Unidos en Nueva York. No habló con la embajadora Linda Thomas-Greenfield, quien llegó de la mano del demócrata Joe Biden y se mantuvo hasta enero de 2025, ni mucho menos con Michel Waltz, el exboina verde y excongresista republicano designado por Donald Trump para representarlo ante las Naciones Unidas. Conversaciones que podrían haber dado alertas sobre lo que está ocurriendo en el Consejo de Seguridad y el brusco giro que estaba imponiendo la segunda administración de Trump en contra del multilateralismo.

La Cancillería chilena, pese a que también recibía consultas informales de muchos países sobre Bachelet en las conversaciones bilaterales que llevaban adelante el canciller y la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Gloria de la Fuente, con sus pares, recién instruyó a todas las embajadas de Chile a levantar información sobre el respaldo que tenía la figura de la exmandataria y su campaña a la ONU a fines de septiembre de 2025, tras la presentación formal de la candidatura.

Cercanos a la misión en Nueva York reclaman que hubo excesiva demora en dar una estructura de soporte a la campaña de Bachelet. Pese a la insistencia desde la delegación chilena ante la ONU, el plan de acción no se armó en Santiago. Ante la demora, Narváez con algunos de los funcionarios de la embajada diseñaron un plan, al que, reclaman desde Nueva York, no se le hizo seguimiento. Varias veces la embajadora reclamó a la Cancillería sobre eso.

Hubo otros desaciertos. Sorprendentemente, tras convencer a la exmandataria a inicios de julio de 2025 para que lanzara su candidatura a la ONU, Narváez no informó de inmediato a la Cancillería chilena, tampoco al círculo de confianza de la expresidenta, el que era contrario a las presiones para que la exmandataria asumiera un desafío de esta envergadura. Para su núcleo más cercano, el que integran sus amigas, como la abogada Ana Lya Uriarte o la periodista Haydée Rojas, Bachelet estaba “muy cómoda” en su rol de conferencista internacional.

No se trataba solo de una preocupación íntima y personal respecto del peso que significaba emprender una campaña tan desgastante como es la carrera por la Secretaría General de la ONU. También dudaban sobre el sentido que podía tener esta candidatura. “¿Como secretaria general va a poder decir todo lo que dice ahora?”, fue una pregunta que varias veces se hicieron en el círculo de hierro de la dos veces exjefa de Estado en medio de la fuerte disputa de las grandes potencias por la hegemonía global y el debilitamiento de la ONU.

El entorno más cercano se enteraría recién el 17 de julio de 2025, por boca de Bachelet, de que había aceptado postular. Supieron casi por casualidad, en una conversación con la exmandataria durante el cumpleaños de Ana Lya Uriarte, que se celebró en la casa de la presidenta del PS y exdirectora ejecutiva de la Fundación Horizonte Ciudadano, Paulina Vodanovic, y a la que asistieran solo cuatro invitados.

En ese ambiente íntimo, Bachelet comentó: “Me están pidiendo mucho que vaya… No se imaginan la cantidad de llamados que recibo”. Ante la insistencia de sus amigas que le preguntaban si ya se había decidido, ella les dijo que todavía lo estaba pensando. “Eso es un sí para todas las que te conocemos”, le dijeron, recordándole que estaba usando las mismas palabras de 2018, poco antes de aceptar la invitación que le hizo Antonio Guterres para que asumiera como alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU.

Escenario interno

La sobreestimación inicial del respaldo extranjero a Bachelet no fue el único error de análisis por esos días. También erraron sobre los escenarios políticos internos. Un desacierto que terminó pasando la cuenta a la campaña.

26/12/2022 ANA LYA URIARTE JUNTO A PAULINA VODANOVIC FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA MARIO TELLEZ

Fuentes que conocieron directamente la gestación de la candidatura señalan que Narváez estaba convencida de que la elección presidencial de ese año la ganaría la derecha. El análisis era simple: si ganaba Evelyn Matthei, por su historia y trayectoria, suponía que iba a respaldar la carrera de Bachelet a la ONU. Una tesis que compartían los principales responsables de la diplomacia del gobierno de Boric, pese a que, desde fines de mayo, las encuestas mostraban una tendencia a la baja en el apoyo a Matthei, y desde el 8 de junio, algunas colocaban a José Antonio Kast en segundo lugar tras la abanderada oficialista Jeannette Jara.

Si ganaba Kast, planteaban desde Cancillería, el proceso sería más complejo, pero no imposible. Los cálculos iniciales de Cancillería apostaban a que el republicano no daría un respaldo abierto y que no se la jugaría por apoyar la campaña, pero nunca esperaron que retiraría la postulación.

El error implicó que se postergara hacer gestiones con la entonces oposición para ir generando un clima de apoyo transversal a la campaña de Bachelet.

Cercanos a la misión chilena en Nueva York afirman que Narváez sugirió varias veces a la Cancillería que se formara un equipo amplio, que incluyera a personeros de la derecha, para que el sector se sintiera parte de esta campaña. Pero eso tampoco se hizo.

Incluso, en el pequeño equipo que montó la Cancillería para coordinar y empujar la candidatura -en la que participaban, además del canciller, la subsecretaria Gloria de la Fuente, el entonces jefe de la División de Asuntos Multilaterales Frank Tressler y el secretario general de Política Exterior, Rodrigo Olsen-, algunos esperaban que fuera un excanciller con tonelaje político y redes tanto en la izquierda como en la derecha quien asumiera la coordinación de la campaña. Algo que tampoco ocurrió.

Pasarían varios meses, demasiados según algunos, para que se intentara un acercamiento con Kast. La tarea se le encomendó a Tressler -actual secretario general de Política Exterior-, el único miembro del equipo cercano a la derecha, aunque sus redes no se extendían al mundo republicano.

Tressler, reconocen en el entorno de Bachelet, actuó de manera proactiva y con apego a sus responsabilidades funcionarias. Con Bachelet se conocían de mucho antes y habían trabajado juntos durante el periodo en que ambos coincidieron en Ginebra. Pero, pese a las gestiones que intentó Tressler, su nivel de acceso al entorno del entonces candidato del Partido Republicano y del Partido Social Cristiano era escaso. Más aún en una campaña que para entonces ya mostraba altos niveles de polarización.

En 2025, Narváez no sólo habló con Cancillería. También hizo gestiones directas en Presidencia para empujar la campaña. Fue la subsecretaria Gloria de la Fuente quien la puso en contacto con el asesor internacional del presidente, Carlos Figueroa.

Fuentes vinculadas a la campaña aseveran que Boric, incluso desde antes de que la exmandataria tomara una decisión, se mostró disponible “a apoyarla en el camino que ella decidiera recorrer”. Incluso, mientras ella guardaba silencio, en varias ocasiones, señalan las mismas fuentes, asesores del presidente llamaron a la Cancillería para preguntar si sabían qué determinaría hacer ella.

Boric tuvo un rol clave, junto a Van Klaveren, en amarrar el respaldo de los presidentes de Brasil, Lula da Silva, y de México, Claudia Sheinbaum, a la campaña. Pero también, señalan en el entorno de Bachelet, tuvo gestos de “mucha generosidad” hacia la figura de la exmandataria. Entre otros, afirman, cuando “en vez de buscar brillar en su último discurso ante la Asamblea General de la ONU, lo puso a disposición de Bachelet”.

Cuántas veces hablaron en ese periodo Boric y Bachelet sobre el tema no está claro. Lo que sí se sabe es que el 20 de septiembre de 2025, dos días antes de que viajaran a Nueva York a la Asamblea Genera de la ONU, ambos tuvieron una charla. Bachelet le ratificó formalmente su intención de competir y él le adelantó parte del discurso en que anunciaría su candidatura a la Secretaría General. Carrera que terminó abruptamente ayer.

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