La sorprendente costumbre de dormir dos veces cada noche: así descansaban algunos europeos antes de la llegada de la electricidad
Durante siglos, algunas personas dividían su descanso nocturno en dos periodos separados por un intervalo de vigilia. Los documentos históricos permiten reconstruir esta curiosa práctica, aunque los investigadores todavía discuten hasta qué punto estuvo extendida.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado:
Imagina acostarte al anochecer, dormir durante varias horas y despertarte cuando todavía es medianoche. En lugar de preocuparte por no poder conciliar el sueño, decides levantarte, encender una vela y dedicar un rato a tus asuntos. Después regresas a la cama y vuelves a dormir hasta que comienza a amanecer.
Hoy podríamos interpretar esa interrupción como una mala noche. Sin embargo, existen testimonios de la Europa preindustrial que describen una forma de descansar bastante diferente de la que consideramos habitual: el sueño dividido en dos periodos, conocidos como primer y segundo sueño.
Lo más interesante es que esta costumbre no aparece únicamente en relatos literarios. Los historiadores han encontrado referencias en documentos judiciales, correspondencia, diarios y otros escritos que permiten conocer cómo algunas personas organizaban sus noches.
Cuando despertarse de madrugada formaba parte de la rutina
Uno de los investigadores que más ha estudiado esta cuestión es el historiador estadounidense A. Roger Ekirch, quien publicó en 2001 un influyente trabajo titulado Sleep We Have Lost, dedicado al descanso nocturno en las sociedades preindustriales.
Tras examinar numerosas fuentes históricas, Ekirch defendió que el sueño segmentado había sido una práctica ampliamente extendida en Europa occidental.
Según su reconstrucción, algunas personas se acostaban unas horas después del anochecer y dormían aproximadamente tres o cuatro horas. Después permanecían despiertas durante un intervalo que podía prolongarse alrededor de una hora, antes de iniciar un segundo periodo de descanso hasta la mañana.
Pero ¿qué hacían mientras estaban despiertas?
Los testimonios históricos mencionan actividades tan diferentes como rezar, conversar, atender tareas domésticas o permanecer tranquilamente en la cama. Algunas personas aprovechaban también para reflexionar sobre sus sueños, mientras que otras mantenían relaciones sexuales o realizaban pequeñas ocupaciones.
No significa que todo el mundo siguiera exactamente ese horario. Las condiciones de vida, las estaciones del año y las obligaciones laborales podían modificar considerablemente las horas de descanso.
Una noche muy diferente de la nuestra
Para comprender esta práctica conviene imaginar cómo transcurría la vida antes de la generalización del alumbrado artificial.
En las poblaciones rurales, especialmente durante los meses de invierno, la oscuridad podía prolongarse durante muchas horas. Las velas, las lámparas de aceite y otros sistemas de iluminación existían, pero su utilización estaba condicionada por el coste y la disponibilidad.
La llegada de la noche imponía, por tanto, unas limitaciones que hoy apenas conocemos.

Dormir durante dos periodos podía encajar en una jornada marcada por la luz natural. Sin embargo, sería incorrecto pensar que nuestros antepasados se acostaban siempre al ponerse el sol o que todos disfrutaban de largas horas de descanso.
La vida cotidiana estaba llena de interrupciones: había que cuidar animales, mantener el fuego, atender a los niños y cumplir obligaciones que no siempre terminaban cuando oscurecía.
¿Nuestro cuerpo está preparado para dormir de esa manera?
La posibilidad de dividir el sueño también ha despertado el interés de los investigadores modernos.
En 1992, el psiquiatra Thomas Wehr publicó un experimento en el que estudió cómo cambiaba el descanso de un grupo de participantes cuando se modificaban sus periodos de exposición a la luz.
Al reducir las horas de iluminación, observó que el sueño tendía a prolongarse y, frecuentemente, a dividirse en dos episodios separados por un intervalo de vigilia de entre una y tres horas.
El resultado demostró que el organismo humano puede adoptar un patrón de sueño segmentado bajo determinadas condiciones de iluminación.
Eso no significa, sin embargo, que dormir en dos periodos sea necesariamente más saludable ni que constituya nuestra forma natural y universal de descanso. El experimento permite comprender una posibilidad fisiológica, pero no demuestra por sí solo cómo dormían las poblaciones europeas siglos atrás.
¿De verdad todo el mundo dormía dos veces?
Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes del debate histórico.
En 2023, el investigador Niall Boyce publicó en la revista Medical History una revisión crítica de las fuentes utilizadas para defender la existencia de un sueño segmentado generalizado.
Su principal argumento era que algunas expresiones antiguas, como «primer sueño» o «segundo sueño», podían tener diferentes significados y no siempre implicaban una interrupción prolongada entre ambos periodos.
Ekirch respondió posteriormente defendiendo la solidez de las numerosas referencias históricas que había recopilado.
Por tanto, la cuestión continúa abierta. Sabemos que existieron personas que dividían sus noches en dos periodos de descanso, pero no podemos asegurar que esa fuera la costumbre de toda Europa.
Lo que sí revela esta historia es algo fascinante: incluso una actividad tan cotidiana como dormir ha estado condicionada por las circunstancias sociales, culturales y materiales de cada época.
Y quizá la próxima vez que te despiertes a medianoche recuerdes que, para algunas personas de hace varios siglos, aquel momento podía ser simplemente una parte más de la noche.
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