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Sunday, September 27, 2026

El planeta quema

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El calentamiento global vuelve a registrar cifras que preocupan. Según el Servicio Copernicus de Cambio Climático, el pasado agosto fue el mes más caluroso de la historia en el planeta, con las temperaturas oceánicas también en niveles sin precedentes. Las temperaturas promedio del aire fueron de 16,9ºC, superando en 0,01ºC el récord mensual previo, alcanzado en julio de 2023.

Las temperaturas de las superficies marinas también alcanzaron niveles extraordinarios. La temperatura media diaria de la superficie del mar fuera de las regiones polares llegó en agosto a 21,11 grados, un récord histórico. Las aguas del Atlántico y del Mediterráneo occidental registraron además temperaturas sin precedentes para ese mes en las proximidades de Europa, acompañadas de extensas olas de calor marinas.

Uno de los factores que contribuyeron a las temperaturas de agosto fue el fenómeno de El Niño, que ya está plenamente establecido y seguirá intensificándose durante los próximos meses. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que tendrá importantes efectos sobre los patrones de temperatura y precipitaciones hasta bien entrado 2027.

Las consecuencias ya se perciben en los incendios forestales que arrasaron miles de hectáreas en el Mediterráneo y en América del Norte, en las olas de calor que colapsaron hospitales en Asia y Europa y en las sequías devastadoras que golpean a la agricultura y ganadería en vastos territorios. El aumento del nivel del mar, el retroceso de los glaciares y los eventos climáticos extremos se repiten con menos tiempo entre uno y otro.

El reciente verano europeo se convirtió en el más caliente de la historia. Ocasionó 35.000 muertes más de lo usual para esa estación. Estos aumentos desmedidos en la temperatura están confirmando una tendencia: los veranos son cada vez más largos, más intensos y más peligrosos.

Los científicos atribuyen el calentamiento observado principalmente a la actividad humana, en especial a la quema de carbón, petróleo y gas. Este proceso ha elevado la temperatura media del planeta en aproximadamente 1,4°C respecto de la era preindustrial, aumentando además la frecuencia y gravedad de diversos fenómenos meteorológicos extremos.

Mientras la transición energética y la reducción de emisiones tardan en llegar, los gobiernos y las ciudades tienen que actuar para proteger a la población. La solución paliativa más urgente es invertir en planes de adaptación inmediata: redes de centros frescos en barrios vulnerables, alertas tempranas por olas de calor, forestación urbana y techos verdes para bajar la temperatura en las ciudades, además de sistemas de salud preparados para atender más casos por golpes de calor y enfermedades estacionales.

Mientras las emisiones no se recorten, seguiremos rompiendo récords. El problema es global, pero la responsabilidad empieza en cada gobierno y en cada decisión económica. Los cambios necesarios abarcan tecnologías, comportamientos y políticas que fomentan un menor despilfarro y un uso más inteligente de nuestros recursos. El costo de no actuar supera al de transformar.

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