Un año de Di Carlo en River: refuerzos top, resultados negativos y la guerra con AFA

Este martes 3 de noviembre se cumple un año de la asunció n de Stéfano Di Carlo como presidente de River. Con apenas 36 años y el 61% de los votos de los socios, reemplazó a Jorge Brito en el trono de la Banda. Un año en el que pasó mucha agua debajo del puente. Como si hubieran sido más de 12 meses de gestión. Una gestión que está en el debe desde lo futbolístico, más allá de los progresos institucionales (con el comienzo de la construcción del techo del Monumental como estrella). A continuación, el repaso de un balance negativo en el rectángulo de las emociones.
La primera gran decisión de su gestión fue renovarle el contrato a Marcelo Gallardo antes del Súper del Clausura 2025. Napoleón venía golpeado por los diferentes traspiés de su segundo ciclo. No obstante, Di Carlo apostó fuerte al extender el vínculo por un año más. El final del '25 fue negativo por la derrota ante Boca (la primera de esta cadena de tres superclásicos perdidos desde que está como presidente) y la posterior eliminación en octavos de playoffs contra Racing. Para colmo, después de 11 temporadas de participación sin interrupciones , River se quedó sin Libertadores para el año siguiente.
Di Carlo asume (Carroll).
Para el inicio de 2026, el primer mercado de pases fue mucho más moderado que los de su antecesor Brito. Solo se desembolsó una suma importante (siete millones de dólares) por Aníbal Moreno y se sumaron a préstamo otros nombres, como Fausto Vera, Matías Viña y, semanas más tarde, el ecuatoriano Kendry Páez. Luego, sí se compró a Tobías Ramírez. Además, con el visto bueno de Gallardo, se les dijo adiós a varios héroes de Madrid, como Pity Martínez, Nacho Fernández, Enzo Pérez y Milton Casco. También se marchó el colombiano Borja.
Di Carlo con Gallardo (Bairo).
Pero Gallardo, que ya venía desgastado por un pésimo 2025, no aguantó mucho en el cargo. En febrero, luego de una derrota ante Vélez, el Muñeco anunció su salida para tratar de descomprimir el pesado ambiente riverplatense, con los hinchas nuevamente disgustados. Se realizó una despedida decorativa ante Banfield (con victoria 3-1) en el Monumental y, enseguida, Di Carlo y compañía tuvieron que salir a buscar nuevo DT . El elegido, con el respaldo de la gente, fue Eduardo Coudet, que dirigía al Alavés de España. Debutó el 12 de marzo contra Huracán en el Ducó. Se apuntó a él especialmente para levantar anímicamente al plantel. El ciclo arrancó positivamente, con seis victorias en siete partidos, pero llegó el primer mazazo: derrota en el Súper en el Monumental, con polémica arbitral incluida. Nuevas caras largas de los fanáticos y un Coudet que, a partir de ese resultado y de la caída en la final con Belgrano del Apertura, empezó a perder crédito.
En el medio, Di Carlo sumó su primer capítulo pesado al anunciar el alejamiento de River de las reuniones del Comité Ejecutivo de AFA, por estar en desacuerdo con los manejos y los caminos tomados para el fútbol argentino por Claudio Tapia, quien curiosamente había formado parte de su asunción como mandatario millonario en noviembre del año anterior. Por otro lado, Stéfano, en su intención de darle un giro a la conducción futbolística de River tras la segunda era Gallardo, nombró al español Pablo Longoria como director deportivo. Toda una novedad para el club y para el fútbol argentino, con el objetivo de mejorar el ojo a la hora de confeccionar el plantel profesional. Un Longoria al que, hasta acá, desde que tomó las riendas, no se le conoce la voz de manera pública...
Di Carlo con Tapia, otra épocas (Carroll).
Antes del Mundial, un nuevo anuncio sacudió las paredes del CARP, aún tocadas por la final perdida contra el Pirata. El famoso container, con los 14 jugadores del plantel profesional que fueron apartados. Algunos pesados, como Germán Pezzella, Paulo Díaz, Maxi Salas y el colombiano Kevin Castaño, entre otros. También pibes como Ian Subiabre, Santiago Lencina y Alexander Woiski, que nunca llegó a debutar en Primera y había arribado un año antes desde España. Inicialmente, la idea era venderlos para compensar la pérdida económica por la inversión inicial y aliviar la masa salarial. Sin embargo, la situación se dilató durante semanas, se convirtió en un dolor de cabeza por la mediatización y varios de ellos finalmente rescindieron o se fueron a préstamo a otros destinos. El plan no fue exitoso. Tiempo después, el propio Di Carlo reconoció que fue un error el método utilizado para apartar a esos futbolistas del plantel profesional.
Justo en la previa de la finalización del Mundial, dos días antes de la final y después de una pretemporada poco entendible que River realizó en España con un plantel sumamente corto (19 futbolistas), Coudet recibió un flor de cachetazo al quedar eliminado de la Copa Argentina ante el modesto Aldosivi. Fue el inicio del fin, pese a la mega millonaria inversión de la dirigencia para el segundo semestre del corriente año: casi 67 millones de dólares gastados para reforzar al primer equipo. Con el correr de las semanas fueron llegando campeones del mundo como Nicolás Otamendi, Angelito Correa y Thiago Almada. También los uruguayos Gio González y Mauro Arambarri, a pedido de Coudet. Se sumaron otros ex River como Lucas Beltrán y Rafael Santos Borré, más Pancho Ortega y Tobías Andrada. Una fortuna por esos nombres que, a priori, apuntaban a darle un salto de calidad a un plantel que había perdido jerarquía. Pero...
Di Carlo con Coudet (Tesone).
El ciclo Coudet llegó a su fin con la inesperada eliminación en los octavos de la Sudamericana ante Independiente Santa Fe de Colombia, por penales, a fines de agosto. El Chacho ya venía cuestionado por los resultados adversos y las críticas de los hinchas, que también llegaron a apuntar a la dirigencia en el Monumental. Hubo hasta un hall, como en las épocas más negativas de la institución. Los fanáticos se hicieron oír, con una bronca notoria.
En otra decisión que generó controversia, Di Carlo y su CD, con la compañía de Enzo Francescoli desde la secretaría técnica, le dieron el buzo de DT interino a Leo Ponzio. Apostaron por un ídolo contemporáneo que se encontraba realizando otra función en la institución, bajo el ala de Enzo. El ex volante mejoró la campaña del equipo en el Clausura después de las derrotas consecutivas con Coudet. Hasta que llegó el clásico con Boca.
Di Carlo con Almada (EFE).
Un clásico que, en la previa, volvió a marcar las diferencias entre River y la AFA de Tapia. El regreso de la "Guardia Alta", frase dicha por primera vez por Marcelo Gallardo en su primer ciclo ante los perjuicios arbitrales contra su equipo. Se apeló a ella durante la semana previa. Además, en una reunión del Comité Ejecutivo de los clubes de Primera , River, que había vuelto semanas atrás, votó en contra del cambio de torneo para 2027 (30 equipos, sin zonas, todos contra todos, con playoffs para el Apertura y el Clausura). Solo recibió el apoyo de Estudiantes de La Plata, el club de Verón, marcado opositor a Tapia. El Pincha es ahora un aliado en esta guerra.
Finalmente, River perdió otra vez con Boca el último domingo, en un partido que dejó mucha tela para cortar, tal como había ocurrido durante una previa muy hablada, más allá de lo puntualmente futbolístico. Di Carlo, otros directivos (y ex como Rodolfo D'Onofrio y Jorge Brito), Ponzio y los jugadores protestaron por el polémico arbitraje de Nicolás Ramírez y del VAR, a cargo de Silvio Trucco. Otros palos contra AFA. Un nuevo capítulo de un conflicto que se agranda.
Más allá de la lucha de poderes, lo cierto es que, mientras en la vereda boquense pelean en todos los frentes luego de haber quedado afuera en la Libertadores 2026, a River le queda solamente ser campeón en el Clausura para tratar de maquillar un año muy pobre y volver a la Copa. Por el momento, es claro que el balance futbolístico está muy lejos de lo que Di Carlo hubiera imaginado en su asunción. Decisiones que no dieron los resultados esperados y errores que deberán subsanarse, desde las oficinas del Monumental hasta lo que sucede en el verde césped.
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