¿Un festín de mamut hace 32.000 años? Hallan huesos con marcas que apuntan a su caza por humanos modernos
Unas misteriosas marcas encontradas en huesos de mamut de un antiguo campamento alemán sugieren que los primeros europeos modernos pudieron cazar a estos gigantes, y no solo aprovechar sus restos.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Durante décadas, los arqueólogos pensaron que los primeros humanos modernos que habitaron Breitenbach, en Alemania, aprovechaban los colmillos de mamuts que habían muerto mucho antes de su llegada. Sin embargo, unos huesos descubiertos durante las excavaciones de 2026 están poniendo en duda esta interpretación. Las nuevas evidencias sugieren que aquellos grupos humanos no se limitaban a recoger marfil antiguo, sino que posiblemente cazaban a estos enormes animales y aprovechaban su carne, sus pieles y sus defensas.
El descubrimiento se ha producido en Breitenbach-Schneidemühle, un yacimiento situado en el sur del estado alemán de Sajonia-Anhalt, donde se han recuperado importantes concentraciones de huesos de mamut por primera vez en casi un siglo. Entre los restos encontrados figuran grandes fragmentos de colmillos, piezas de marfil trabajadas y huesos que presentan posibles marcas de corte.
Tal y como ha revelado la Oficina Estatal de Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt en un comunicado publicado el 20 de octubre de 2026, estos indicios podrían demostrar que los habitantes del asentamiento cazaban mamuts hace entre 32.000 y 34.000 años, una actividad que hasta ahora no se había podido establecer en este lugar.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque Breitenbach conserva restos de algunas de las primeras comunidades de Homo sapiens que se establecieron en Europa. Sus herramientas, adornos y objetos artísticos permiten conocer cómo vivían aquellos cazadores-recolectores en un entorno dominado por las duras condiciones climáticas de la última glaciación.
Un descubrimiento que cambia la historia de Breitenbach
Las excavaciones realizadas entre julio y octubre de 2026 han permitido localizar acumulaciones de huesos de mamut que no se documentaban desde 1927. Los investigadores también han recuperado fragmentos alargados de colmillos y numerosas piezas relacionadas con la transformación del marfil.
Hasta ahora, los especialistas consideraban que buena parte de este material procedía de animales muertos mucho antes de que los humanos ocuparan el asentamiento. Los análisis anteriores habían indicado que algunos restos de marfil eran considerablemente más antiguos que la presencia humana documentada en Breitenbach.
Sin embargo, las nuevas evidencias apuntan hacia una situación diferente. Las marcas de corte identificadas en algunos huesos sugieren que los mamuts pudieron ser despiezados para aprovechar su carne. Esto abre la posibilidad de que aquellos grupos humanos participaran directamente en su captura, aunque todavía serán necesarios nuevos estudios para confirmar las circunstancias de su muerte.

Olaf Jöris, investigador del centro MONREPOS, perteneciente al Centro Leibniz de Arqueología (LEIZA), explica en el comunicado institucional que las comunidades de Breitenbach se alimentaban principalmente de renos. También cazaban caballos, ocasionalmente ciervos y pequeños animales como zorros y liebres, cuyas pieles probablemente utilizaban para protegerse del frío.
Los mamuts podrían haber desempeñado, por tanto, un papel más importante del que se pensaba. Además de proporcionar grandes cantidades de carne, sus colmillos ofrecían una materia prima especialmente valiosa para fabricar instrumentos, adornos y pequeñas representaciones artísticas.
Un gigantesco campamento de hace más de 30.000 años
Breitenbach-Schneidemühle ocupa aproximadamente 10.000 metros cuadrados y está considerado el mayor yacimiento al aire libre del Auriñaciense conocido en Eurasia occidental.
El Auriñaciense es una etapa del Paleolítico superior que se desarrolló aproximadamente entre hace 42.000 y 32.000 años. Está estrechamente relacionada con la expansión de los humanos anatómicamente modernos por Europa y con la aparición de numerosas manifestaciones artísticas y nuevas técnicas de fabricación de herramientas.
La importancia del asentamiento alemán reside también en su ubicación. Buena parte de los yacimientos europeos de este periodo se encuentran en cuevas y abrigos rocosos, mientras que Breitenbach conserva una extensa superficie donde los arqueólogos pueden estudiar cómo se distribuían las actividades cotidianas.

Las investigaciones han permitido identificar un área interpretada como taller de marfil. Allí aparecieron cuentas perforadas, puntas de proyectil, fragmentos de figuras talladas y residuos de fabricación. Estos materiales muestran que el marfil tenía una función práctica, pero también formaba parte de las expresiones simbólicas de aquellas comunidades.
Asimismo, se han reconocido espacios dedicados al tratamiento de pieles de liebre ártica y zorro polar. Según explica Marcel Weiß, responsable del proyecto por parte de la institución arqueológica de Sajonia-Anhalt, la excelente conservación de los materiales permite reconstruir aspectos de la organización interna de estos campamentos prehistóricos.
Un hallazgo que comenzó con un estudiante hace un siglo
La historia de Breitenbach comenzó en 1924, cuando un escolar encontró un diente de mamut durante unas obras realizadas junto a un aserradero. Aquel descubrimiento llamó la atención de los arqueólogos y desencadenó las primeras investigaciones.
En 1927, el arqueólogo sueco Nils Niklasson dirigió una importante campaña de excavación durante la que se exploraron cerca de 400 metros cuadrados. Entre los materiales recuperados entonces aparecieron grandes acumulaciones de huesos de mamut que no habían vuelto a encontrarse en cantidades comparables hasta 2026.

Las excavaciones modernas comenzaron en 2009 mediante un proyecto conjunto entre MONREPOS/LEIZA y la Oficina Estatal de Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt. Desde entonces se han investigado más de 150 metros cuadrados adicionales mediante técnicas actuales de documentación arqueológica.
En la campaña de 2026 participaron 40 estudiantes nacionales e internacionales. Los investigadores tienen previsto continuar los trabajos para conocer mejor el aprovechamiento de los mamuts y la organización de este extraordinario asentamiento.
La gran incógnita sigue siendo si los animales fueron cazados directamente por sus habitantes. Las marcas de procesamiento constituyen una pista importante, pero todavía no permiten resolver por completo esa cuestión. Lo que sí muestran los nuevos descubrimientos es que la relación entre los primeros europeos modernos y los gigantes de la Edad de Hielo pudo ser mucho más compleja de lo que se suponía.
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