Fueron amenazados, pero su longevidad les permitió enfrentar la crisis: los frailecillos y su sorprendente recuperación


Los frailecillos de colonias del Atlántico norte y otras zonas costeras enfrentan amenazas por el calentamiento de los océanos y las tormentas, aunque el seguimiento tecnológico y las medidas de conservación abren perspectivas para su recuperación.
Según el análisis publicado por The Guardian, estas aves, reconocibles por su pico colorido, pasaron de ser explotadas por las personas para obtener alimento y plumas a convertirse en una especie apreciada por millones. El historiador ambiental Rob Lambert definió ese cambio como el paso “del uso al disfrute”.
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Sin embargo, el aumento de la temperatura marina, la contaminación y los fenómenos meteorológicos extremos exponen a estos animales a la crisis climática. El riesgo alcanza a cerca de 11.000 especies, con un impacto particular en las que dependen de los peces.
El calentamiento de los océanos modifica la distribución de especies como los lanzones, peces pequeños que forman parte de la dieta de los frailecillos. Al buscar aguas más frías, pueden disminuir o desaparecer de las áreas próximas a las colonias reproductivas.

Cuando los adultos deben recorrer distancias mayores para alimentarse o tardan más en encontrar presas, sus crías reciben menos comida y esto disminuye la probabilidad de que completen el desarrollo necesario para abandonar el nido y comenzar a volar.
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Las aves jóvenes que consiguen salir de la colonia tampoco quedan fuera de peligro: los temporales de otoño e invierno se volvieron más frecuentes e intensos con los cambios en el clima, lo que incrementa la mortalidad fuera de la temporada reproductiva.
La publicación advierte que una proyección prevé la desaparición de 9 de cada 10 frailecillos antes de mediados de siglo, aunque considera que ese escenario podría ser pesimista. De todos modos, ya se registran descensos graves en varias poblaciones.
BirdLife International estima que su población mundial reúne entre 12 y 14 millones de individuos maduros, aunque Europa concentra más del 90% del total y allí podría disminuir entre un 50% y un 79% entre 2000 y 2065.
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De acuerdo con BBC News, a comienzos de 2026, cientos de frailecillos, araos comunes y alcas tordas muertos o moribundos llegaron a playas de Cornualles, Escocia y el noreste de Inglaterra después de fuertes tormentas invernales.
Las organizaciones dedicadas a la conservación también informaron de más de 20.000 aves varadas, en su mayoría frailecillos, en las costas atlánticas de Francia, España y Portugal. La cifra real podría ser superior, ya que muchos ejemplares habrían muerto mar adentro y no habrían llegado a la costa.
Samuel Wrobel, responsable marino de la Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB), calificó el episodio como el peor varamiento masivo en más de una década, desde los hechos ocurridos durante el invierno de 2013-2014.
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El especialista añadió que, “tras el impacto de la gripe aviar, esto es lo último que necesitan nuestras aves marinas”. A los efectos del clima se suman la contaminación por petróleo y plástico, las molestias en las colonias y la depredación, factores que ya reducen el éxito reproductivo.

Peter Harrison, estudioso y observador de aves marinas, identificó entre los riesgos para estos ejemplares la disminución de presas asociada al cambio climático, las amenazas a los sitios de anidación y una reproducción menos exitosa.
Aun así, destacó 2 elementos que alimentan una expectativa favorable: el fallo legal que frenó la pesca industrial de lanzones en aguas cercanas a Inglaterra y Escocia, y el avance de las tecnologías de rastreo de la fauna aviar.
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Harrison explicó que antes de la década de 1980 existía un amplio vacío de información sobre lo que hacían los frailecillos durante el período no reproductivo. “Simplemente se iban al mar, para reaparecer en sus zonas de cría la temporada siguiente”, señaló.
El desarrollo de dispositivos de seguimiento durante las últimas 4 décadas permitió conocer con mayor precisión los desplazamientos, la distribución y las zonas de alimentación de los ejemplares en mar abierto. Esa información sirve para identificar sectores que necesitan protección.

Esta población pertenece al grupo de las alcas, aves marinas que, según Harrison, pueden reflejar el estado general de los océanos. “Si están bien, los océanos también lo estarán”, afirmó al explicar su valor como indicador de salud y sostenibilidad ambiental.
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Los pájaros pequeños pueden vivir varias décadas, a diferencia de muchas especies terrestres cuya vida es más corta. Esa longevidad les da margen para recuperarse después de períodos desfavorables, especialmente si se eliminan los depredadores invasores de sus islas de reproducción.
En 2004, BirdLife International creó la Base de Datos de Seguimiento de Aves Marinas, que reúne registros obtenidos con distintas tecnologías. Los datos ayudaron a identificar 6 rutas oceánicas antes no reconocidas, utilizadas por estas especies.
Stephen Kress, científico que trabajó en la recuperación de frailecillos en Estados Unidos, explicó que “la disminución que estamos viendo en sus poblaciones está directamente relacionada con las acciones humanas; estarían bien si no estuviéramos alterando su mundo y estropeándolo todo”.
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Kress destacó que las técnicas de restauración permitieron registrar recuperaciones. La continuidad del monitoreo, la protección de las áreas de alimentación y la reducción de las presiones sobre el medio marino forman parte de las herramientas disponibles para conocer y proteger a estos animales.
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