Hallan hojas de coca en llamas sacrificadas por los incas en Perú y descubren evidencia inédita de un antiguo ritual

El hallazgo de restos vegetales en animales sacrificados permitió identificar una práctica ritual del Imperio inca que hasta ahora carecía de evidencia arqueológica directa. Las hojas de coca aparecieron adheridas a la lana de tres llamas jóvenes en Tambo Viejo, un complejo arqueológico ubicado en el valle de Acarí, en la costa sur del Perú.
El descubrimiento se produjo durante las excavaciones de una estructura del sitio, donde los investigadores también encontraron restos de otros animales utilizados en ceremonias. La disposición de los cuerpos y los materiales depositados sobre ellos aportó información sobre la organización de las ofrendas realizadas por los incas.
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Según un informe de Phys.org, el descubrimiento constituye la primera evidencia directa de hojas de coca asociadas con sacrificios rituales en Tambo Viejo. Los resultados de la investigación se publicaron en la revista académica Ñawpa Pacha y permiten examinar el papel de esta planta en las ceremonias del mundo andino prehispánico.
Lidio Valdez, arqueólogo de la Universidad de Calgary, explicó la importancia de la planta en las prácticas religiosas incas. “Ante todo, la coca era una planta sagrada para los incas y, según los registros escritos, se utilizaba en casi todas las actividades rituales”, afirmó.

Las excavaciones arqueológicas en Tambo Viejo comenzaron en 2018 y permitieron identificar plazas, edificios con muros de piedra y numerosos restos de animales. Entre los materiales recuperados figuran llamas sacrificadas y más de 200 cuyes, según la información difundida sobre el estudio.
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El descubrimiento de las hojas se produjo en 2024, durante los trabajos en la Estructura 4. Bajo los antiguos pisos de la construcción, los investigadores localizaron un depósito con nueve llamas jóvenes. Algunos ejemplares presentaban borlas y marcas rojas en el rostro, mientras que sus patas estaban dobladas y sujetas con cuerdas.
Las hojas de coca permanecían adheridas a la lana de tres de esos animales. Su conservación fue posible por las condiciones secas del lugar, que favorecieron la preservación de restos vegetales que suelen deteriorarse con facilidad en otros entornos arqueológicos.
Antes de este hallazgo, los investigadores ya habían recuperado semillas y algunas hojas de coca en un espacio de almacenamiento del complejo. Esos restos sugerían que la planta pudo cultivarse en la zona, pero no permitían establecer de manera directa su participación en una ceremonia.
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El depósito arqueológico contenía otros elementos que ayudaron a reconstruir la secuencia del ritual. Después de colocar las llamas, los participantes cubrieron sus cuerpos con arena limpia de río y dispusieron cuatro cuyes sobre esa primera capa.
A continuación, añadieron más arena y encendieron un fuego. Finalmente, el conjunto quedó cubierto y sellado bajo un piso de arcilla.
La presencia de las hojas en el pelaje de las llamas distingue este hallazgo de otros registros arqueológicos relacionados con la coca. De acuerdo con el estudio publicado en Ñawpa Pacha, las fuentes históricas describían el uso de la planta en ceremonias, pero la evidencia recuperada en Tambo Viejo corresponde a las hojas mismas dentro de un contexto ritual.
Valdez planteó una posible reconstrucción de la ceremonia a partir de los restos encontrados. “Me imagino a los animales de sacrificio (llamas) desfilando en procesión por la plaza principal y a los líderes de los rituales pronunciando discursos apasionados ante los presentes”, señaló el arqueólogo.
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La datación por radiocarbono sitúa las ofrendas entre los años 1450 y 1500 d. C. Los investigadores indican que el depósito quedó enterrado antes de la construcción de los primeros edificios en ese sector del sitio.
Tambo Viejo fue establecido por los incas en un territorio de la costa sur peruana incorporado a su dominio durante el siglo XV. En ese contexto, las ceremonias pudieron formar parte de las prácticas destinadas a establecer relaciones con las poblaciones locales y con las entidades espirituales a las que estas rendían culto.
Según la investigación, los incas consideraban que el mundo estaba habitado por espíritus que podían influir en la vida de las personas. Las ofrendas buscaban obtener su favor, por lo que los animales y las plantas cumplían funciones dentro de las ceremonias religiosas.
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Los relatos coloniales también atribuyeron a la coca propiedades relacionadas con la fuerza, el vigor y la reducción del hambre. Su importancia ritual, sin embargo, no se limitaba a esos usos: los registros históricos la identificaron como una de las plantas preferidas para las ofrendas.

Una parte importante de la información disponible sobre las ceremonias incas procede de textos escritos por españoles durante el periodo colonial. Esos testimonios describieron distintas formas de utilización ritual de la coca, entre ellas su quema o su incorporación a las ofrendas.
La evidencia de Tambo Viejo aporta un registro material con el que contrastar esas descripciones. La conservación de las hojas en la lana de las llamas permite identificar su presencia en el depósito sin depender exclusivamente de los testimonios escritos.
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Valdez cuestionó el alcance de esos relatos históricos al referirse a la información transmitida por los propios incas a los cronistas españoles. “Solo relataron lo que les contaron, y dudo que los incas les contaran todo correctamente, por buenas razones”, afirmó.
El investigador también se refirió a la persecución histórica de la planta. Las autoridades españolas condenaron el uso de la coca en 1569, una postura que contribuyó a su estigmatización durante los siglos posteriores.
“La coca, al igual que las personas que la veneraban, merece respeto y no debe seguir siendo perseguida”, declaró Valdez. “Más que nada, es una planta con una larga historia ligada a los pueblos de la región andina”.
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