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Sunday, November 8, 2026

La construcción de Sebastián Lelio: esplendor, resistencia y una última cinta

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Sebastián Lelio no estaba en Chile la madrugada del 27 de febrero del 2010. Se encontraba a bordo de un avión, pero al aterrizar y constatar las ruinas que causó el terremoto de magnitud 8.8 en la zona centro-sur del país, sintió la urgencia de filmar una película. En tiempo récord, imaginó una historia junto al guionista Gonzalo Maza, selló el respaldo de la productora Fábula y reclutó al actor Luis Dubó como protagonista.

En abril de ese mismo año, en apenas un pestañeo, el cineasta nacional ya estaba grabando en las arrasadas localidades costeras de la Región del Maule. Menos de dos semanas de trabajo en terreno le bastaron para completar la historia de Manuel, un recluso que se da a la fuga en medio de la catástrofe.

Tal vez menos recordada que otras cintas chilenas con su firma, la realización de El año del tigre (2011) fue una de las mejores pruebas de la osadía y determinación del director nacional que falleció este viernes a los 52 años, por “motivos de salud”, según informó su familia.

Nacido en Mendoza en 1974, pero criado en Chile, Lelio se convirtió en uno de los realizadores más prominentes de la escena local surgida entre fines de los 90 y comienzos de los 2000. Contemporáneo de Alicia Scherson, Pablo Larraín, Matías Bize, José Luis Torres Leiva, Alejandro Fernández Almendras y otros ilustres del Novísimo Cine Chileno, se ubicó en la delantera de una generación que dotó a la cinematografía nacional de frescor y arrojo. Él, por ejemplo, fue uno de los primeros que no tuvo resquemores en ocupar cámaras digitales en vez del clásico (y más costoso) celuloide.

“Más allá de su amabilidad e inteligencia, Sebastián Lelio fue un adelantado”, señala el cineasta Andrés Nazarala, quien destaca su ópera prima, La sagrada familia (2005), un largometraje filmado en tres días en Tunquén con un guión acotado y diálogos creados en el set junto a actores como Néstor Cantillana y Sergio Hernández. “Es una película que refrescó la escena chilena por su libertad, su bajo presupuesto y una improvisación actoral casi cassavetiana”, apunta.

La crítica de cine Alejandra Pinto rescata de esa producción “cómo hablaba de temas que podían leerse de distintas formas –sociales, culturales, políticas– sin que perdieran ni un poco de significado”. Y agrega: “Las películas de Lelio siempre fueron muy atingentes al momento histórico en el que se producían”.

Formado en la Escuela de Cine de Chile, empezó a perfilar su estilo con cortometrajes como Ciudad de maravillas (2002) y Carga vital (2003), cintas en las que buscaba su propio lenguaje abrazando la improvisación y la complicidad con sus protagonistas.

Un estilo que luego también aplicaría en Navidad (2009) y El año del tigre, pero del que tomaría distancia cuando se volcó decididamente a la creación de los retratos femeninos que le concedieron fama mundial, incluyendo –en 2018– el primer Oscar a Mejor película de habla no inglesa para Chile.

El mundo femenino

Sebastián Lelio nunca percibió el cine como una excusa para revisar su biografía personal. Dicho eso, Gloria (2013) es innegablemente una carta de amor a su madre, Valeria Watt, quien lo crio en solitario (su papá biológico apenas figuró durante su infancia) y luego se separó de quien fuera su padrastro, Miguel Campos.

Divorciada desde hace más de una década y madre de dos hijos adultos, Gloria Cumplido (Paulina García) encuentra diversión en fiestas para adultos mayores. Ese pasatiempo la lleva a enamorarse y decepcionarse de Rodolfo (Sergio Hernández), un hombre de 65 años que acaba de retomar la soltería. La caída de la protagonista es dura, pero no hay nada que el baile no pueda arreglar.

No por nada en alguna oportunidad –antes del estreno– el director describió la película como la historia de “una mujer chilena, contemporánea, que enfrenta sus miserias con la frente en alta y una copa de pisco sour en la mano”.

A ojos del crítico de cine Joel Poblete, esa es su obra cumbre. “Junto con su guión, la sólida puesta en escena de Lelio y la interpretación notable y llena de detalles y sutilezas de Paulina García, conforma uno de los retratos femeninos más logrados, humanos y memorables no sólo de este siglo sino además de toda la historia del cine chileno”, argumenta.

Su siguiente trabajo, Una mujer fantástica (2017), nació desde la curiosidad que le generaba algo que desconocía. En colaboración con Gonzalo Maza, realizó una investigación sobre las mujeres transgénero y llegó a Daniela Vega, quien comenzó el proceso como asesora de guión y terminó apoderándose del rol central, Marina. Todas las piezas se alinearon en una época en que la conversación sobre la identidad de género aún no se tomaba la agenda.

Lelio concibió un filme con conflictos tangibles, pero con la libertad para despegarse de la realidad y contener secuencias de absoluto esplendor. Marina soportando una ráfaga de viento en la calle o sostenida por el cuerpo de baile en una discoteca, son dos de los momentos más memorables del cine chileno de este siglo. De la mano del director de fotografía Benjamín Echazarreta, uno de sus colaboradores más frecuentes, se encargó de recordarnos que la estética del realismo social no es la única vía posible a la hora de tejer este tipo de relatos.

Atinadamente, Peter Bradshaw, veterano crítico de cine de The Guardian, le rindió tributo llamándolo “un gran humanista y un gran poeta cinematográfico de las vidas cotidianas”.

En ambos casos, en Gloria y Una mujer fantástica, Lelio construyó una suerte de díptico sobre mujeres chilenas que reclaman su lugar en el mundo y que resisten estoicas a los embates que sufren. Fruto de su éxito, llegó a dirigir tres largometrajes en el extranjero: Desobediencia (2017), Gloria Bell (2018) y El prodigio (2022), todos protagonizados por mujeres y encabezados por grandes figuras de la industria. Un completo sueño para un director que amaba incondicionalmente a las actrices y actores.

“Creo que ha sido uno de los realizadores de nuestro país más intuitivos, genuinos y sensibles en su trabajo con actores y actrices”, expresa Poblete.

Por su parte, la crítica de cine Marisol Águila piensa que “fue el cineasta varón chileno que más se aproximó al universo femenino como una preocupación constante y genuina en su filmografía. Siendo hombre y heterosexual, Lelio estuvo dispuesto a aprender sobre otros cuerpos y otros códigos para adentrarse respetuosamente en mundos de mujeres, sin serlo”.

Bajo su lógica de ver el cine, no era posible la exploración temática sin proporcionar goce visual. Por ese motivo es que, con el mismo entusiasmo que escudriñó en las diferentes caras del mundo femenino, se entretuvo con la posibilidad de jugar con las formas del lenguaje audiovisual. El prodigio, por ejemplo, es una radiografía al fanatismo religioso y la posverdad –o a los sistemas de creencias, como le gustaba decir– , al mismo tiempo que es un ejercicio estilístico donde brinda su propia lectura al drama psicológico.

“El prodigio es mi favorita de la filmografía que realizó fuera del país. En esa película logró condensar muchos temas de género que no siempre se ven bien reflejados: el cuidado, la sororidad, el apoyo de quienes nos rodean. Él lo logró de manera perfecta”, opina Alejandra Pinto.

AIDAN MONAGHAN/NETFLIX

En La ola (2025), su comedia musical sobre el surgimiento de una toma feminista de una universidad a modo de protesta ante las denuncias de abuso sexual, logró un balance menos equilibrado de los ingredientes. Aquí, a través de canto, baile, humor y los mayores números musicales que se hayan filmado en nuestro país, elaboró una película rica en su visualidad y despliegue técnico, pero con un foco algo difuso. Como resultado de eso, su resonancia internacional y local fueron más frías que Gloria y Una mujer fantástica, el estándar al que ya se había acostumbrado.

Lelio, como confesó a este mismo medio, decidió gastar de ese modo el crédito ganado con la popularidad de sus anteriores trabajos. Y defendió con vehemencia su decisión, aunque para su siguiente proyecto tomaría una ruta diferente.

Poeta Chileno

Nuevamente acompañado por Fábula en la producción y por Benjamín Echazarreta en la dirección de fotografía, Sebastián Lelio comenzó a filmar en septiembre pasado su décimo largometraje, una adaptación cinematográfica de la novela Poeta chileno.

De acuerdo con información recopilada por Culto, el rodaje continuó con normalidad durante esta semana y se acercaba a su recta final. Tras el fallecimiento del director, el futuro del proyecto es hoy una incógnita.

La película se basa en el aclamado libro homónimo de Alejandro Zambra. Publicado en 2020, gira en torno a la familia que componen Gonzalo, Carla y el hijo de ella, Vicente. Una historia llena de emoción y humor que indaga en lo que significa ser padrastro y, en menor medida, en lo que significa ser poeta (una disciplina artística que le encantaba).

En principio, la cinta propondría un desvío en la seguidilla de retratos de Lelio centrados principalmente en mujeres. Según confirman diversas fuentes a este medio, participan los actores Felipe Zepeda, Davie Gaete y Clemente Rodríguez, y el armado del casting fue producto del trabajo realizado por las actrices Amalia Kassai –esposa del director– y Macarena Teke, a quien dirigió en La sagrada familia.

Debido a que restaban pocas jornadas para terminar las filmaciones, no resultaba descabellado visualizar que se podría haber estrenado en algún punto de 2027. Ahora la decisión final recaerá en Fábula, Amazon MGM Studios y los otros socios involucrados (y que hasta el momento han evitado elaborar cualquier tipo de anuncio oficial, aunque este viernes Fábula dedicó palabras “a todas las personas del medio que trabajaron a su lado, en especial al equipo con el que estaba filmando estos días”).

En tanto, en etapa de desarrollo quedó una película realizada en colaboración con Ann Druyan, viuda del legendario astrónomo y científico planetario estadounidense Carl Sagan. Abordaría la “historia de amor cósmico” del matrimonio, un vínculo marcado por la creación del Disco de Oro de las Voyager, el proyecto que en 1977 transportó al espacio sonidos e imágenes de la Tierra destinadas a posibles civilizaciones extraterrestres.

MAX PALLOCCHINI

Esas son las principales ideas que quedan inconclusas tras el prematuro deceso de uno de los cineastas chilenos esenciales de este siglo.

Su velorio continuará este domingo en la Cineteca Nacional de Chile, en el Centro Cultural La Moneda (CCLM), entre las 10:00 y las 19:30 horas.

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