El desafío de Lucas Beltrán antes del superclásico

Se trata de un puesto en el que las estadísticas suelen reflejar el rendimiento de los jugadores como en ningún otro. Porque la productividad de un centrodelantero se mide por goles. Mucho más, en River. Por la tradición histórica del club y por las estrellas que han brillado con la camiseta #9 de la Banda roja. Lucas Beltrán, literalmente, estaría en deuda en este aspecto: desde que volvió a Núñez con la chapa de killer que había dejado antes de ser vendido a la Fiorentina, no convirtió en los 629 minutos que jugó, distribuidos en 13 partidos (12 en el Clausura más uno en la Copa Argentina).
Sin embargo, a pesar de una sequía que siempre afecta naturalmente a los delanteros de área, el Vikingo le ganó el puesto a un Sebastián Driussi que es el máximo anotador de River en este 2026 (con nueve gritos) pero le costó en los últimos encuentros. Es cierto que el Gordo mantiene su calidad para definir y su categoría para sumarse al circuito ofensivo afuera del área, aunque hoy no cuenta con la intensidad de movimientos ni la agresividad en ataque que precisa el equipo de Leonardo Ponzio.
También es cierto que el ingreso de Beltrán en el 11 frente a Belgrano no le aportó goles a River. No obstante, fue evidente que su despliegue elevó la efectividad del equipo en la presión alta. De hecho, el punta que usa el dorsal #18 (porque el #9 le pertenece a Driussi) le robó la pelota a Leo Morales en una salida del Pirata y asistió a Ángel Correa en el 2-0.
Lucas Beltrán acelera en su lucha por el puesto con Driussi (Prensa River).
Esa vehemencia de Beltrán, el nueve más joven del plantel de Ponzio porque tiene 25 años (Driussi, 30; y Rafael Borré, 31), también abrió huecos para que tanto Correa como Thiago Almada pudieran explotar sus gambetas y aceleraciones para penetrar en el área rival con mayor frecuencia, espacios más amplios y tiempo para finalizar los ataques con otra precisión que les venía faltando en los últimos partidos a las dos estrellas del último mercado de pases.
Fue un paso adelante muy importante para el Vikingo, porque hoy puede sentirse titular por primera vez desde su regreso a River, que terminará invirtiendo un total de 7,25 millones de dólares por el cordobés: u$s 500 mil por el préstamo de la Fiore hasta el 31 de diciembre más u$s 6,7 M por el 54% de la ficha, que deberá ejecutarse obligatoriamente a partir del 1° de enero de 2027, cuando el Vikingo firmará contrato hasta diciembre del 2029. Sin embargo, ahora el goleador del River campeón de Martín Demichelis en 2023 afronta el gran desafío de defender su lugar en el 11 de Ponzio en el clásico del domingo frente a Racing para, siete días después, ir a la Bombonera a jugar el superclásico con la flechita en alto.
Lucas Beltrán con Di Carlo, en la firma de su regreso a Núñez (Prensa River).
La sequía que busca cortar cuanto antes
Para lograrlo, Beltrán necesita sumarle gol al buen nivel que tuvo en Córdoba. Es el impulso de confianza que viene esperando para volver a sentirse decisivo en River. Lo que vino a buscar cuando decidió regresar a Núñez luego de su temporada en el Valencia, cedido por la Fiorentina. Y una espina que aún no pudo sacarse, más allá de haber aportado tres asistencias: a Tomás Galván en el 3-1 ante Independiente Rivadavia, a Almada en el 2-1 contra Atlético Tucumán y a Correa frente a Belgrano.
El Vikingo precisa reencontrarse con el gol porque el domingo cumplirá 316 días sin festejar: su último tanto fue el 13 de diciembre de 2025, en la derrota del Valencia ante Atlético Madrid en LaLiga (2-1). Desde ese grito, a los 63’, hasta el momento en que fue reemplazado en el Kempes (por Driussi, a los 68’), el cordobés que llegó a la cantera de Núñez desde Instituto suma 1.630 minutos sin meterla, en un total de 29 partidos (16 en el club de España más 13 en River).
La sensación que dejó Beltrán en Córdoba, como ya lo había hecho en su ingreso en Tucumán, es que está tomando carrera para pegar el salto de calidad que la dirigencia del CARP buscó al repatriarlo. Le faltó lucidez y velocidad (más algo de suerte) en sus dos remates al arco ante Belgrano, ya que ambos fueron bloqueados por defensores. Pero está cada vez más ágil el rubio de 1,76 metros que alcanzó la mejor versión de su carrera en el River de Demichelis, cuando le tocó suceder nada menos que a su amigo Julián Álvarez.
Sebastián Driussi, Rafa Borré y Lucas Beltrán, los 9 del River de Ponzio.
Hoy, el desafío del Vikingo es netamente personal, porque si mantiene un alto nivel peleará el puesto solo con Driussi, ya que el colombiano Borré está lejos de su versión de máximo goleador del eterno ciclo del Muñeco Gallardo: apenas convirtió un gol y al desviar un remate del pibe Lautaro Pereyra en el 1-3 ante Aldosivi en la eliminación del equipo de Coudet en Copa Argentina.
Por edad, proyección y presente, es la hora del Vikingo. Le podrán faltar los goles, su cualidad más valiosa. Pero están ahí nomás. Ya Beltrán...
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