Adiós al maestro Nafer Durán Díaz, el acordeonero al que Gabriel García Márquez declaró 'fuera de concurso' en un Festival de la Leyenda Vallenata

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La primera reacción de Náfer Durán fue de desconcierto. Había llegado al Festival de la Leyenda Vallenata de 1983 dispuesto a competir, lejos de ser un novato o un músico que buscara abrirse camino.
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Para entonces ya cargaba sobre los hombros una trayectoria respetada en el folclor y una corona de Rey Vallenato obtenida siete años atrás. Sin embargo, aquella tarde en Valledupar escuchó una decisión que no entendió.
El jurado lo declaró fuera de concurso. Durante unos segundos creyó que aquello significaba un fracaso: pensó que lo habían descartado, que no había alcanzado el nivel necesario para medirse con los demás acordeoneros, pero la decisión significaba exactamente lo contrario.
Entre los jurados estaba Gabriel García Márquez, acompañado por otras figuras de la cultura nacional. Lo que pretendían era reconocer que Náfer pertenecía a una categoría distinta, imposible de comparar con la de cualquier otro concursante.
Años después, el propio músico recordaría que Gabo tuvo que explicarle personalmente que aquello significaba ser un “fuera de serie”. La anécdota terminó convirtiéndose en una de las más repetidas de la historia del vallenato.
No solo porque involucrara al Nobel de Literatura, sino porque resumía en una sola escena la dimensión de un artista que parecía no entender del todo la magnitud de su propio legado.
Legado que ha sido tantas veces mencionado desde el pasado martes, cuando falleció a los 93 años en Valledupar y el vallenato perdió a uno de sus últimos grandes juglares.
Nunca más ‘el hermano de Alejo’
Durante buena parte de su vida, Náfer Durán cargó con una condición que para cualquier otro músico habría resultado imposible de superar. Era hermano de Alejo Durán, el ‘Negro Grande del Acordeón’.
Alejo Durán, juglar y primer rey vallenato en 1968, hermano de Nafer Durán. Foto:Festival de la Leyenda Vallenata. Cortesía a EL TIEMPO.
Y cuando se pertenece a una familia que produjo al primer Rey Vallenato de la historia, cualquier biografía corre el riesgo de quedar escrita a la sombra de otro nombre.
Sin embargo, Náfer terminó construyendo un camino propio. Nació el 26 de diciembre de 1932 en El Paso, Cesar, dentro de una familia donde la música era parte de la cotidianidad. Su padre, Náfer Donato Durán Mojica, y su madre, Juana Francisca Díaz Villarreal, criaron una generación de músicos que terminaría transformando el sonido de la región.
Allí estaban Alejo, Luis Felipe y Náfer, cada uno con su propio destino dentro del acordeón. Los investigadores del folclor suelen recordar una historia que parece salida de una novela costumbrista. Antes incluso de tener un acordeón, Náfer aprendía movimientos y posiciones utilizando un simple tornillo de máquina.
Agustín Bustamante, en conversación con EL TIEMPO, sostiene que comenzó a familiarizarse con el instrumento antes que Alejo, quien orgullosamente también se refería a sí mismo como el ‘hermano de Nafer’.
El rey del tono menor
En el vallenato abundan los grandes intérpretes, los grandes compositores y los grandes acordeoneros. Otto Serge, ejemplo del lado de los intérpretes; Marciano Martinez, ejemplo de los compositores; y el gran Juancho Rois, del lado de los acordeoneros.
El 'rey del tono menor' fue uno de los rótulos que obtuvo Nafer a lo largo de su carrera. Foto:Cortesía
No obstante, pocos lograron ser todas esas cosas al mismo tiempo y Náfer Durán perteneció a esa categoría excepcional y, con los años, comenzó a ser identificado entre investigadores, músicos y conocedores como el “Rey del tono menor”.
El tono menor en el vallenato suele asociarse a la nostalgia, a las despedidas, a las ausencias y a las emociones más profundas. Allí fue donde Náfer encontró su territorio creativo.
Desde ese lugar nacieron algunas de las canciones que ayudaron a definir su legado: Sin ti, Mi lamento (Clavelito), La invitación, Los amores de Teresita, Dime por quién lloras, Déjala vení, Ariguaní y El estanquillo, entre muchas otras que definían su estilo.
Los acordeones de Náfer buscaban impresionar contando historias, creando atmósferas y logrando que cada nota pareciera una conversación. Por eso terminó siendo respetado por músicos de generaciones distintas, incluso por aquellos que desarrollaron estilos completamente diferentes al suyo.
El año en que también nació Diomedes
La historia del vallenato suele recordar 1976 como el año en que Náfer Durán conquistó la corona de Rey Vallenato, pero esa fecha encierra una segunda historia igual de importante.
Diomedes Díaz y Nafer Durán, en la portada del disco "Herencia Vallenata". Foto:Archivo particular
Ese mismo año apareció en su camino un joven cantante proveniente de La Junta que todavía era una apuesta incierta para la industria discográfica. El nombre del fulano era Diomedes Díaz, de amores y odios, pero que indudablemente se convertiría en el más grande intérprete del ritmo de esta tierra.
Juntos viajaron a Medellín para grabar Herencia Vallenata, el primer álbum de la carrera del artista que décadas más tarde sería conocido como el Cacique de La Junta. Náfer fue el acordeonero principal de aquella grabación y además aportó varias composiciones propias, entre ellas Teresita, La invitación y Pobre negro. En ese momento nadie podía prever lo que llegaría después.
Mucho menos imaginar que Diomedes terminaría convertido en el fenómeno más grande de ventas y popularidad que haya conocido el vallenato. Quince años después, cuando ya era una superestrella, Diomedes decidió escribir una canción autobiográfica para contar su ascenso artístico.
Dicha canción fue titulada Mi vida musical y la incluyó en el álbum del mismo nombre publicado en 1991. Allí reconstruyó el recorrido que lo llevó desde las parrandas hasta los estudios de grabación y, cuando llegó al capítulo fundacional de su historia, escribió:
“Después me vine pa'l Valle en un festival, Y canté en una parranda y se oyó decir, Ese muchacho que canta puede servir, Por el estilo que tiene para cantar, Y enseguida me llevaron pa' Medellín, Y grabé mi primer long play con Náfer Durán”.
La estrofa, que ya tiene un valor enorme desde hace 35 años que se escuchó en las radios y casetas, hoy se enaltece con la partida de quien ganara el festival vallenato al que asistió Diomedes y los haría la dupla que dejaría una herencia vallenata.
La canción que nació de una ausencia
Si el acordeonero ayudó a inmortalizar su nombre, el compositor encontró su consagración en las canciones y ninguna simboliza mejor esa dimensión de su obra que Sin ti.
Nafer Durán y Rosibel Escorcia, su musa inspiradora. Foto:Archivo particular
Diversas referencias sobre su vida señalan que fue inspirada por Rosibel Escorcia, la mujer con la que compartió buena parte de su existencia y que lo acompañó hasta sus últimos días.
La canción nació durante una separación y terminó convirtiéndose en una de las obras sentimentales más importantes del repertorio vallenato de antaño. Paradójicamente, cuanto más personal era la historia, más universal terminaba volviéndose la canción.
Décadas después seguía siendo interpretada por nuevas generaciones y acabaría llegando incluso al cine colombiano, al formar parte de la banda sonora de Los viajes del viento en una versión interpretada por Emiliano Zuleta Díaz, otro grande del folclor.
El hacedor de canciones
Pocas personas conocían el vallenato tan profundamente como Consuelo Araújo Noguera. La fundadora del Festival de la Leyenda Vallenata dedicó buena parte de su vida a estudiar, defender y promover las raíces del género.
Nafer Durán junto Consuelo Araujo, en 1976, año en el que fue coronado como rey vallenato. Foto:Redes sociales
Vio pasar generaciones enteras de músicos y, a las que no vio, las persiguió incansablemente desde la academia. Escuchó miles de composiciones y fue testigo de la evolución del acordeón desde las parrandas rurales hasta los escenarios masivos.
Respecto a Náfer Durán, lo bautizó como “El Hacedor de Canciones” en una definición de su vida musical repleta de canciones que se mezclaban con la cotidianidad de los pueblos, de amores, ausencias, viajes, amistades y desencuentros.
Además, entre ambos ahora existe una coincidencia dolorosa. El fallecimiento de Náfer Durán (29 de septiembre) ocurre cuando el vallenato recuerda los 25 años de la muerte de Consuelo Araújo Noguera, ocurrida un día como hoy, 30 de septiembre de 2001.
La mujer que lo llamó “El Hacedor de Canciones” y el músico al que Gabriel García Márquez declaró fuera de concurso terminan unidos por la memoria colectiva del folclor.
Y es esa la verdadera dimensión de Náfer Durán. Por supuesto es importante ser Rey Vallenato de 1976 y no es poca cosa ser el primer acordeonero de Diomedes Díaz. Pero la realidad de su importancia se explica en el respeto que se ganó de todos los grandes narradores de su tiempo.
Gabriel García Márquez entendió que no podía medirse con los demás concursantes, Consuelo Araújo encontró las palabras para definirlo y Diomedes Díaz, cuando escribió la historia de su propia ascensión, consideró imprescindible mencionar su nombre.
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Con Náfer Durán se marcha una de las últimas figuras capaces de conectar los tiempos fundacionales del vallenato con su época contemporánea; un hombre que vio nacer leyendas, ayudó a construir otras y terminó convirtiéndose, él mismo, en una de ellas. Descanse en paz, maestro.
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#NoticiasColombia #ÚltimaHora #FenómenoDelNiño Foto:EL TIEMPO
Camilo Álvarez Peñaloza, periodista EL TIEMPO Barranquilla
@camiloa.ap_20
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