Daily MaverickRETIRE IN STYLE: Dealing with unexpected health emergencies that can shatter retirees’ plansThe Jerusalem PostIsrael must explain why it failed to prevent attacks on diplomats in West Bank - editorialESPN DeportesRogelio González se estrena como goleador y Cruz Azul aplasta a JuárezESPNWeek 7's best game? Impossible to choose on a wild SaturdayInquirerErwin Tulfo on 3 ‘backstabbing’ peers: ‘Tsk, tsk, tsk’한겨레순직 소방관 추모 러닝…119 메모리얼런에 2300명 참가Khaosod EnglishThai PM hands out longan juice to tourists, promotes local treatsCNN TürkYeni dönem: Süresiz nafaka yerine hangi model gelecek?매일경제“내 계좌 다 녹았어요”…지난주 14.5% 폭락 코스피, 언제나 회복?النهارتصنيفات الاقتصادات العربية 2026: ترقيات وصمود سيادي أمام هجمات إيران وأذرعهاRapplerWhat makes a story film festival-worthy?ZDF heuteManipulation durch Gerrymandering
The Daily Newsstand · Free, Always
Sunday, October 18, 2026

Una industria audiovisual que empieza a comprender hacia dónde van los espectadores

Translate

Algo está cambiando. Una vez digerido el hecho de que los gobiernos cambian de signo político más tarde o más temprano, una vez comprendido el hecho de que una parte gigantesca del comportamiento de la sociedad tiene menos que ver con el signo político transitorio de los poderes públicos y más con tendencias que resultan más universales, las discusiones sobre ciertos temas comienzan a ser más ricas, más interesantes, más precisas incluso en la búsqueda de solución a ciertos problemas. El martes pasado, Sagai –la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes, que resguarda la propiedad intelectual de ese sector– armó un encuentro cuyo título fue La ficción: una industria en transformación. Hablaron el productor teatral Carlos Rottemberg, Adrián Suar, la productora cinematográfica Vanessa Ragone, Pablo Echarri y el realizador audiovisual Marcos Carnevale. Es decir, referentes, personas con una carrera muy larga en el medio del entretenimiento nacional, especialmente en cine, teatro y TV. Después de mucho tiempo en el que la única relación con el “afuera” del sector era la protesta o el pedido de adhesión, y aunque no hubo grandes definiciones respecto de qué hacer o cómo, hubo, sí, realismo.

Primero, decidieron hablar de “ficción” como un todo. Es cierto que no es lo mismo producir teatro que cine o TV, pero sí que hay una matriz común. También hubo diagnósticos: Rottemberg explicó cómo cuando nació en los sesenta la ficción televisiva comenzó a retroalimentar los elencos teatrales. No lo dijo así, pero funcionaba el “ver en vivo” al ídolo de la pantalla para volver masivo a un personaje que luego prestigiaba el escenario. Olvidó –pero es un detalle– que esto ya ocurría desde los años treinta con la radio y el cine, pero es lo de menos: lo importante es que diagnosticó un quiebre. Es difícil hoy que los intérpretes lleguen a volverse masivos cuando no existe esa vitrina que fue la TV de aire. De hecho, uno de los grandes problemas del audiovisual consiste en que son muy pocos (y esto es clave en el cine) los nombres que venden por sí mismos un producto. Esta situación es nueva, incluso si en estas columnas lo hablamos desde hace años.

Entre lo más interesante, hubo quien se acercó bastante a dar en el blanco. Carnevale aseguró que escribe distinto, que el hecho de que haya un público educado de manera completamente diferente y que ya no consume televisión, influido por las redes y por plataformas, requiere un tratamiento nuevo de la narración, probablemente menos detallista y más conciso y breve. Y aquí es donde es importante pensar lo que dice Rottemberg también: otro hecho advertido desde hace años por quienes se dedican a analizar el audiovisual es que el público de TV no se renueva. Los chicos ven YouTube, redes o dedican su tiempo de ocio a microficciones o juegos online, además de comentarlo todo en redes. Por eso cualquier pedido de revitalizar la industria de la telenovela (algo que esbozaron Echarri y, un poco también, Suar) choca contra una realidad que aparece como irreversible. Pero la conclusión es clara: no es que un “Malvado Poder Externo de la UltraX” haya decretado la muerte del entretenimiento popular y la ficción audiovisual, sino que la Argentina no es un planeta separado del resto del mundo y, en un universo hiperconectado y transnacional, las tendencias de consumo masivo de otros territorios llegan instantáneamente. Sí, es cierto, todo se agudizó desde la pandemia, pero ya estaba allí y solo cambió de marcha el motor en cierto momento. ¿Relación con la ideología del presidente de la República o sus ministros? Cero: si así fuere, sería sencillo revertir cada problema con un simple cambio de voto. Lo saludable es que se empiece a ver.

El debate

¿Soluciones? Aquí hay un punto clave, central que también discutimos en esta columna. La decisión de tener una industria audiovisual con potencial exportador tiene mucho de político. No vamos a abundar nuevamente en cómo países fuertes en el sector han encontrado mecanismos no poco virtuosos para que las producciones se financien, encuentren su público local (que es el que las amortiza) y se exporten; ya lo hicimos. Es interesante, en todo caso, que una productora de amplia trayectoria como Ragone pase revista a mecanismos ya no de subsidios sino de tax rebate, o que Rottemberg proponga algún tipo de exención impositiva. En realidad, la mejor manera de democratizar la producción audiovisual o de ficción representativa (los libros también generan ficción, claro, pero es otro asunto) viene por estos esquemas donde el Estado no subsidia, sino que invierte: deja, por ejemplo, de percibir un impuesto directo pero genera fuentes de trabajo que tributan por otro lado. El problema al que apunta Ragone es que, con el sistema actual en el que Incaa solo provee de un máximo del 50% del capital de un film (hasta cierto tope, en general no llega a esa mitad) que además no puede emplearse en salarios, la producción más artesanal e independiente, esa que es también “semillero” de la industria, tiene menos posibilidades de financiarse. Ahí sí hay una misión del Incaa (de hecho, el término “semillero” es bastante utilizado por Carlos Pirovano, actual presidente de la entidad).

Persiste, de todos modos, algo de pensamiento anacrónico, como el de querer que los canales de TV sean socios. Es probable, dado que el público –y, por lo tanto, la financiación– del “aire” cae en picada y no se recupera, que el tiempo de esas sociedades haya pasado. Y hay otra cosa que no se ve: YouTube proporciona, por ejemplo, un ecosistema de nombres y estrellas propio. Quizás, el problema es poner a un influencer a hacer cine o TV tradicional en lugar de dejarlo hacer lo que sabe. En los EE.UU. se les dio esa chance: este año eso produjo los fenómenos Backrooms y Obsesión, nada menos. No es igual aquí, pero el potencial existe. En todo caso, es otra clase de discusión: qué y cómo comunicarse con un público que aún, y de manera enorme, consume ficciones audiovisuales. Lo más saludable de este encuentro (la charla completa estará en el sitio de Sagai pronto) es eludir la barricada y las consignas y ver, en negro sobre blanco, cuál es el gran problema de la ficción nacional: haber dejado de mirar y comprender a su público. En la medida en que estas discusiones dejen de lado cuestiones partidarias o consignas vacías, resultan el inicio de una esperanza. Salvo, claro, que todo vire solo a queja, causante siempre de disipar energías y causar parálisis.

View the original on La Nación →

KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.