España-Argentina: balance y perspectivas de una apuesta de largo plazo

Este 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional de España, conviene detenerse a reflexionar sobre el estado de nuestras relaciones bilaterales, en particular en el ámbito económico y comercial. Porque es bien sabido que nuestros países son dos naciones entrelazadas por multitud de vínculos, históricos, culturales y, sobre todo, humanos y sociales; pero resulta igualmente necesario reivindicar la alianza hispano-argentina en materia comercial, de inversión y de desarrollo, ya de muy larga data, y que ha resultado clave para la internacionalización y modernización de nuestras economías. El Gobierno de España y las empresas españolas han hecho una firme apuesta por Argentina, en tiempos de bonanza y de dificultad, conscientes del potencial de este país y de la excelencia de sus recursos y de sus profesionales. Y Argentina, a través de sus emprendedores y también de cada vez más empresas, también está contribuyendo a la prosperidad de mi país. Corresponde ahora hacer una reflexión sobre las perspectivas de futuro de ese partenariado, desde la doble perspectiva bilateral y euro-latinoamericana.
El pasado y el presente. El 29 de enero de 1878, un buque despachado desde Valencia puso rumbo a Buenos Aires con 667 pipas de vino tinto, 600 cuarterolas de vino blanco y 300 cajas de aceite, según consta en los registros consulares de la época. Hoy Argentina es un referente, al igual que España, en la producción de esos alimentos y bebidas. La relación ha cambiado radicalmente desde entonces: de aquel comercio basado en alimentos se ha pasado a un vínculo en el que predominan los bienes industriales de alto valor añadido, la tecnología y los servicios, y, además, la relación no solo es comercial sino de inversión.
Porque España es el segundo inversor mundial en Argentina, y el primero de la UE, con un acumulado de inversión de €26.000 millones en 2024, cifra que convierte a Argentina en el octavo destino mundial de la inversión española. Esa presencia empresarial puede resultar abstracta cuando se expresa únicamente en cifras de inversión, pero basta observar un día cualquiera de, imaginemos, Martín o Camila, ciudadanos de, pongamos, Buenos Aires: pueden encender el gas en su domicilio; consultar su cuenta bancaria en el teléfono móvil; entrar a su oficina pasando un control de seguridad de última generación; circular por una infraestructura similar a la que existe en cualquier gran urbe moderna del mundo; contratar un seguro contra cualquier peligro o contingencia; ver una serie en cualquiera de las grandes plataformas digitales de entretenimiento; visitar una gran exposición temporal, con obras de los grandes mejores museos europeos; acceder a las últimas novedades en materia editorial y de videojuegos; ver el mejor futbol internacional, de competiciones de clubs o de selecciones nacionales; o hacer un viaje en avión, a decenas de destinos, en Argentina y fuera de este país, alojándose en hoteles de primer nivel. Y todo esto lo harán los dos, acaso sin ser conscientes de que España está muy presente en cada una de esas actividades que vertebran sus estudios, sus trabajos o su ocio, a través de las empresas que utilizan, que son españolas o que tiene alma o estirpe de mi país. Más aún, para ellos mismos, y quizás para muchos otros, en Buenos aires y allende la capital argentina, España está aún más presente: porque, en este momento, 80.000 argentinas y argentinos trabajan en este país para firmas de capital español.
Y es que las empresas españolas operan en Argentina, desde hace décadas, en sectores como las finanzas y los seguros, la industria automotriz, los servicios o las infraestructuras. En estos últimos años, el interés se ha desplazado también hacia otros rubros, como el petróleo y el gas, la minería de cobre y litio, la generación y el transporte eléctrico, o la infraestructura logística y la economía digital. Son sectores que requieren capital, tecnología, ingeniería y equipamiento, en los que la oferta empresarial española está particularmente desarrollada.
Además, a diferencia de los años 90, cuando se produjo el gran desembarque de las empresas españolas (y que, conviene recordarlo, y a diferencia de otras extranjeras, nunca se fueron), el interés empresarial se orienta ahora más al suministro y la cooperación con socios afines. Entonces y ahora, el papel de la Cámara Española de Comercio en Argentina fue y sigue siendo clave en materia de divulgación de oportunidades, creación de espacios de interacción y apoyo local a los inversores.
El stock de inversión argentina en España superó en 2024 los €11.000 millones, con lo que ocupa el decimoquinto lugar entre los países inversores en España, y el segundo entre los latinoamericanos, tan solo por detrás de México, y reflejando un interés creciente por España como plataforma de acceso a Europa. En cuanto a la inversión de España en Argentina, la posición relativa como exportador a este país es la decimosegunda. Esta proyección exterior de las empresas latinoamericanas es precisamente el objeto del Informe Global LATAM, elaborado por ICEX-Invest in Spain (Ministerio de Economía, Comercio y Empresa), y la Secretaría General Iberoamericana/SEGIB, cuya nueva edición se presentará el próximo mes, lo que pone de manifiesto que las empresas argentinas se han diversificado desde sectores tradicionales como la alimentación y la industria farmacéutica hacia actividades de mayor contenido tecnológico: compañías argentinas han establecido en España sedes para su expansión europea y en Oriente Medio, centros de desarrollo de inteligencia artificial, software y tecnología.
En el plano comercial, los intercambios entre España y Argentina atraviesan una etapa de recuperación tras unos años de mayor volatilidad. Después de un ejercicio de retroceso en 2024, las exportaciones españolas al mercado argentino volvieron a crecer en 2025 y superaron los €1.000 millones, mientras que el desequilibrio de la balanza comercial se redujo de forma notable. La oferta exportadora española, diversificada y de alto valor añadido, abarca desde maquinaria y vehículos hasta material eléctrico, perfumería y productos farmacéuticos. El contexto geopolítico actual favorece la profundización de esa relación. Por el lado argentino, no obstante, la exportación hacia España sigue más enfocada hacia la industria alimentaria, por lo que el espacio para la diversificación y la expansión sigue siendo grande.
En el aspecto más macroeconómico, los principales organismos económicos internacionales apuntan a una mejora de algunas de las variables de Argentina, aunque persisten desafíos, entre ellos la previsibilidad y la seguridad jurídica.
El FMI ha destacado los avances en materia fiscal y en el proceso de estabilización, al tiempo que señala la necesidad de continuar reforzando las reservas internacionales y consolidar la reducción de la inflación. La OCDE prevé que la economía argentina crezca a una tasa cercana del 2,8% en 2026, apoyada especialmente en las exportaciones de energía, minería y agricultura, aunque advierte de que el consumo continuará condicionado por los elevados tipos de interés y la lenta recuperación de los salarios reales. La consolidación de esta evolución y una mayor previsibilidad macroeconómica y regulatoria serán factores relevantes para las decisiones de inversión y para la mejora de los intercambios comerciales. Como siempre ha ocurrido en el pasado, las empresas españolas estarán con sus socios argentinos, con el Gobierno de la Nación, con los Gobernadores y con las corporaciones locales para saber aprovechar la cristalización de las mejoras del marco regulatorio y de incentivos para atraer inversiones y contribuir al desarrollo del país.
En este escenario, adquiere especial relevancia el Acuerdo UE-Mercosur, que España y Argentina han respaldado con determinación desde hace años, y para cuya ratificación y entrada en vigor, a pesar de ciertas maniobras de última hora, han sido aliados clave. Durante más de dos décadas de negociaciones, España, convencida del potencial de esta zona euro latinoamericana de co-prosperidad, desarrollo y progreso en valores y derechos (porque tres son los pilares del Acuerdo: comercial, social y de cooperación) ha defendido la importancia estratégica de este Acuerdo en el seno de la Unión Europea, y ha trabajado con firmeza para su materialización, con la convicción de que el resultado sería sumamente beneficioso para las empresas de los socios del Mercosur, para las empresas europeas en su conjunto y, particularmente, para el tejido empresarial español, que opera en América con evidentes ventajas comparativas, derivadas de la empatía, el lenguaje compartido, la similar cultura empresarial, y la profesionalidad de los trabajadores a ambos lados del Atlántico.
Al concluir esta reflexión, volvamos a recordar aquel vapor que salió del puerto levantino en 1878: necesitó semanas para llegar a Buenos Aires. Hoy las distancias son otras: capital, tecnología, empresas e ideas cruzan el Atlántico de forma casi inmediata, sobre un entramado de vínculos que va mucho más allá de la economía. España y Argentina se conectan mediante la historia, la literatura, la música, el cine, la educación, las costumbres familiares, la manera de sentir y de sufrir, el amor por el fútbol...y todo ello desde acentos, vivencias, apellidos y recuerdos familiares. El futuro está todavía por escribirse, pero parte de una relación construida durante generaciones, y de una voluntad compartida de seguir encontrando espacios de cooperación. También en el terreno económico, donde ese gran éxito del multilateralismo y de la liberalización bien entendida, el Acuerdo UE-Mercosur, representa algo más que una reducción de aranceles: simboliza la oportunidad de acercar aún más a dos sociedades que llevan mucho tiempo unidas, y que comparten un destino irrenunciable.
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