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Sunday, October 25, 2026

El rincón de España donde sus habitantes podían elegir nacionalidad, evitar impuestos y librarse del ejército

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Durante siglos, tres aldeas gallegas disfrutaron de unos privilegios extraordinarios que desafiaban las leyes de España y Portugal. Su historia terminó cambiando una frontera.

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado:

Imagina vivir en un lugar donde las autoridades españolas y portuguesas no pudieran imponerte las mismas obligaciones que a sus propios ciudadanos. Donde existiera la posibilidad de elegir entre ambas nacionalidades, donde apenas se pagaran impuestos y donde los hombres estuvieran exentos de incorporarse a los ejércitos vecinos.

Aunque pueda parecer una fantasía, durante siglos existió un pequeño territorio en la frontera entre Galicia y Portugal cuyos habitantes disfrutaron de privilegios muy parecidos.

Se llamaba Couto Mixto y estaba formado por tres aldeas situadas en el actual municipio ourensano de Calvos de Randín: Santiago de Rubiás, Rubiás dos Mixtos y Meaus.

Su historia es particularmente interesante porque demuestra que las fronteras no siempre fueron esas líneas precisas que hoy encontramos dibujadas en los mapas. En algunos lugares, la autoridad de los reinos vecinos podía superponerse y sus habitantes encontraban maneras de conservar derechos excepcionales.

Una frontera donde las reglas eran diferentes

Para comprender cómo pudo existir un territorio semejante, debemos regresar a una época en la que las fronteras europeas no funcionaban exactamente como las actuales.

Durante la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna, el poder político se distribuía entre monarcas, nobles e instituciones que podían reclamar derechos sobre un mismo territorio.

En el valle del río Salas, esa complejidad dio lugar a una situación especialmente singular.

Las tres aldeas que acabarían formando el Couto Mixto estuvieron vinculadas a jurisdicciones nobiliarias de ambos lados de la frontera, especialmente las casas de Braganza y Monterrey.

Su origen exacto sigue siendo objeto de investigación. De hecho, un trabajo publicado por el historiador Juan Manuel Galiña Lorenzo en la revista Minius señala que todavía no sabemos cuándo comenzaron a ser conocidas conjuntamente con ese nombre.

Lo que sí está documentado es que sus habitantes llegaron a disfrutar de importantes privilegios políticos, económicos y administrativos.

Y algunos resultarían sorprendentes incluso en nuestros días.

¿Español o portugués? Una elección que podía cambiar

Uno de los derechos más llamativos era la posibilidad de optar por la nacionalidad española o portuguesa, e incluso modificar esa elección.

Conviene recordar que hablamos de una época en la que la nacionalidad no tenía exactamente el significado jurídico que posee actualmente.

Sin embargo, la posibilidad de escoger la vinculación con uno u otro reino constituía una ventaja extraordinaria.

Los habitantes del Couto Mixto también disfrutaban de amplias exenciones fiscales y no estaban obligados a aportar hombres a los ejércitos de España o Portugal, incluso durante determinados conflictos bélicos.

Pero aquellos privilegios no significaban que vivieran completamente al margen de cualquier autoridad. El territorio tenía obligaciones y vínculos jurisdiccionales con los poderes vecinos. Por eso, describirlo como una república plenamente independiente, en el sentido moderno, simplifica una realidad histórica bastante más compleja.

Su singularidad residía precisamente en esa combinación de autonomía local y relaciones con dos monarquías distintas.

Imagen 1

Un camino por el que las mercancías podían circular libremente

Había otro privilegio que convertía al Couto Mixto en un lugar especialmente interesante para el comercio.

Sus habitantes podían utilizar una ruta conocida como Camiño Privilexiado, que comunicaba el territorio con la localidad portuguesa de Tourém.

A lo largo de aproximadamente seis kilómetros, las mercancías podían circular sin quedar sometidas a las intervenciones aduaneras habituales de los reinos vecinos.

En una época en la que los impuestos y las restricciones comerciales condicionaban buena parte de la actividad económica, semejante ventaja tenía una enorme importancia.

Los vecinos también disfrutaban de una considerable libertad para cultivar y comerciar con distintos productos. Estas circunstancias favorecieron el intercambio de mercancías, aunque también despertaron las sospechas de las autoridades españolas y portuguesas.

Lo que para los habitantes representaba un derecho tradicional podía parecer, desde la perspectiva de los gobiernos vecinos, una oportunidad para el contrabando.

Tres aldeas, tres llaves y un cofre

La autonomía del territorio también se manifestaba en su organización política.

Los vecinos elegían a un juez propio, encargado de desempeñar funciones administrativas y judiciales, que contaba con la colaboración de representantes de las aldeas.

Pero quizá el objeto más representativo de aquella organización fuera un sencillo cofre de madera. En él se custodiaban documentos relacionados con los derechos y privilegios del territorio. Para protegerlos, el arca disponía de tres cerraduras diferentes.

Cada llave quedaba bajo la responsabilidad de representantes de las comunidades, de modo que su apertura requería la participación de distintos custodios.

La iglesia de Santiago de Rubiás desempeñaba un papel importante como lugar de reunión y conservación de aquella memoria documental.

El cofre simbolizaba una idea fundamental: ninguna de las tres aldeas debía controlar por sí sola los documentos que respaldaban sus derechos compartidos.

Imagen 2

El tratado que acabó con siglos de privilegios

Aquella situación excepcional terminó resultando incompatible con los esfuerzos de España y Portugal por delimitar sus respectivos territorios.

Durante el siglo XIX, ambos Estados impulsaron negociaciones para establecer una frontera más precisa y eliminar las ambigüedades jurisdiccionales que todavía existían en determinados lugares.

El 29 de septiembre de 1864 firmaron el Tratado de Límites de Lisboa. El acuerdo estableció la incorporación del Couto Mixto a España, mientras otras localidades fronterizas quedaron bajo soberanía portuguesa.

La aplicación del tratado se desarrolló durante los años posteriores, hasta formalizarse la entrega y toma de posesión del territorio en 1868.

Con ello desapareció el régimen excepcional que había distinguido a sus habitantes durante generaciones.

Hoy, aquellas tres aldeas siguen existiendo en Galicia. Ya no poseen los privilegios que las hicieron famosas, pero conservan la memoria de una época en la que las fronteras podían ser mucho más complejas de lo que imaginamos.

Porque lo verdaderamente extraordinario del Couto Mixto no es que fuera un pequeño país escondido entre otros dos, sino que sus habitantes consiguieran mantener durante siglos una manera singular de relacionarse con ambos reinos.

Y que bastara finalmente un acuerdo entre España y Portugal para poner fin a buena parte de aquel mundo.

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