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Thursday, September 24, 2026

Descubren en un acueducto romano una pista sorprendente sobre la epidemia que pudo vaciar Nîmes

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Las capas de carbonato acumuladas durante siglos en el acueducto de Nîmes revelan cuándo la ciudad perdió su suministro de agua y apuntan a una posible conexión con la peste de Cipriano.

Analizan 300 años de depósitos de un acueducto romano y encuentran una pista inesperada sobre el colapso de Nîmes
Analizan 300 años de depósitos de un acueducto romano y encuentran una pista inesperada sobre el colapso de Nîmes. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Hay momentos de la historia para los que apenas quedan palabras. El siglo III d.C., una de las etapas más convulsas del Imperio romano, es uno de ellos. En Nîmes, la antigua Nemausus, los investigadores han encontrado ahora un archivo inesperado capaz de contar parte de esa historia: las capas de carbonato acumuladas durante siglos en las paredes de su acueducto romano.

Un nuevo estudio publicado en Geoarchaeology ha reconstruido la vida de esta monumental infraestructura a partir de esas incrustaciones. El resultado permite seguir más de tres siglos de cambios: sequías, reformas, desviaciones de agua, deterioro y, finalmente, el sorprendente abandono del suministro que llegaba a la ciudad hacia el año 270 d.C. Los investigadores plantean una explicación especialmente sugerente: una importante reducción de la población de Nîmes, posiblemente relacionada con la peste de Cipriano.

La hipótesis resulta aún más llamativa porque el acueducto no dejó simplemente de funcionar. Mientras el tramo que conducía hasta Nîmes quedó abandonado, kilómetros de canal situados aguas arriba continuaron transportando agua durante aproximadamente otros 140 años. El agua que antes abastecía a una ciudad romana terminó empleándose principalmente para regar propiedades rurales.

Un archivo de piedra escondido en el Pont du Gard

El acueducto de Nîmes fue construido aproximadamente hacia el año 50 d.C. para llevar agua desde el entorno de Uzès hasta Nemausus. El recorrido alcanzaba unos 50 kilómetros y tenía que salvar una geografía complicada. Su elemento más espectacular es el Pont du Gard, el gigantesco puente-acueducto que permitía atravesar el río Gardon.

Durante el funcionamiento de la conducción, el agua rica en minerales fue dejando carbonato sobre las paredes. A simple vista puede parecer poco más que una costra calcárea, pero su estructura conserva información extraordinariamente precisa. Las variaciones estacionales dejaron señales periódicas que pueden utilizarse de manera semejante a los anillos de crecimiento de un árbol.

Los investigadores estudiaron muestras procedentes de distintos puntos y combinaron análisis de isótopos estables de oxígeno, carbono y estroncio con elementos traza y el estudio microscópico de los depósitos. En una de las secuencias lograron identificar un mínimo de unos 220 años de capas anuales, lo que permitió reconstruir aproximadamente el periodo comprendido entre el 50 y el 270 d.C.

Y el primer gran cambio apareció muy pronto. Apenas 11 años después de comenzar a funcionar el acueducto, la composición del carbonato se transformó. Los análisis indican que los romanos incorporaron agua procedente de otro acuífero. Coincidiendo con esta modificación se realizaron importantes obras en la infraestructura para manejar un mayor volumen de agua. El episodio podría estar relacionado con uno de los periodos secos documentados en Europa occidental durante el siglo I.

El Pont du Gard transportaba el agua que abastecía a la antigua ciudad romana de Nîmes
El Pont du Gard transportaba el agua que abastecía a la antigua ciudad romana de Nîmes. Foto: Meltem Sürmelihindi

Hacia el año 270 d.C., el agua del gran acueducto dejó de llegar a Nîmes, pero sus tramos rurales continuaron funcionando durante al menos otros 140 años.

Algo cambió en el siglo II

Durante aproximadamente un siglo, el sistema funcionó con relativa normalidad. Pero hacia el año 146 d.C., con un margen de error de unos 14 años, aparece otro cambio fundamental: disminuyó el agua que continuaba en dirección a Nîmes.

Una explicación considerada anteriormente era que el acueducto hubiera sufrido fugas relacionadas con movimientos sísmicos, ya que la región está atravesada por la falla de Nîmes. El nuevo estudio considera más probable otra posibilidad: que una parte importante del caudal fuese extraída deliberadamente para regar terrenos agrícolas, especialmente en el entorno del antiguo Étang de Clausonne.

No habría sido precisamente una extracción menor. Las evidencias conservadas a lo largo del recorrido muestran que el aprovechamiento agrícola llegó a adquirir grandes proporciones. Esto abre una interesante ventana a la relación entre la ciudad y las propiedades rurales que la rodeaban.

Aun así, Nîmes siguió recibiendo agua. El verdadero punto de inflexión llegó durante el siglo III. Desde aproximadamente el año 230, los depósitos comenzaron a hacerse más porosos y a incorporar arcilla y otros materiales. Durante las últimas décadas de funcionamiento, el agua que alcanzaba la ciudad transportaba una cantidad creciente de sedimentos. Para los investigadores, estas señales encajan con un acueducto cuyo mantenimiento estaba deteriorándose.

Depósitos de carbonato acumulados en el interior del Pont du Gard
Depósitos de carbonato acumulados en el interior del Pont du Gard. Foto: Cees Passchier

La posible huella de la peste de Cipriano en Nîmes resulta especialmente relevante porque el impacto de esta epidemia en Europa occidental está mucho peor documentado que en Roma o el norte de África.

El agua dejó de llegar a Nîmes hacia el año 270

Finalmente ocurrió algo excepcional. Hacia el 270 d.C., con una incertidumbre aproximada de dos décadas, el tramo situado aguas abajo de Remoulins dejó de transportar agua. El abastecimiento proporcionado por el gran acueducto a Nemausus había terminado.

Podría pensarse en una destrucción provocada por las incursiones que afectaron a la Galia durante aquellas décadas. Sin embargo, los investigadores no encuentran daños catastróficos capaces de explicar por sí solos el abandono. Además, buena parte del recorrido hasta Nîmes habría podido repararse con relativa facilidad.

La anomalía está en otro lugar: el acueducto continuó funcionando aguas arriba. El Pont du Gard y otros sectores siguieron llevando agua durante unos 140 años, probablemente hasta comienzos del siglo V. Incluso existen indicios de reparaciones realizadas durante el siglo IV, pero esas intervenciones no recuperaron el abastecimiento urbano.

¿Por qué mantener kilómetros de acueducto y no devolver el agua a Nîmes?

Aquí aparece la peste de Cipriano. La epidemia recorrió el Imperio romano aproximadamente entre los años 250 y 270 y las fuentes antiguas describen una mortalidad importante en lugares como Roma, Cartago y Alejandría. El estudio propone que también pudo provocar un fuerte impacto demográfico en el sur de la Galia y contribuir a reducir considerablemente la población de Nîmes. No es una demostración directa de que la epidemia vaciara la ciudad, sino una hipótesis planteada para explicar un comportamiento de la infraestructura difícil de entender de otra manera.

El estanque final donde se distribuía el agua del acueducto de Nîmes
El estanque final donde se distribuía el agua del acueducto de Nîmes. Foto: Cees Passchier

Una ciudad que ya no necesitaba tanta agua

La arqueología aporta algunas pistas adicionales. En Nîmes escasean las grandes construcciones públicas del siglo III y aparecen indicios de deterioro del mantenimiento urbano. En su territorio también se observa una contracción: de 32 asentamientos documentados en una zona estudiada alrededor del corredor del acueducto, 17 fueron abandonados durante aquel siglo.

Si la población urbana había disminuido notablemente, la fuente existente dentro de Nîmes pudo resultar suficiente para cubrir unas necesidades mucho menores. Mantener decenas de kilómetros de infraestructura pública habría dejado entonces de tener sentido.

El agua, sin embargo, seguía siendo extraordinariamente valiosa en el campo. Los propietarios rurales perforaron las paredes del canal para desviarla hacia sus tierras. Los enormes depósitos calcáreos formados alrededor de algunas de estas aperturas todavía conservan la huella de aquel aprovechamiento.

El cambio es revelador. Una infraestructura concebida para alimentar fuentes, baños y habitantes de una próspera ciudad romana terminó convertida en una gigantesca conducción agrícola. Sus últimas capas de cal registraron algo más profundo que una avería: el desplazamiento del protagonismo económico desde la ciudad hacia determinadas propiedades rurales.

Y esa es precisamente la fuerza del descubrimiento. Donde las fuentes escritas guardan silencio, unas incrustaciones aparentemente insignificantes han conservado durante casi 1.800 años la memoria del agua que dejó de llegar a Nîmes.

Referencias

  • Gül Sürmelihindi et al, The Usage History of the Aqueduct of Nîmes Reconstructed From Carbonate Archives: Operation, Modifications and Late Antique Breakdown and Change, Geoarchaeology (2026). DOI: 10.1002/gea.70076
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