En 1968, un hombre de California comenzó a construir un castillo con chatarra, botellas y motocicletas viejas; 20 años después, tenía una torre de reloj de 22,5 metros de altura

En 1968, Michael Rubel comenzó a construir un castillo en la finca de cítricos de su familia, de una hectárea, en Glendora, California. El proyecto no nació como una vivienda convencional: antes de comenzar con el castillo, Rubel ya había levantado un refugio privado utilizando botellas desechadas que recogía de las fiestas organizadas por su madre.
Aquellas reuniones reunían a figuras de Hollywood y otros invitados importantes. A Rubel le molestaban el ruido y las constantes visitas, por lo que comenzó a recolectar las botellas que quedaban después de los encuentros y a utilizarlas como material para construir dentro de la propiedad.
La colección de botellas terminó siendo apenas el comienzo. En 1968, Rubel amplió sus ambiciones y comenzó la construcción de lo que llamó Castillo Rubel, o “Rubelia”. En lugar de recurrir a materiales convencionales, incorporó objetos que habían sido descartados: hormigón recuperado, piedras encontradas, botellas rotas y piezas de motocicletas.

Con el paso del tiempo, esos elementos fueron incorporándose a los muros, las torres y otras estructuras del complejo. El proyecto creció de manera progresiva, sin seguir un cronograma de construcción convencional, a medida que Rubel experimentaba y agregaba nuevos materiales.
A medida que la construcción avanzaba, el castillo fue adquiriendo una identidad propia. Los distintos materiales recuperados dejaron de ser simples objetos descartados y pasaron a integrarse en una estructura cada vez más amplia y singular.
Una construcción que llevó 18 años
Rubel trabajó durante 18 años en el castillo. Según la revista Smithsonian, el complejo llegó a abarcar más de 22.000 pies cuadrados y su punto más alto fue una torre de reloj de 74 pies, equivalentes a 22,5 metros.
La dimensión de la construcción hizo que aquello que había comenzado como una residencia privada se transformara en un entorno artístico mucho mayor. El uso de materiales recuperados también se convirtió en una de sus principales características.
Botellas rotas, piezas viejas de motocicletas, hormigón recuperado y piedras encontradas, objetos que normalmente podían terminar en vertederos o chatarrerías, pasaron a formar parte de la estructura.

La construcción también dejó de ser exclusivamente un proyecto individual. Cuando se difundió que Rubel estaba levantando un castillo utilizando materiales reciclados, cientos de voluntarios acudieron para colaborar.
Los participantes ayudaron a cementar y construir distintas partes de las estructuras. De esta manera, el proyecto terminó involucrando a la comunidad y adquirió una dimensión mayor que la de un experimento de construcción realizado por una sola persona.
El legado de Michael Rubel
Rubel continuó trabajando en el castillo hasta convertirlo en un importante monumento de Glendora. Antes de morir, en 2007, dispuso que la Sociedad Histórica de Glendora quedara a cargo de su gestión. La decisión permitió que la construcción sobreviviera a su creador. En 2013, el Castillo Rubel fue reconocido como monumento histórico por el Estado de California.
Lo que había comenzado con las botellas descartadas de las fiestas familiares terminó convertido en un complejo de más de 22.000 pies cuadrados, construido durante casi dos décadas con materiales recuperados y coronado por una torre de reloj.
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