Necesitamos más POPS y más Conservancy

¿De quién son las escaleras de Valparaíso? ¿Son públicas o privadas?, se preguntaba Germán Bannen, el urbanista que planificó la “ciudad” de Providencia, como le gustaba llamar a su comuna. “Para él lo importante es, más que su correspondencia con propiedad pública o privada, el hecho de que sean usadas por muchas personas. Los diferentes tramos de las escaleras son distintos y esto es, desde su punto de vista, la expresión de todos los actores que participaron en su construcción”, explica la arquitecta chilena Elke Schlack en su libro POPS. El uso del espacio público del espacio urbano (Ediciones ARQ y UNAB).
La autora comienza el texto poniendo en valor esta sigla acuñada en los 2000: POPS significa Privately Owned Public Spaces o Espacios Privados de Uso Público. Y desde el principio enfatiza que se trata de espacios que han sido creados a partir de una normativa urbana de incentivos. Es decir, planificación con mayúsculas.
Tal como fue el inmenso trabajo de Bannen en Providencia, del cual el libro enumera 62 casos de proyectos inmobiliarios que debían ceder superficies, ya sea pasajes o galerías, al tránsito público. ¿Ejemplos? El Portal Lyon, el Drugstore, el café Villarreal o el edificio Dos Caracoles.
Empecé a leer este libro (gracias León Sedaca por la recomendación) después de conversar esta semana en el programa Santiago Adicto en Radio Duna con Martín Andrade, director ejecutivo de la Corporación Ciudades, acerca de una serie de espacios públicos extraordinarios que conocí en mi escapada dieciochera a Nueva York.
Allá tuve la oportunidad de pasear por una serie de POPS (hay cientos de ejemplos sólo en Manhattan) así como por parques clásicos como Central Park o Bryant Park, y también por proyectos más recientes como Domino Park, Brooklyn Bridge Park, Franklin D. Roosevelt Four Freedoms Park, Hudson River Park y el High Line, todos los cuales obedecen también a una forma de gobernanza que fomenta la colaboración público-privada.
Fue en un parque en particular en el cual pude profundizar en lo que observaba. Se trata de Battery Park, que desde este año lidera la chilena Paula Recart. La ex directora de revista Paula vive hace 20 años en Estados Unidos y hoy es la presidenta de The Battery Conservancy, organización sin fines de lucro fundada en 1994 con el objetivo de reconstruir, mantener y revitalizar este histórico parque público de diez hectáreas.
Si bien el terreno le pertenece a la ciudad, esta alianza entre el Estado y los privados permite que la gestión y la obtención de recursos sea mucho más eficiente. Basta ver el fantástico carrusel, el gran huerto, los juegos para niños o las sillas de descanso, para entender lo que ha generado este modelo, del cual Central Park es pionero.
Ya sean POPS o parques administrados por estas especies de corporaciones, “son distintos modelos, pero bajo la misma premisa de poder generar gobernanzas para fomentar la colaboración público-privada”, me decía Martín Andrade, y agregaba que “uno responde a incentivos normativos, el otro responde a modelos de conservación privada a través de un Conservancy de gestión privada”.
Volvamos al gran ejemplo local de POPS desarrollado por Bannen. “Sólo es posible valorar la originalidad de la norma de incentivos de Providencia en Santiago de Chile cuando se conoce el fenómeno de las normas de incentivo en el contexto general. Como sabemos, la ciudad de Nueva York implementó, ya en 1961, un mecanismo llamado public space bonus dentro de su ordenanza de zonificación en el que también se establece la bonificación con mayor edificabilidad a aquellos proyectos inmobiliarios que ceden espacio de su terreno al uso público. Tras una experiencia de 40 años, en el 2000 se realiza un inventario de los espacios resultantes de esta normativa de incentivos. Los espacios, denominados desde entonces POPS, son evaluados en su calidad y se formulan conclusiones respecto de las mejoras necesarias. La experiencia de Nueva York se ha replicado desde sus inicios en otras ciudades estadounidenses, y también ha generado réplicas en las políticas públicas de ciudades asiáticas”, explica Elke Schlack.
En un país con estrechez fiscal, como es Chile en estos momentos, la participación de privados en proyectos de espacio público es determinante. Con buena planificación, reglas claras e incentivos que beneficien a todos, nuestras ciudades pueden generar proyectos extraordinarios, como ya lo hizo Providencia, como lo hace Nueva York, y como lo logran otras ciudades y comunas exitosas del mundo.
Porque como dice nuestro primer Premio Pritzker, Alejandro Aravena, “las ciudades se miden por lo que se puede hacer gratis en ellas”. Y en eso, los parques y los espacios privados de uso público hacen una gran diferencia.
Por Rodrigo Guendelman, conductor de Santiago Adicto de Radio Duna.
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