China ha construido una criatura marina de 40.000 toneladas con alma de portaaviones. Su secreto apunta al mayor dolor de cabeza de EEUU

China acaba de anunciar un avance que podría alterar las reglas de la guerra naval: ha conseguido lanzar y recuperar un dron de combate furtivo desde un gigantesco buque anfibio de unas 40.000 toneladas. No hablamos exactamente de un portaaviones, pero incorpora una de sus tecnologías más importantes. Y lo verdaderamente inquietante para Estados Unidos no es solo el barco, sino la posibilidad de que Pekín esté adelantándose en una capacidad que la propia Armada estadounidense exploró hace años y terminó dejando de lado.
Alma de portaaviones. El protagonista es el Sichuan, el primer buque de asalto anfibio chino de la clase Type 076, identificado con el numeral 51. Con un desplazamiento estimado de unas 40.000 toneladas, pertenece a una categoría diseñada tradicionalmente para transportar tropas, helicópteros y medios de desembarco.
Sin embargo, China ha incorporado una cubierta de vuelo de grandes dimensiones, un hangar, elevadores y, sobre todo, una catapulta electromagnética y un sistema de cables de frenado. Dicho de otra forma, es una combinación casi perfecta para un buque anfibio: permite lanzar y recuperar aeronaves de ala fija, una función habitualmente asociada a los portaaviones. Si se quiere también, es una plataforma híbrida que puede combinar operaciones anfibias con misiones aéreas de mayor alcance.
El primer vuelo que cambia las reglas. Según anunció una cuenta oficial del Ejército Popular de Liberación, el dron furtivo GJ-21 ya ha completado con éxito su primer despegue y aterrizaje a bordo del Sichuan. El anuncio supone un hito potencial, aunque tiene una limitación importante: las autoridades chinas no han publicado imágenes ni vídeos de la operación, ni han precisado cuándo se produjo o cuántas pruebas se realizaron.
Las imágenes de satélite examinadas por los analistas de The War Zone muestran que el buque abandonó su atraque habitual en Shanghái durante varios días de octubre, aunque eso no demuestra por sí solo que se produjeran los vuelos anunciados. Por ahora, el avance debe atribuirse a la versión oficial china, a la espera de una confirmación visual independiente.
Una imagen que acompañaba a la publicación en la cuenta de «China Military Bugle» en X, relativa al GJ-21 y al Tipo 076
Un dron diseñado para entrar donde otros no pueden. El GJ-21 es una variante naval del GJ-11, conocido como Mysterious Dragon, un vehículo aéreo de combate no tripulado con configuración de ala volante. Su diseño prescinde de las superficies de cola convencionales y busca reducir su firma radar, una característica especialmente valiosa para operaciones de reconocimiento y ataque en espacios aéreos defendidos.
La versión embarcada incorpora modificaciones para operar desde un buque, incluida una barra de lanzamiento en el tren de aterrizaje delantero que permite utilizar la catapulta. Aunque sus prestaciones operativas completas no son públicas, su posible empleo desde el Sichuan permitiría a China desplegar drones furtivos lejos de las pistas terrestres y ampliar las opciones de vigilancia y ataque de su flota.
El buque de asalto anfibio tipo 076 "Sichuan", en el astillero Hudong-Zhonghua el 10 de octubre de 2026. A la derecha, se observa también lo que parece funcionar como buque nodriza para grandes vehículos submarinos no tripulados (UUV)
Una catapulta que explica toda la estrategia. El verdadero elemento diferencial del Type 076 es su sistema de lanzamiento electromagnético, una tecnología que acelera las aeronaves mediante energía eléctrica en lugar de utilizar las tradicionales catapultas de vapor. En octubre de 2025 aparecieron imágenes de un vehículo de pruebas rojo sobre la cubierta del Sichuan, utilizado para comprobar el funcionamiento de la catapulta.
El buque salió al mar por primera vez en noviembre de aquel año y, en febrero de 2026, se observaron maquetas del GJ-21 sobre su cubierta y en uno de sus elevadores. Las imágenes posteriores también mostraron nuevas marcas de operaciones aéreas y elementos asociados a tres cables de frenado. Todo apuntaba a una preparación progresiva para operar drones de ala fija, aunque el anuncio de su primer vuelo sigue pendiente de pruebas visuales.
Un par de posibles maquetas del GJ-11 en un sitio de pruebas y/o entrenamiento en la isla Changxing, en Shanghái, en mayo de 2024, cerca de donde, por aquel entonces, se encontraba en construcción el buque typo 076
El dolor de cabeza de Estados Unidos. Porque la gran amenaza potencial del Sichuan no está en competir directamente con un superportaaviones estadounidense, sino en multiplicar los lugares desde los que China puede desplegar aviación de combate. Un buque anfibio capaz de operar drones furtivos podría realizar misiones de reconocimiento, vigilancia y ataque, apoyar desembarcos y complementar a portaaviones convencionales como el Fujian.
Esta capacidad tendría especial relevancia en una crisis alrededor de Taiwán o en el mar de China Meridional, donde Pekín busca ampliar su presencia militar. En lugar de concentrar todas sus aeronaves en unos pocos portaaviones, China podría distribuirlas entre distintas plataformas, complicando la vigilancia, la planificación defensiva y la selección de objetivos de las fuerzas estadounidenses.
La tecnología que Washington dejó escapar. La paradoja es que Estados Unidos fue pionero en el desarrollo de drones furtivos capaces de operar desde portaaviones. La Armada estadounidense llegó a demostrar tecnologías avanzadas de lanzamiento y recuperación con aeronaves no tripuladas, pero terminó priorizando el MQ-25 Stingray, concebido principalmente para el reabastecimiento aéreo.
Mientras tanto, China ha continuado desarrollando el GJ-11 y su variante naval GJ-21, junto con otros diseños de ala volante. Si Pekín consigue convertir esas pruebas en operaciones regulares, podría adelantarse a Washington en el despliegue operativo de drones furtivos de combate embarcados. No significa que China haya superado a Estados Unidos en aviación naval, claro, sino que está avanzando en una especialidad donde la Marina estadounidense todavía no dispone públicamente de una capacidad equivalente.
Una nueva forma de hacer la guerra en el mar. El Sichuan se botó el 27 de diciembre de 2024 y comenzó sus pruebas de navegación en noviembre de 2025. Su desplazamiento a plena carga supera las 40.000 toneladas, según las autoridades chinas, y su diseño permite combinar helicópteros, drones y equipos anfibios en una misma plataforma. Así todo, faltan respuestas clave, como cuántos GJ-21 puede transportar, con qué frecuencia podría lanzarlos, qué armamento emplearían o cómo se integrarían con el resto de la flota.
El anuncio reciente es importante, qué duda cabe, aunque como decíamos, no demuestra que el sistema esté preparado todavía para operaciones sostenidas de combate. Lo que sí revela es la dirección de la apuesta china, la de convertir grandes buques anfibios en bases móviles para aeronaves furtivas no tripuladas. Y, para Estados Unidos, el desafío podría no consistir únicamente en enfrentarse a más barcos chinos, sino a una flota capaz de lanzar ataques aéreos desde plataformas que hasta hace poco no estaban diseñadas para hacerlo.
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